El impacto de un desastre natural no termina cuando bajan las aguas o se despeja el barro. Un nuevo estudio psicológico publicado en la revista científica International Journal of Disaster Risk Reduction revela que la devastación provocada por las inundaciones récord de octubre de 2024 en España dejó una profunda huella psicológica, la cual se vio notablemente agravada por la gestión institucional de la crisis. De acuerdo con las investigadoras Paula Collazo‐Castiñeira, Silvia Collado, Helena Garrido‐Hernansaiz, Macarena Sánchez-Izquierdo y Rocío Rodríguez‐Rey, el sufrimiento de la población no dependió únicamente de la violencia del temporal o de los daños materiales sufridos, sino que la lentitud en la respuesta oficial y la sensación de desamparo amplificaron de manera directa el trauma entre los damnificados.
Una huella psicológica masiva en afectados y voluntarios
Los resultados cuantitativos presentados por el equipo investigador dibujan un escenario de alarma clínica en las zonas golpeadas por las riadas. Según los datos del estudio, el 81,7 % de los afectados directos superó el umbral clínico de cribado para síntomas de estrés postraumático. Esta cifra refleja que la inmensa mayoría de las personas que sufrieron la catástrofe en primera persona experimentó niveles críticos de malestar psicológico en las semanas posteriores al evento.
Sin embargo, uno de los puntos más reveladores y preocupantes del trabajo radica en las secuelas detectadas entre quienes acudieron a prestar auxilio de forma solidaria. Lejos de resultar inmunes al impacto emocional de la catástrofe, el 68,1 % de los voluntarios también rebasó el límite de detección para síntomas de estrés postraumático. El personal voluntario, movilizado de manera espontánea o coordinada para colaborar en las tareas más urgentes de limpieza y socorro, absorbió un impacto psicológico agudo e imprevisto al enfrentarse a la desolación de los municipios afectados y al dolor acumulado de los vecinos, evidenciando que los riesgos para la salud mental alcanzan a todos los estratos de la respuesta comunitaria.
El papel de las instituciones en el bienestar mental
Tradicionalmente, los modelos de evaluación de emergencias suelen medir el trauma a partir de la intensidad física del desastre: la altura del agua, el derrumbe de viviendas o las pérdidas económicas. No obstante, las autoras demuestran que las consecuencias sobre la salud mental estuvieron fuertemente mediadas por vivencias emocionales subjetivas, en particular la sensación de impotencia que experimentaron los ciudadanos durante y después de la tragedia.
En este sentido, el hallazgo central del informe apunta directamente a la actuación de los poderes públicos: la insatisfacción con el respaldo institucional y la percepción de lentitud en los tiempos de respuesta se correlacionaron de forma estadísticamente significativa con una peor salud mental entre las víctimas. La investigación subraya que sentirse desprotegido ante una emergencia extrema no es solo un motivo de queja cívica, sino un factor de vulnerabilidad psicológica de primer orden. Cuando la ayuda oficial no llega a tiempo o se percibe insuficiente, el trauma inicial provocado por el agua se multiplica debido a una sensación de abandono sistemático que dificulta la asimilación del suceso.
Sensación de abandono, rabia y el escudo de la resiliencia
Para profundizar en la vivencia interna de los participantes, el equipo recabó testimonios que permitieron trazar un exhaustivo análisis cualitativo. En los relatos de los encuestados surgieron dos grandes núcleos temáticos. El primero gira en torno al tremendo impacto emocional inmediato: los testimonios detallaron recuerdos sensoriales vívidos —olores penetrantes, sonidos aterradores y escenas visuales imborrables— acompañados de un agotamiento físico y psíquico extremo, además de cuadros persistentes de rabia e hiperalerta.
El segundo tema dominante fue la profunda decepción y el enfado hacia la gestión pública. Las víctimas y voluntarios describieron un ambiente marcado por la desorganización, el desconcierto y una patente pérdida de confianza en las autoridades competentes. La percepción de haber tenido que valerse por sí mismos durante las horas más críticas erosionó el contrato social y agravó el estrés colectivo.
Frente a este adverso panorama, el estudio identificó un factor protector clave: la resiliencia psicológica individual. Aquellos participantes que mostraron mayores recursos propios de afrontamiento y capacidad adaptativa lograron mitigar la severidad de los síntomas postraumáticos. Tanto en el caso de los damnificados como en el de los voluntarios, una sólida resiliencia actuó como un amortiguador indispensable frente a la crudeza del entorno y la falta de apoyo externo.
Metodología y lecciones para la gestión de catástrofes
La investigación se sustentó en un estudio transversal que integró herramientas cuantitativas y cualitativas, analizando en detalle una muestra conformada por 71 víctimas directas de las inundaciones y 69 personas voluntarias. Este enfoque metodológico mixto permitió a las especialistas cuantificar el alcance de los síntomas clínicos y, al mismo tiempo, contextualizar los datos a través de las voces directas de los protagonistas.
Las conclusiones del trabajo van mucho más allá de un diagnóstico retrospectivo sobre lo ocurrido en el otoño de 2024. Las autoras destacan que cualquier estrategia futura de reducción del riesgo de desastres debe actualizar sus prioridades: no basta con reconstruir puentes o reforzar diques de contención. Para prevenir secuelas psicológicas crónicas en la población, es imperativo que las administraciones públicas integren la preparación psicosocial, garanticen protocolos de alerta temprana eficaces y desplieguen una respuesta rápida, transparente y humana desde el primer minuto de la crisis.
Source
- Beyond exposure: institutional response, resilience, and mental health after the 2024 Spanish floods
- Researchers: Paula Collazo‐Castiñeira, Silvia Collado, Helena Garrido‐Hernansaiz, Macarena Sánchez-Izquierdo, Rocío Rodríguez‐Rey
- Journal: International Journal of Disaster Risk Reduction
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