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Desarrollo moral en mujeres (Ética del cuidado) – Carol Gilligan


El Desarrollo Moral según Carol Gilligan: La Ética del Cuidado

Definición Central de la Ética del Cuidado

La Ética del Cuidado, propuesta fundamentalmente por la psicóloga Carol Gilligan, constituye una perspectiva alternativa y crítica a las teorías tradicionales del desarrollo moral, las cuales históricamente han privilegiado el razonamiento basado en la justicia, los derechos y las reglas abstractas. En su esencia, la Ética del Cuidado define la moralidad no a través de la aplicación de principios universales e imparciales, sino mediante la responsabilidad hacia los demás, el mantenimiento de las relaciones interpersonales y la respuesta contextualizada a las necesidades concretas de aquellos con quienes se está conectado. Esta visión postula que el juicio moral surge de la experiencia de interdependencia y la necesidad de mitigar el sufrimiento y el daño dentro de un marco relacional específico.

El principio fundamental que subyace a esta ética es la comprensión del yo como inherentemente conectado a otros, en lugar de ser un agente autónomo y aislado que interactúa con otros mediante contratos sociales o reglas formales. Para Gilligan, la madurez moral no se mide por la capacidad de distanciarse emocionalmente para aplicar una ley, sino por la habilidad de comprender profundamente el contexto de una situación y las implicaciones que cualquier decisión tendrá en el tejido de las relaciones humanas. Esto implica que la responsabilidad y la sensibilidad contextual son las piedras angulares del razonamiento moral, lo que contrasta fuertemente con la primacía de la imparcialidad y la objetividad que caracteriza a la ética de la justicia.

Es crucial entender que la Ética del Cuidado no busca reemplazar la ética de la justicia, sino complementarla, argumentando que ambas representan orientaciones morales válidas y necesarias, aunque culturalmente y psicológicamente diferenciadas. Mientras que la ética de la justicia se enfoca en resolver conflictos mediante la adjudicación de derechos para garantizar la equidad, la ética del cuidado se centra en la prevención de conflictos y el mantenimiento de la red de apoyo mutuo, priorizando la voz y las necesidades de los individuos vulnerables y dependientes. Esta dualidad ofrece una visión más rica y completa del espectro de la deliberación moral humana.

Crítica a la Teoría de Kohlberg y Orígenes Históricos

El trabajo de Carol Gilligan emergió a principios de la década de 1980 como una respuesta directa a la influyente teoría del desarrollo moral de Lawrence Kohlberg. Kohlberg había establecido una secuencia de seis etapas universales de razonamiento moral, argumentando que la cúspide del desarrollo (la etapa postconvencional) se alcanzaba al razonar sobre principios éticos abstractos, como la justicia y los derechos humanos. Sin embargo, los estudios empíricos de Kohlberg, basados predominantemente en muestras masculinas, revelaron consistentemente que las mujeres tendían a puntuar de manera inferior en sus escalas, a menudo estancándose en la Etapa 3, conocida como la moralidad de las “buenas relaciones interpersonales”.

Esta observación llevó a Gilligan a cuestionar si la teoría de Kohlberg era verdaderamente universal o si estaba sesgada por una perspectiva androcéntrica que valoraba la autonomía, la separación y la lógica abstracta por encima de las consideraciones de apego, contexto y cuidado. Gilligan argumentó que las mujeres no poseían un desarrollo moral deficiente, sino que simplemente utilizaban una “voz diferente” al enfrentarse a dilemas éticos. El hecho de que las mujeres priorizaran la preservación de las relaciones y la atención a las necesidades específicas de los involucrados no era un signo de inmadurez, sino la manifestación de una orientación moral distinta: la orientación al cuidado.

El libro seminal de Gilligan de 1982, “In a Different Voice: Psychological Theory and Women’s Development” (En Voz Diferente: Teoría Psicológica y Desarrollo de la Mujer), formalizó esta crítica y lanzó la Ética del Cuidado como un marco teórico legítimo dentro de la psicología del desarrollo. El contexto histórico de su trabajo se inserta en la segunda ola del Feminismo, que buscaba desafiar los sesgos de género inherentes a las estructuras sociales y científicas. Gilligan no solo aportó una nueva teoría moral, sino que también impulsó una revisión fundamental de cómo se construían y evaluaban las diferencias de género en la investigación psicológica.

El Desarrollo Moral Femenino en Tres Niveles

A diferencia de las etapas rígidas de Kohlberg, Carol Gilligan propuso un modelo de desarrollo moral basado en tres niveles que reflejan una comprensión creciente de la relación entre el yo y los demás, con un enfoque en la responsabilidad y el cuidado. Estos niveles se definen no por la complejidad lógica del razonamiento, sino por la evolución en la comprensión de lo que significa ser responsable y moral. El paso de un nivel a otro está marcado por transiciones que obligan a la reconsideración del concepto de egoísmo y sacrificio.

