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Teoría de los Sistemas Dinámicos – Esther Thelen & Linda Smith


Teoría de los Sistemas Dinámicos: Esther Thelen y Linda Smith

Definición Central y Fundamentos de la Teoría

La Teoría de los Sistemas Dinámicos (TSD), también conocida como el enfoque de Sistemas Dinámicos No Lineales, representa un cambio paradigmático fundamental en la comprensión del desarrollo humano, abarcando desde el movimiento físico hasta la adquisición de la cognición y el lenguaje. En su esencia más pura, la TSD postula que el desarrollo no es un proceso lineal, preprogramado o impulsado por un único factor dominante (como la genética o el entorno), sino más bien un fenómeno de emergencia. Esto significa que las nuevas habilidades y patrones de comportamiento surgen espontáneamente de la interacción continua y compleja de múltiples componentes que operan a diferentes niveles y escalas de tiempo. Estos componentes incluyen factores internos (como la maduración neural, la fuerza muscular y el estado bioquímico), factores externos (como la gravedad y las superficies ambientales) y factores de tarea (como la meta u objetivo de la acción).

El principio fundamental que subyace a la TSD es la autoorganización. Bajo esta perspectiva, el sistema (ya sea un bebé aprendiendo a caminar o un adulto resolviendo un problema) no necesita un plan maestro o un programa centralizado que dicte su estructura o comportamiento. En cambio, las reglas de funcionamiento y los patrones estables de comportamiento (denominados atractores) se generan y mantienen mediante la interacción recursiva de sus partes constituyentes. Esta visión contrasta fuertemente con los modelos tradicionales de desarrollo, que a menudo veían el cerebro como un director de orquesta que enviaba instrucciones a un cuerpo pasivo. La TSD, por el contrario, concibe el desarrollo como una orquesta en la que cada instrumento (músculos, huesos, sistema nervioso, entorno) influye y es influido simultáneamente por todos los demás, resultando en una melodía conductual compleja que nadie programó conscientemente.

Otro concepto crucial es la no-linealidad. En los sistemas dinámicos, pequeños cambios en un componente pueden, en ciertas condiciones, producir efectos desproporcionadamente grandes en el sistema general, un fenómeno que a menudo se observa durante las transiciones críticas del desarrollo. Esta no-linealidad explica por qué el desarrollo no procede a un ritmo constante y uniforme; en su lugar, se caracteriza por períodos de estabilidad (fases de atractor) seguidos por momentos de rápida reorganización y cambio (transiciones de fase), donde el sistema se desestabiliza temporalmente antes de asentarse en un nuevo patrón de funcionamiento más complejo y eficiente. Esta visión holística y emergente es lo que diferencia a la TSD de las teorías puramente modulares o mecanicistas.

Orígenes Históricos y Pioneras Clave

La formulación y aplicación rigurosa de la Teoría de los Sistemas Dinámicos al campo de la psicología del desarrollo se atribuye principalmente a la psicóloga estadounidense Esther Thelen (1941–2004) y a su colaboradora Linda Smith. Su trabajo seminal se desarrolló a finales del siglo XX, principalmente en las décadas de 1980 y 1990, surgiendo como una crítica directa a las teorías predominantes de la maduración que dominaban la comprensión del desarrollo motor infantil. Estas teorías maduracionistas sostenían que el desarrollo, como la aparición de la marcha, estaba estrictamente controlado por un “reloj biológico” o programas genéticos preestablecidos en el sistema nervioso central, siendo el cuerpo simplemente un vehículo pasivo para estas instrucciones cerebrales.

El punto de inflexión llegó con las investigaciones detalladas de Thelen sobre el reflejo de la marcha en los recién nacidos, un comportamiento que normalmente desaparece alrededor de los dos meses de edad y reaparece, de forma voluntaria, mucho después cuando el bebé aprende a caminar. La explicación tradicional era que este reflejo era inhibido por la maduración cortical. Sin embargo, Thelen y sus colegas demostraron que la desaparición del reflejo no se debía a la inhibición neurológica, sino a un factor mecánico periférico: el aumento de la masa grasa de las piernas. A medida que los bebés ganaban peso rápidamente, sus músculos jóvenes no podían levantar eficazmente las piernas más pesadas contra la gravedad. Cuando Thelen probó el reflejo sumergiendo a los bebés en agua (lo que contrarrestaba la gravedad), el reflejo reapareció inmediatamente. Este hallazgo fue revolucionario porque demostró que el desarrollo motor no era puramente neural, sino una propiedad emergente de la interacción entre el sistema nervioso, el crecimiento físico y las limitaciones ambientales, cimentando así la base empírica para la TSD.

