La forma en que los niños pasan sus tardes construyendo torres con bloques o compartiendo partidas en el suelo del salón junto a sus progenitores podría ser mucho más que una simple escena entrañable del pasado. De acuerdo con una investigación reciente liderada por los psicólogos Aleksander Veraksa, Elizaveta Zmieva y Yana K. Smirnova, las actividades lúdicas durante la primera infancia dejan una huella profunda que se extiende hasta la adolescencia, influyendo directamente en la manera en que los estudiantes de secundaria encaran sus obligaciones escolares.
El trabajo, publicado en la revista científica Education & Self Development, analizó cómo las distintas modalidades de juego y la implicación de madres y padres en la etapa preescolar se relacionan con las actitudes hacia el aprendizaje años después. Sus conclusiones ofrecen una valiosa perspectiva sobre el desarrollo infantil: el juego temprano no es una mera antesala del aprendizaje formal, sino el andamiaje sobre el que se construye el compromiso académico del futuro.
Una huella lúdica que perdura hasta el instituto
Los investigadores se propusieron desentrañar cómo las experiencias de ocio infantil inciden en las distintas formas de motivación en etapas educativas avanzadas. Los resultados revelaron que los denominados juegos constructivos —aquellas actividades centradas en ensamblar piezas, edificar estructuras o resolver retos espaciales— se vinculan de manera positiva tanto con la motivación intrínseca como con la extrínseca en los estudiantes adolescentes.
En el marco de la psicología educativa y la teoría de la autodeterminación, la motivación intrínseca representa el deseo genuino de aprender por pura curiosidad y satisfacción personal, mientras que la extrínseca surge de factores externos, como la búsqueda de buenas notas o el reconocimiento de profesores y familias. Según el estudio, el juego constructivo en la edad preescolar fomenta una combinación equilibrada de ambas, lo que ayuda a los alumnos a disfrutar de la adquisición de conocimientos al tiempo que comprenden y asumen los requerimientos del entorno escolar.
Por otro lado, los datos arrojaron un patrón muy diferente respecto a la tecnología. Los adolescentes que recordaban haber dedicado gran parte de su etapa preescolar a juegos digitales mostraron niveles significativamente más altos de motivación externa. En estos casos, el interés por las tareas escolares tiende a depender de incentivos inmediatos o presiones ajenas, lo que puede volver más frágil la constancia del alumno cuando las recompensas externas desaparecen.
El valor del juego compartido con madres y padres
Más allá de los juguetes o soportes utilizados, uno de los hallazgos más destacados de la investigación apunta al rol de los adultos en la dinámica lúdica. La participación activa de los padres durante la primera infancia se vinculó con niveles significativamente menores de amotivación en la adolescencia, un término que describe la falta total de intención, interés o sentido hacia la actividad académica.
Asimismo, los jóvenes cuyos progenitores compartieron tiempo de juego en los primeros años mostraron una menor dependencia de presiones o recompensas estrictamente externas a la hora de estudiar. Cuando un adulto se sienta a jugar con su hijo pequeño, no solo supervisa: crea un entorno seguro de exploración, enseña a tolerar la frustración y refuerza el valor de la perseverancia mediante el disfrute compartido.
De este modo, los autores subrayan que el juego compartido previene el distanciamiento y el desinterés escolar futuro. La calidez y la atención recibidas durante estas interacciones tempranas parecen actuar como un amortiguador emocional que protege a los jóvenes del agotamiento o la apatía cuando las exigencias académicas aumentan en los cursos superiores.
Cómo se evaluaron los recuerdos lúdicos de 348 jóvenes
Para comprobar estas relaciones a largo plazo, el equipo aplicó un estudio retrospectivo en el que participaron 348 adolescentes con edades comprendidas entre los 15 y los 18 años. La muestra permitió capturar la fase final de la educación secundaria, un periodo crítico en el que los estudiantes deben tomar decisiones determinantes sobre su futuro académico o profesional.
Para medir el perfil motivacional de los jóvenes, se utilizó el instrumento estandarizado conocido como la «Escala de Motivación Académica en Niños de Edad Escolar» (Scales of Academic Motivation in School Age Children), que permite diferenciar con precisión entre la pasión autónoma por el estudio, la búsqueda de premios y el desinterés absoluto.
Por su parte, la recopilación de los recuerdos infantiles se llevó a cabo mediante un cuestionario específicamente diseñado para este proyecto. A través de este cuestionario, los participantes detallaron:
- Los tipos de juegos en los que participaban de manera habitual durante la infancia (constructivos, simbólicos, físicos o digitales).
- La dimensión social de sus actividades lúdicas, identificando si jugaban solos o en grupo.
- El grado de involucramiento e interacción activa de sus madres y padres en sus momentos de juego.
Límites del estudio y claves para familias y docentes
A pesar de la coherencia de los hallazgos, los investigadores señalan ciertas cautelas metodológicas. Al basarse en un enfoque retrospectivo, los datos dependen de la memoria autobiográfica de los adolescentes sobre vivencias ocurridas años atrás, las cuales pueden verse influidas por percepciones actuales. Por esta razón, los autores recomiendan complementar estos resultados en el futuro mediante estudios longitudinales que realicen un seguimiento de cohortes desde el jardín de infancia hasta la graduación escolar.
No obstante, el mensaje que deja el trabajo para familias y educadores es contundente. En una etapa dominada por la omnipresencia de pantallas y calendarios infantiles saturados de actividades regladas, priorizar el juego manipulativo y constructivo —así como reservar tiempo para que los adultos jueguen cara a cara con sus hijos— constituye una inversión pedagógica de primer orden. Sentarse en el suelo a armar castillos de madera puede ser, a largo plazo, uno de los mejores impulsos para el éxito académico de los futuros adolescentes.
Source
- The Relationship between Play Preferences in Preschool Age and Academic Motivation in Adolescents: A Retrospective Study
- Researchers: Аleksander Veraksa, Elizaveta Zmieva, Yana K. Smirnova
- Journal: Education & Self Development
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