El primer nivel, la Orientación a la Supervivencia Individual (similar al nivel preconvencional), se caracteriza por el enfoque en el cuidado propio. En esta etapa, la persona actúa moralmente para asegurar su propia supervivencia y bienestar, con una visión de la moralidad como una cuestión de lo que es bueno para el yo. El juicio moral es pragmático y egocéntrico. La primera transición ocurre cuando la persona se da cuenta de la conexión con los demás y comienza a percibir la necesidad de responsabilidad, lo que lleva a un cambio del “yo” al “otro” como foco del cuidado.

El segundo nivel, la Bondad como Autosacrificio (similar al nivel convencional), es donde la moralidad se equipara con el cuidado de los demás, a menudo a expensas de las propias necesidades. La moralidad se define por las expectativas sociales y la capacidad de responder a las obligaciones y los deberes relacionales. El ideal es ser “buena” o “responsable”, lo que con frecuencia implica el autosacrificio y la negación de las propias necesidades para mantener la armonía. La segunda transición es crítica: la persona comienza a cuestionar si es moralmente aceptable ignorar las propias necesidades y se da cuenta de que el cuidado verdadero debe incluir también el cuidado del yo, buscando un equilibrio entre la responsabilidad hacia el otro y la responsabilidad hacia sí misma.

El tercer nivel, la Moralidad de la No Violencia (similar al nivel postconvencional), representa la integración de la responsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás. En esta etapa, el juicio moral se basa en el principio universal del cuidado y la no violencia, entendiendo que tanto el yo como los demás merecen ser cuidados. La persona es capaz de tomar decisiones complejas que consideran el contexto y buscan la solución más inclusiva, reconociendo la interdependencia y la necesidad de una ética que evite el daño a cualquier parte, incluyendo a la propia persona. Este es el punto más alto del desarrollo en la teoría de Gilligan.

Mecanismos Fundamentales: Responsabilidad y Relación

La Ética del Cuidado opera sobre dos mecanismos psicológicos fundamentales que la distinguen de la ética de la justicia: la primacía de la responsabilidad sobre el derecho, y la definición del yo en relación. En la ética de la justicia, el dilema moral se resuelve al determinar qué derecho ha sido violado o qué regla debe aplicarse imparcialmente. En contraste, en la ética del cuidado, el dilema se percibe como una ruptura o una tensión en una red de relaciones, y la solución se busca a través de la responsabilidad de responder a la necesidad manifiesta del otro. Esta responsabilidad es activa, personal y exige un compromiso emocional con la situación.

La responsabilidad aquí no es una obligación legal, sino un imperativo ético derivado del reconocimiento de la vulnerabilidad y la interdependencia humana. Quien razona desde el cuidado se pregunta: “¿Cómo puedo responder a esta persona para aliviar su carga o restaurar la conexión?” en lugar de “¿Qué regla se aplica aquí?”. Esta aproximación requiere una habilidad empática avanzada, la capacidad de “escuchar” la voz del otro, y una profunda conciencia del contexto específico, ya que una acción que es moralmente correcta en un contexto relacional puede ser incorrecta en otro.

Además, la concepción del yo es radicalmente diferente. Mientras que la ética de la justicia presupone un individuo autónomo, capaz de tomar decisiones racionales independientemente de su entorno, la Ética del Cuidado postula un yo relacional, cuya identidad se forma y se mantiene a través de sus lazos con los demás. La separación no es el objetivo del desarrollo; en cambio, la madurez se alcanza a través de la capacidad de mantener relaciones sanas y justas. Este énfasis en la conexión subraya por qué la moralidad se centra en la preservación de la red relacional, considerándola el contexto vital de la existencia humana.

Aplicación Práctica en la Toma de Decisiones

Para ilustrar la diferencia entre la ética de la justicia y la ética del cuidado, consideremos un escenario común en el entorno laboral. Imaginemos a un gerente de proyecto que descubre que un colega cercano, que atraviesa serios problemas personales (enfermedad familiar), ha cometido un error costoso en un informe que debe presentarse inmediatamente. La política de la empresa exige la notificación inmediata de errores para la aplicación de sanciones.

Un enfoque basado en la Ética de la Justicia procedería de la siguiente manera:

  1. El principio fundamental es la equidad y el cumplimiento de las normas.
  2. La regla aplicable es la política de notificación de errores, que es universal e imparcial.
  3. El gerente debe reportar el error inmediatamente, independientemente de la situación personal del colega, ya que la responsabilidad hacia la organización (la regla) tiene prioridad sobre las relaciones personales.
  4. La decisión es objetiva y se centra en la violación del deber.