Linda Smith, trabajando en estrecha colaboración con Thelen, extendió la aplicación de la TSD más allá del dominio motor, llevándola al estudio de la cognición, la percepción y el desarrollo del lenguaje. Su enfoque se centró en cómo las habilidades cognitivas, como la categorización y la atención, también emergen de la interacción momento a momento entre el organismo, sus acciones corporales y el entorno físico y social. Al igual que Thelen, Smith argumentó que la cognición no reside simplemente en la cabeza, sino que está “encarnada” y situada, surgiendo de las dinámicas complejas de la interacción sensoriomotora. Juntas, estas pioneras ofrecieron un marco unificado que permitía a los investigadores modelar matemáticamente los procesos de desarrollo en tiempo real, desde el balbuceo hasta el alcance manual.

El Concepto de Atractor y Transiciones de Fase

Dentro del marco de la TSD, dos conceptos matemáticos prestados de la física y la biología son esenciales para describir la estabilidad y el cambio en el comportamiento: el atractor y la transición de fase. Un atractor representa un estado o patrón de comportamiento preferido, estable y energéticamente eficiente al que el sistema tiende a regresar después de ser perturbado. Estos atractores son las “soluciones” momentáneas que el organismo encuentra para realizar una tarea bajo un conjunto específico de restricciones. Por ejemplo, en el desarrollo motor, gatear es un poderoso atractor durante una etapa específica; es un patrón robusto y confiable que requiere un esfuerzo mínimo para mantenerse, una vez que el sistema ha encontrado la configuración necesaria de fuerza, equilibrio y coordinación.

Sin embargo, el desarrollo requiere que el sistema cambie y se adapte a configuraciones más complejas. Las transiciones de fase describen los momentos de inestabilidad y reorganización que ocurren cuando el sistema es empujado fuera de su estado atractor actual. Esto puede suceder cuando un parámetro de control clave (como la fuerza muscular o la motivación para alcanzar un objeto distante) cruza un umbral crítico. En estos puntos de transición, el patrón de comportamiento anterior se desintegra temporalmente, y el sistema entra en un estado de fluctuación o búsqueda. Esta inestabilidad es adaptativa, ya que permite al sistema explorar nuevas configuraciones hasta que emerge un nuevo patrón de comportamiento más complejo y eficiente (un nuevo atractor), como la marcha bípeda.

La belleza de estos conceptos radica en su capacidad para modelar el desarrollo de manera no determinista. La transición de gatear a caminar no ocurre por una orden interna, sino porque la acumulación gradual de fuerza en las piernas (el parámetro de control) finalmente hace que el patrón de gateo sea menos eficiente que la exploración de la bipedestación. La transición de fase es, por lo tanto, un punto de bifurcación donde el sistema se ve obligado a elegir o “descubrir” una nueva solución motora, demostrando cómo la variabilidad y la inestabilidad son componentes inherentes y necesarios para el avance y la complejidad del desarrollo.

Aplicación Práctica: La Adquisición de la Marcha

Para ilustrar la potencia de la TSD, tomemos como ejemplo práctico la adquisición de la marcha bípeda en un bebé, un hito fundamental en el desarrollo infantil. La visión tradicional describiría este proceso como la simple activación de un programa genético. La TSD, en cambio, lo ve como una solución de ingeniería dinámica. El objetivo del sistema es moverse de A a B. Las restricciones iniciales incluyen un cuerpo pequeño y pesado en relación con la fuerza muscular, un sistema de equilibrio inmaduro y la necesidad de lidiar con la gravedad.

El proceso se desarrolla en varios pasos dinámicos. Primero, el bebé desarrolla un atractor estable, que es el gateo. Este patrón es robusto porque requiere un equilibrio de cuatro puntos y minimiza el riesgo de caída. A medida que el bebé crece, dos parámetros de control clave cambian: 1) la proporción de fuerza muscular aumenta, y 2) la motivación exploratoria aumenta. Cuando la fuerza de las piernas alcanza un umbral suficiente para soportar el peso del cuerpo durante breves períodos y el deseo de alcanzar objetos es alto, el patrón de gateo se vuelve menos atractivo. El sistema comienza a fluctuar, utilizando muebles para levantarse y dando pasos inestables.

Este momento de inestabilidad es la transición de fase. El bebé no camina perfectamente de inmediato; hay muchas caídas y variabilidad. Sin embargo, a través de la práctica constante y las correcciones sensoriales (el feedback de dónde está el pie en relación con el suelo), el sistema refina y estabiliza el nuevo patrón. Finalmente, la marcha bípeda emerge como un atractor más eficiente y complejo que el gateo para la locomoción vertical. La TSD enfatiza que si se modificara cualquiera de las restricciones (por ejemplo, si el bebé tuviera que caminar sobre hielo, o si sus músculos estuvieran temporalmente debilitados), el sistema regresaría inmediatamente a un patrón más simple (como gatear o arrastrarse), demostrando que el comportamiento es continuamente reconfigurado por las condiciones actuales, no por un programa fijo.

