La sociedad tolera mentir en interrogatorios si el delito es grave

Un nuevo estudio revela que la sociedad tolera tácticas coercitivas, como engañar con pruebas, aumentando el riesgo de confesiones falsas ante delitos graves.

Dr. Mohammed Looti Académico e investigador especializado en psicología
PUBLICADO
Revisado científicamente · Dr. Marwa Abd-Alazim · octubre 25, 2026
Revisado médica y científicamente Verificado el: octubre 25, 2026
Dr. Marwa Abd-Alazim PhD in Psychology
Faculty Member • University of Kerbala
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Cuando la gravedad de un crimen conmociona a la opinión pública, la exigencia social de encontrar culpables a menudo colisiona con las garantías procesales. Una reciente investigación publicada en la revista científica Legal and Criminological Psychology ha puesto de manifiesto una inquietante realidad: una parte significativa de la ciudadanía aprueba que la policía engañe a los sospechosos sobre las pruebas existentes e incluso muestra cierta permisividad hacia el uso de la fuerza física si el delito cometido es de extrema gravedad.

El estudio, encabezado por los investigadores Jan W. De Keijser, Robert Horselenberg y Annelies Vredeveldt, analiza hasta qué punto la sociedad avala el incremento de la presión policial durante los interrogatorios y qué factores modulan esa tolerancia moral. Los resultados sugieren que el rechazo a los interrogatorios benevolentes alimenta una demanda tácita de dureza policial, lo que abre la puerta a métodos controvertidos que amenazan la integridad de la justicia.

Qué revela la investigación: tolerancia al engaño y a la fuerza

De acuerdo con los hallazgos del equipo investigador, aunque los ciudadanos valoran un interrogatorio sin coacciones como el procedimiento más aceptable en términos éticos y legales, las alternativas coercitivas gozan de un respaldo nada desdeñable. En particular, los datos reflejaron un grado notablemente alto de aprobación hacia el engaño deliberado, como mentir al detenido asegurando que existen huellas dactilares o testimonios incriminatorios en su contra, e incluso revelaron cierta tolerancia hacia el empleo de violencia física directa.

Esta disposición a justificar métodos de coacción no es constante, sino que se dispara conforme aumenta la gravedad del delito investigado. Cuando a los participantes se les planteó un caso de homicidio en comparación con uno de agresión común, la aceptación de tácticas agresivas creció de forma clara. La necesidad percibida de resolver un crimen de consecuencias fatales parece reducir los escrúpulos procedimentales de los encuestados.

Por el contrario, la investigación arrojó un resultado inesperado respecto a los antecedentes del acusado. La presencia de condenas previas por delitos similares —lo que en el ámbito penal se asocia a menudo con un sesgo cognitivo de presunción de culpabilidad— no incrementó de manera estadísticamente significativa la justificación de una mayor presión policial. Del mismo modo, no se detectaron interacciones significativas entre las variables estudiadas: la gravedad del delito fue el motor principal que impulsó la permisividad ciudadana.

El experimento: cómo se midió la percepción social

Para medir estas actitudes con rigor metodológico, los investigadores diseñaron un experimento con una muestra representativa de 1.110 ciudadanos de los Países Bajos. A cada participante se le asignó de forma aleatoria la lectura de una de doce viñetas hipotéticas que describían un interrogatorio policial detallado.

El diseño experimental entre sujetos combinó sistemáticamente tres factores determinantes:

  • Gravedad del delito: un escenario de homicidio frente a uno de agresión.
  • Antecedentes del sospechoso: carencia de historial delictivo frente a antecedentes documentados por delitos similares.
  • Nivel de presión en el interrogatorio: una aproximación neutral basada en preguntas abiertas, la manipulación mediante mentiras explícitas sobre las pruebas, o el recurso a la violencia física.

Tras leer el caso asignado, los encuestados valoraron la aceptabilidad del comportamiento de los agentes. Este procedimiento permitió aislar variables y cuantificar de manera directa los límites morales que los ciudadanos están dispuestos a conceder a las fuerzas de seguridad cuando se persigue el esclarecimiento de un hecho delictivo.

Por qué importa: el peligro latente de las confesiones falsas

Los resultados del experimento adquieren una relevancia crítica en un contexto legal donde los límites normativos sobre la presión aplicable en sala de interrogatorio suelen ser ambiguos. En muchos países, las leyes prohíben la tortura pero dejan zonas grises sobre las tácticas de manipulación psicológica, lo que permite el florecimiento de maniobras altamente desestabilizadoras.

Desde la psicología forense se ha advertido de forma reiterada sobre la estrecha correlación entre estas prácticas y la obtención de confesiones falsas. Mentir a un sospechoso sobre pruebas irrefutables puede quebrar la resistencia cognitiva de individuos vulnerables, fatigados o desorientados, empujándolos a admitir actos que jamás cometieron como única vía para escapar de una situación insostenible.

El problema se agrava cuando el entorno social rechaza lo que cataloga erróneamente de «interrogatorios amables». Esta desconfianza pública hacia los métodos de entrevista basados en la cooperación crea una presión ambiental que puede legitimar, de manera informal, el endurecimiento indebido de las pesquisas penales bajo la premisa de no mostrar debilidad frente al delito.

Implicaciones para la justicia y las políticas públicas

A la luz de sus conclusiones, De Keijser, Horselenberg y Vredeveldt hacen un llamamiento a los responsables políticos y a las cúpulas policiales para que revisen los protocolos de interrogatorio vigentes. Los autores destacan la urgencia de establecer directrices estrictas, inequívocas y transparentes que veten expresamente el maltrato físico y la manipulación deshonesta de las evidencias durante las declaraciones policiales.

Asimismo, los investigadores insisten en la importancia de educar a la sociedad civil mediante la divulgación de evidencia científica consolidada. Comprender que intensificar la coacción no acelera la verdad, sino que corrompe de manera irreparable la fiabilidad del testimonio judicial, resulta esencial para garantizar un sistema de justicia penal que proteja tanto a las víctimas como a los inocentes frente a condenas erróneas.


Source

  • May we tighten the screws? An experiment on public acceptance of pressure during police interrogations
  • Researchers: Jan W. De Keijser, Robert Horselenberg, Annelies Vredeveldt
  • Journal: Legal and Criminological Psychology
  • Read the original study

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Looti, M. (2026, octubre 25). La sociedad tolera mentir en interrogatorios si el delito es grave. Spanish Psychological Databases. https://spanish.arabpsychology.com/news/tolerancia-publica-presion-interrogatorios-policiales/
Looti, Mohammed. “La sociedad tolera mentir en interrogatorios si el delito es grave.” Spanish Psychological Databases, 25 octubre 2026, https://spanish.arabpsychology.com/news/tolerancia-publica-presion-interrogatorios-policiales/.
Looti, Mohammed. “La sociedad tolera mentir en interrogatorios si el delito es grave.” Spanish Psychological Databases. octubre 25, 2026. https://spanish.arabpsychology.com/news/tolerancia-publica-presion-interrogatorios-policiales/.