El trauma infantil altera el equilibrio neuronal en la adultez

Un nuevo estudio revela que el trauma infantil altera el equilibrio neuronal en adultos sanos, dejando una huella biológica persistente.

Dr. Mohammed Looti Académico e investigador especializado en psicología
PUBLICADO
Revisado científicamente · Dr. Marwa Abd-Alazim · octubre 28, 2026
Revisado médica y científicamente Verificado el: octubre 28, 2026
Dr. Marwa Abd-Alazim PhD in Psychology
Faculty Member • University of Kerbala
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Las vivencias adversas durante los primeros años de vida —como el maltrato físico, la violencia intrafamiliar o el abandono emocional— dejan una profunda huella que va más allá del dolor psicológico: alteran la propia arquitectura funcional del cerebro. Un nuevo estudio publicado en la revista científica Translational Psychiatry por un equipo de investigadores liderado por Alejandro Orozco Valero revela que los adultos jóvenes que sufrieron situaciones de trauma psicológico interpersonal en la niñez presentan un desequilibrio persistente entre la excitación y la inhibición de sus redes neuronales. El hallazgo resulta especialmente revelador porque esta alteración biológica se detectó en individuos que no padecen diagnósticos psiquiátricos y con independencia de su estado de ánimo en el momento de las pruebas, lo que demuestra la existencia de una marca biológica silenciosa y duradera originada por la adversidad temprana.

Una huella neurofisiológica persistente

El desarrollo cerebral durante la infancia y la adolescencia se caracteriza por una notable plasticidad, una ventana crítica en la que el entorno modela activamente la maduración de los circuitos neuronales. Cuando ese entorno resulta hostil o amenazante, el sistema nervioso central se ve forzado a adaptarse para garantizar la supervivencia inmediata, a menudo a expensas de un desarrollo equilibrado a largo plazo. Según destacan los autores del estudio, las experiencias traumáticas interpersonales tempranas modifican de forma determinante estos procesos madurativos.

Para indagar en los mecanismos fisiológicos subyacentes, los investigadores compararon a adultos jóvenes divididos en dos grupos en función de su exposición previa a la adversidad: personas con bajo nivel de trauma y personas con un historial de alto trauma interpersonal en la infancia. Un aspecto metodológico crucial fue la selección de voluntarios sin comorbilidades psiquiátricas activas. Al analizar a personas clínicamente sanas, los autores pudieron descartar que las diferencias observadas fueran un efecto colateral de fármacos o la consecuencia de patologías ya consolidadas. En cambio, identificaron un desajuste funcional primario: un desequilibrio entre las fuerzas que activan y las que frenan las señales en la corteza cerebral.

Cerebros hiperexcitados y con menor control inhibitorio

La investigación evaluó el comportamiento cerebral bajo dos condiciones experimentales distintas: una fase de reposo con los ojos cerrados y una tarea de tiempo de reacción frente a estímulos visuales. De acuerdo con los resultados del trabajo, el grupo con antecedentes de alto trauma exhibió diferencias significativas en ambas situaciones, manifestando un patrón neurofisiológico bifásico anómalo.

En el estado de reposo, el cerebro de las personas que habían vivido situaciones traumáticas mostró un desplazamiento constante hacia una mayor excitación neuronal de base. Este estado de hiperexcitación cortical basal sugiere que las redes cerebrales se mantienen en un régimen de alerta o hiperactividad continua, incluso cuando el entorno no exige ninguna respuesta activa. Por su parte, durante la realización de la tarea cognitiva con estímulos visuales, el grupo de alto trauma presentó una alteración en la dinámica de sus señales en comparación con la línea de base previa al estímulo, lo que refleja una inhibición neuronal atenuada. En términos prácticos, esto significa que cuando el cerebro necesita procesar información y modular sus respuestas de forma selectiva, carece de la potencia inhibitoria adecuada para filtrar el ruido de fondo y regular la actividad cortical bajo demanda.

La tecnología detrás del hallazgo: EEG y modelos biofísicos

Para desentrañar estas sutiles dinámicas corticales sin recurrir a métodos invasivos, el equipo recurrió a la electroencefalografía (EEG). A partir de los registros eléctricos en el cuero cabelludo, los científicos calcularon las pendientes espectrales 1/f, un marcador electrofisiológico ampliamente reconocido por la comunidad neurocientífica por su estrecha correlación con el balance entre la excitación y la inhibición sináptica.

Con el propósito de reforzar la solidez de sus conclusiones, los investigadores no se limitaron a la lectura estadística del EEG. Complementaron estos análisis con herramientas computacionales avanzadas: implementaron un modelo de microcircuitos neuronales de tipo leaky integrate-and-fire (LIF) combinado con una aproximación de modelado directo fundamentada en la biofísica. Esta estrategia permitió simular señales cerebrales realistas y derivar estimaciones precisas del equilibrio excitatorio e inhibitorio a nivel de microcircuitos. Ambas aproximaciones, tanto el análisis de las pendientes espectrales como las estimaciones del modelo biofísico, coincidieron de manera consistente en señalar la hiperexcitación y el déficit inhibitorio en el grupo con alto trauma.

Por qué importa: Una vulnerabilidad más allá del estado de ánimo

Uno de los puntos más relevantes del estudio radica en que estas anomalías neurofisiológicas no se explicaban por fluctuaciones emocionales temporales. Los autores comprobaron que las medidas del balance entre excitación e inhibición no guardaban una correlación significativa con los niveles transitorios de ansiedad o depresión que los participantes experimentaban el día de la evaluación. La alteración, por lo tanto, no refleja cómo se sentía la persona en ese momento concreto, sino que se manifiesta como un rasgo neurofisiológico estable y duradero.

Este hallazgo aporta una pieza clave para comprender por qué el sufrimiento en edades tempranas incrementa el riesgo de enfermar décadas después. Los científicos sugieren que este desajuste en el balance cortical podría constituir una vulnerabilidad transdiagnóstica que subyace a múltiples formas de psicopatología posterior. Aunque estos adultos jóvenes no presenten trastornos clínicos en la actualidad, su sistema nervioso opera bajo una arquitectura sobrexcitada y con menores recursos inhibitorios ante el estrés, lo que podría reducir su margen de resiliencia frente a futuros desafíos vitales y abrir nuevas vías para la prevención temprana en salud mental.


Source

  • Neurophysiological excitation/inhibition imbalance in young adults burdened with childhood interpersonal trauma
  • Researchers: Alejandro Orozco Valero, Natalia Kopiś-Posiej, Víctor Rodríguez-González, Víctor Gutiérrez-de Pablo, Christian A. Morillas, Jesús Poza, Carlos Gómez, Pablo Martínez‐Cañada
  • Journal: Translational Psychiatry
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Looti, M. (2026, octubre 28). El trauma infantil altera el equilibrio neuronal en la adultez. Spanish Psychological Databases. https://spanish.arabpsychology.com/news/trauma-infantil-altera-equilibrio-neuronal-cerebro/
Looti, Mohammed. “El trauma infantil altera el equilibrio neuronal en la adultez.” Spanish Psychological Databases, 28 octubre 2026, https://spanish.arabpsychology.com/news/trauma-infantil-altera-equilibrio-neuronal-cerebro/.
Looti, Mohammed. “El trauma infantil altera el equilibrio neuronal en la adultez.” Spanish Psychological Databases. octubre 28, 2026. https://spanish.arabpsychology.com/news/trauma-infantil-altera-equilibrio-neuronal-cerebro/.