Implicaciones Terapéuticas y Educativas

La Teoría de los Sistemas Dinámicos ha tenido un impacto profundo, especialmente en la rehabilitación física y la terapia ocupacional. Dado que la TSD rechaza la idea de que los déficits son causados por una única lesión o un “programa roto” en el cerebro, los enfoques terapéuticos basados en la TSD se centran en manipular las restricciones para facilitar la emergencia de nuevos patrones de comportamiento. En lugar de simplemente repetir movimientos aislados, los terapeutas diseñan entornos y tareas que empujan al sistema del paciente hacia un punto de inestabilidad controlada, permitiendo que el cuerpo descubra soluciones motoras más funcionales. Por ejemplo, en lugar de entrenar la marcha de un paciente con parálisis cerebral de forma aislada, el terapeuta puede ajustar la inclinación de la cinta de correr o cambiar la superficie para obligar al sistema a autoorganizarse en un patrón de marcha mejorado.

En el ámbito educativo y de la cognición, la TSD fomenta una perspectiva de aprendizaje situado y encarnado. El aprendizaje no se ve como la simple absorción de información abstracta, sino como el desarrollo de nuevos atractores cognitivos que son inherentemente ligados a la acción y el contexto. Esto implica que para que los estudiantes adquieran una nueva habilidad (como resolver un problema matemático), no basta con la instrucción verbal; deben interactuar activamente con el material, manipular objetos (físicos o virtuales) y recibir feedback que les permita reorganizar sus estrategias de pensamiento. La variabilidad en la práctica es vista como un componente positivo, ya que aumenta la probabilidad de que el sistema encuentre la configuración óptima para la nueva habilidad.

Además, la TSD proporciona un marco valioso para comprender las trayectorias de desarrollo atípico. Al ver los déficits no como fallos permanentes, sino como atractores muy estables (quizás demasiado estables) pero ineficientes, la intervención se centra en cómo desestabilizar ese patrón atractor. Esto es particularmente relevante en el estudio del autismo o de trastornos del desarrollo motor, donde la intervención busca introducir perturbaciones controladas que fomenten la flexibilidad y la exploración de comportamientos alternativos más adaptativos.

Conexiones con Otras Perspectivas Psicológicas

La Teoría de los Sistemas Dinámicos se sitúa en la intersección de varias disciplinas, manteniendo fuertes lazos conceptuales con otras grandes teorías de la psicología moderna, especialmente aquellas que rechazan el dualismo cartesiano. Su conexión más evidente es con la Psicología Ecológica de James J. Gibson, que enfatiza la importancia de la percepción directa y las affordances (posibilidades de acción) que el entorno ofrece al organismo. Ambas teorías comparten la creencia de que la acción y la percepción son inseparables y que el comportamiento surge de la interacción momento a momento entre el organismo y el medio ambiente, sin necesidad de complejos procesos de representación interna.

Otro vínculo crucial es con la Cognición Encarnada (Embodied Cognition). La TSD proporciona el mecanismo matemático y conceptual para explicar cómo la cognición está ligada inextricablemente al cuerpo, a la acción y al contexto. El desarrollo de la mente se entiende como un subproducto de la autoorganización del sistema sensoriomotor. Además, la TSD influye en el campo del Conexionismo y el procesamiento distribuido en paralelo, ya que ambos modelos se centran en cómo los patrones de alto nivel (pensamiento, comportamiento) emergen de la interacción de unidades simples, en lugar de ser codificados en un único módulo central.

En términos de su ubicación en el panorama general, la TSD pertenece al subcampo de la Psicología del Desarrollo, pero su alcance es interdisciplinario, extendiéndose a la Neurociencia, la Robótica (donde los principios de autoorganización se utilizan para crear robots más flexibles) y la Ciencia Cognitiva. Su legado más significativo es haber proporcionado un lenguaje matemático riguroso para describir el cambio, permitiendo a los investigadores pasar de las descripciones cualitativas del desarrollo a modelos predictivos y dinámicos que capturan la variabilidad y la individualidad del proceso de crecimiento.

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memjavad (2025, October 14). Teoría de los Sistemas Dinámicos – Esther Thelen & Linda Smith. Spanish Psychological Databases. https://spanish.arabpsychology.com/teoria-de-los-sistemas-dinamicos-esther-thelen-linda-smith/
memjavad. “Teoría de los Sistemas Dinámicos – Esther Thelen & Linda Smith.” Spanish Psychological Databases, 14 October 2025, https://spanish.arabpsychology.com/teoria-de-los-sistemas-dinamicos-esther-thelen-linda-smith/.
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