Un nuevo estudio científico liderado por investigadores chilenos y publicado en la revista Frontiers in Psychology ha revelado que la tendencia a soñar despierto durante la adolescencia no es una simple señal de pereza o distracción, sino un motor fundamental para el desarrollo del pensamiento original. Al analizar las interacciones entre los procesos de pensamiento espontáneo, la concentración y las dinámicas lúdicas en cientos de jóvenes de educación secundaria, los autores comprobaron que permitir que la mente divague de forma habitual potencia la capacidad de resolver problemas complejos e imaginar soluciones innovadoras en múltiples áreas del conocimiento.
El inesperado motor del pensamiento original
Frente al prejuicio tradicional que asocia la falta de foco inmediato con un menor rendimiento académico, la investigación encabezada por el psicólogo David Preiss junto a Valeska Grau, David Torres Irribarra, Benjamín Carmona, Catalina Reszczynski y Juliana Oyarzún demostró que la mente errante ejerce un papel constructivo insospechado. Al evaluar a una muestra de 405 estudiantes de secundaria en Chile, el equipo descubrió que la frecuencia con la que los jóvenes soñaban despiertos constituyó el rasgo más consistente y robusto para anticipar un desempeño creativo sobresaliente.
De acuerdo con las conclusiones del estudio, el flujo espontáneo del pensamiento impulsó resultados favorables en cuatro de las cinco pruebas psicométricas aplicadas. Los estudiantes con mayor hábito de divagación mostraron una ventaja clara en tareas de asociaciones remotas —tanto verbales como figurativas—, en la composición estética de productos visuales y en pruebas de pensamiento divergente aplicado a las matemáticas. Estos hallazgos respaldan la hipótesis de que la mente errante facilita saltos conceptuales entre ideas lejanas, permitiendo a los adolescentes explorar rutas cognitivas que difícilmente surgirían bajo un control atencional rígido.
La atención plena y el juego: una influencia matizada
El estudio también examinó la influencia de la atención consciente o mindfulness y la disposición hacia el juego, revelando patrones mucho más complejos de lo esperado. Contrario a la idea de que la atención plena siempre incrementa el ingenio de forma directa, los datos mostraron que no mejoró la creatividad general. Su beneficio quedó restringido a tareas que requerían una síntesis exigente, como la composición de productos figurativos, un ejercicio que demanda seleccionar, evaluar e integrar ideas dispares en una obra coherente.
En este aspecto, los investigadores detectaron un interesante efecto de moderación estadística: el mindfulness favoreció notablemente la composición figurativa en aquellos jóvenes que solían soñar despiertos con poca frecuencia, pero la asociación se invirtió en los estudiantes que ya presentaban niveles muy altos de divagación mental.
Por su parte, la actitud lúdica tampoco operó como un bloque homogéneo:
- Curiosidad intelectual lúdica: se asoció de manera positiva con el pensamiento divergente verbal, reflejando que el placer por manipular ideas y conceptos abstractos nutre la fluidez creativa.
- Juego orientado a otros: mostró una relación favorable con el rendimiento en asociaciones remotas de carácter figurativo.
- Juego ligero o despreocupado: exhibió correlaciones negativas con la generación divergente de ideas tanto en el plano verbal como en el matemático, lo que sugiere que la falta de intención y rigor reflexivo puede perjudicar la resolución creativa de problemas.
La trampa de las emociones en la divagación
Uno de los aportes más reveladores del trabajo fue la distinción entre la divagación neutra y aquella con carga afectiva. Mientras que el soñar despierto espontáneo actuó como un propulsor creativo, los pensamientos errantes teñidos de emociones intensas —ya fueran positivas o negativas— mostraron efectos perjudiciales en las tareas verbales.
El análisis reflejó que la divagación con carga emocional positiva perjudicó el desempeño en las dos pruebas de creatividad verbal evaluadas, mientras que los pensamientos errantes de signo negativo redujeron la fluidez en el pensamiento divergente verbal. Los autores sugieren que cuando la mente se ve atrapada en bucles anímicos, preocupaciones personales o fantasías cargadas de euforia, los recursos de la memoria de trabajo se saturan. Para que la divagación resulte fértil y productiva, parece requerir cierta ligereza cognitiva y neutralidad afectiva que permita al cerebro recombinar memorias sin el lastre de la interferencia emocional.
Cómo se investigó en las aulas
Para desentrañar estas complejas interacciones, los investigadores desplegaron una rigurosa metodología en centros escolares chilenos. Los 405 participantes completaron una serie de autoinformes diseñados para medir sus disposiciones atencionales cotidianas, su frecuencia de divagación, la valencia emocional de sus ensoñaciones y las distintas facetas de su inclinación lúdica.
Estas medidas se contrastaron con una batería de cinco pruebas directas de creatividad que abarcaron tareas de producción verbal, visual y matemática. Para procesar el volumen de datos y aislar el peso real de cada variable psicológica, el equipo aplicó modelos de ecuaciones estructurales. Gracias a este enfoque estadístico avanzado, los científicos pudieron controlar la influencia de factores sociodemográficos e institucionales clave, tales como el género de los estudiantes y el tipo de establecimiento escolar al que asistían, garantizando la solidez de los resultados.
Lecciones para el aula: equilibrar libertad y control
Las conclusiones del artículo plantean un replanteamiento profundo sobre la pedagogía y la gestión del tiempo en los colegios. Según los autores, la tendencia natural de los adolescentes a perderse en sus pensamientos no debería castigarse de forma sistemática como una pérdida de tiempo. Por el contrario, la divagación espontánea parece funcionar como un andamio evolutivo indispensable para consolidar el pensamiento original y conectar nociones distantes.
El verdadero desafío para los educadores no radica en reprimir el vagabundeo mental, sino en diseñar entornos escolares que armonicen la libertad cognitiva con el control deliberado. Fomentar pausas que den espacio al pensamiento libre, para luego introducir herramientas de atención plena que ayuden a aterrizar, pulir y ejecutar esas ideas nacientes, surge como la estrategia idónea para formar mentes jóvenes capaces de innovar ante los problemas del futuro.
Source
- Balancing spontaneous and controlled thought: mind wandering, mindfulness, playfulness, and creativity in adolescence
- Researchers: David Preiss, Valeska Grau, David Torres Irribarra, Benjamín Carmona, Catalina Reszczynski, Juliana Oyarzún
- Journal: Frontiers in Psychology
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