Un enfoque basado en la Ética del Cuidado, en cambio, se centraría en el contexto y la relación:

  1. El imperativo fundamental es la responsabilidad hacia el bienestar del colega y el mantenimiento de la relación de trabajo.
  2. Se evalúa el contexto: ¿Es el error un fallo sistémico o resultado de una distracción temporal debido a un estrés extremo?
  3. La acción prioritaria es la comunicación. El gerente podría hablar primero con el colega para entender la situación, buscar una manera de corregir el error minimizando el daño a la empresa y al colega, y quizá buscar una solución que proteja la carrera del colega mientras se aborda el problema.
  4. La decisión es contextual y se centra en restaurar el equilibrio relacional y mitigar el daño personal, no solo en aplicar la regla.

Este ejemplo demuestra que la ética del cuidado no ignora la justicia, pero la subordina a una consideración más amplia de las consecuencias humanas. La solución de la ética del cuidado sería buscar una vía que satisfaga la necesidad de la empresa de resolver el problema (justicia) sin destruir la red de apoyo humano (cuidado), integrando así ambas orientaciones.

Impacto y Relevancia en la Psicología Contemporánea

El impacto de la obra de Carol Gilligan en la psicología y en las ciencias sociales ha sido monumental. Su trabajo no solo reformuló las teorías del desarrollo moral, sino que también sirvió como un catalizador para la crítica de género dentro de la academia, obligando a los investigadores a reexaminar la universalidad de los modelos psicológicos construidos históricamente a partir de una perspectiva masculina. La validación de la ética del cuidado demostró que existen múltiples maneras igualmente válidas de razonamiento moral, desterrando la idea de que la moralidad basada en la lógica abstracta es inherentemente superior.

En el campo de la Psicología del Desarrollo, la Ética del Cuidado impulsó la investigación sobre cómo las diferencias culturales y de género influyen en la socialización y la toma de decisiones. Ha sido fundamental para comprender la socialización de las niñas y los niños, demostrando que, si bien ambos tienen la capacidad de usar ambas orientaciones, las presiones culturales a menudo dirigen a las mujeres hacia el cuidado y a los hombres hacia la justicia. Esta perspectiva ha enriquecido el estudio de la identidad, la empatía y la formación del juicio ético.

Más allá de la psicología, la Ética del Cuidado ha encontrado aplicaciones profundas en campos prácticos. En la bioética, ha proporcionado un marco esencial para debatir dilemas médicos complejos, enfatizando la importancia de la relación médico-paciente y la necesidad de considerar el contexto personal y familiar del paciente, en lugar de centrarse únicamente en la autonomía abstracta (un concepto clave de la ética de la justicia). También ha influido en la teoría de liderazgo, promoviendo modelos que valoran la colaboración, la inclusión y la gestión de conflictos a través del diálogo y la sensibilidad relacional.

Conexiones Teóricas y Ámbitos de Pertenencia

La Ética del Cuidado se sitúa primariamente dentro de la Psicología Moral y la Psicología del Desarrollo, aunque su naturaleza crítica y su enfoque en las relaciones la conectan intrínsecamente con la Psicología Social y la teoría Feminista. Su principal relación teórica es, por supuesto, con la Teoría de la Justicia de Lawrence Kohlberg, de la cual se diferencia y a la que busca complementar. Mientras que Kohlberg se apoyó en la filosofía kantiana y el contractualismo, la Ética del Cuidado tiene raíces filosóficas en el pensamiento de filósofos como David Hume, y más recientemente, en la ética feminista y la filosofía moral de Iris Murdoch y Nel Noddings.

Conceptualmente, la Ética del Cuidado se relaciona estrechamente con la Teoría del Apego, ya que ambas enfatizan la importancia de los lazos relacionales tempranos para el desarrollo psicológico. También guarda similitudes con las teorías de la Inteligencia Emocional, al destacar que el juicio moral efectivo requiere una comprensión y gestión sofisticada de las emociones y las dinámicas interpersonales, una habilidad que a menudo es subestimada en los modelos puramente cognitivos de la moralidad.

En última instancia, la contribución de Gilligan es la de haber ampliado el alcance de lo que se considera “moral”. Al validar la orientación relacional, demostró que la madurez psicológica implica no solo la capacidad de aplicar la lógica y la justicia abstracta, sino también la capacidad de mantener la conexión, responder a la necesidad y actuar con compasión y responsabilidad contextual. Esta visión ha cimentado la Ética del Cuidado como un marco indispensable para cualquier análisis completo del comportamiento y la motivación moral humana.

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memjavad (2025, October 14). Desarrollo moral en mujeres (Ética del cuidado) – Carol Gilligan. Spanish Psychological Databases. https://spanish.arabpsychology.com/desarrollo-moral-en-mujeres-etica-del-cuidado-carol-gilligan/
memjavad. “Desarrollo moral en mujeres (Ética del cuidado) – Carol Gilligan.” Spanish Psychological Databases, 14 October 2025, https://spanish.arabpsychology.com/desarrollo-moral-en-mujeres-etica-del-cuidado-carol-gilligan/.
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