cortisona – cortisone


Cortisona

Primary Disciplinary Field(s): Farmacología, Endocrinología, Bioquímica

1. Definición Central

La cortisona es un glucocorticoide, un tipo de hormona esteroidea producida naturalmente por la corteza suprarrenal. Químicamente, es un 11-ceto esteroide, lo que significa que posee un grupo funcional cetona en la posición 11 de su núcleo esteroideo. A diferencia del cortisol (también conocido como hidrocortisona), que es la forma biológicamente activa predominante en humanos, la cortisona es considerada un profármaco o una forma inactiva que requiere activación metabólica dentro del cuerpo, principalmente en el hígado, para ejercer sus potentes efectos antiinflamatorios e inmunosupresores. Su función principal en el organismo, una vez convertida, es regular el metabolismo de carbohidratos, grasas y proteínas, y modular la respuesta del sistema inmunitario ante el estrés y la inflamación.

El papel biológico de la cortisona está intrínsecamente ligado al eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA), el sistema que controla los niveles de estrés. Bajo condiciones normales o de estrés, el organismo produce cortisol; la cortisona es el metabolito de reserva o la forma circulante que puede ser rápidamente interconvertida. Farmacológicamente, la cortisona se utiliza como medicamento para tratar una amplia gama de afecciones, desde enfermedades autoinmunes crónicas hasta reacciones alérgicas severas, gracias a su capacidad de amortiguar la cascada inflamatoria. Su introducción en la medicina a mediados del siglo XX revolucionó el tratamiento de enfermedades previamente intratables, como la artritis reumatoide, aunque su uso ha sido atenuado por el desarrollo de análogos sintéticos con perfiles de efectos secundarios más manejables.

Es fundamental distinguir entre la cortisona endógena, producida por el cuerpo, y la cortisona exógena, administrada como fármaco. La administración de cortisona, ya sea oral o inyectable, busca imitar y amplificar los efectos antiinflamatorios y metabólicos de los glucocorticoides naturales. Sin embargo, debido a su estructura química y su necesidad de conversión enzimática, su potencia y duración de acción pueden variar significativamente en comparación con otros esteroides sintéticos como la prednisona o la dexametasona. La dosificación debe ser manejada con sumo cuidado, ya que la supresión prolongada del eje HPA es una consecuencia inevitable y potencialmente grave de la terapia con estos compuestos.

2. Estructura Química y Clasificación

Desde una perspectiva química, la cortisona (C21H28O5) pertenece a la clase de los esteroides, caracterizados por el núcleo ciclopentanoperhidrofenantreno. Dentro de los corticosteroides, se clasifica como un glucocorticoide debido a su impacto primario en el metabolismo de la glucosa y sus potentes propiedades antiinflamatorias. Su estructura es notablemente similar a la del cortisol, diferenciándose principalmente en la presencia de un grupo cetona (C=O) en la posición 11, en lugar del grupo hidroxilo (-OH) que se encuentra en el cortisol. Esta diferencia estructural, aunque sutil, es crucial para su actividad biológica, ya que la presencia del grupo hidroxilo en C11 es lo que confiere actividad directa al cortisol para unirse a los receptores de glucocorticoides.

La cortisona se clasifica como un esteroide de acción corta a intermedia. Su función como profármaco implica que la eficacia terapéutica depende de la enzima 11-beta hidroxiesteroide deshidrogenasa tipo 1 (11β-HSD1), que cataliza la reducción del grupo cetona en C11, convirtiendo la cortisona en cortisol. Esta conversión ocurre predominantemente en tejidos metabólicamente activos como el hígado y el tejido adiposo. Por el contrario, la enzima 11β-HSD2 inactiva el cortisol, convirtiéndolo nuevamente en cortisona, un proceso esencial para proteger el receptor de mineralocorticoides en los riñones del exceso de cortisol. Este equilibrio dinámico entre cortisona y cortisol es vital para la homeostasis.

La modificación de la estructura química de la cortisona y el cortisol ha sido la base para el desarrollo de toda la familia de corticosteroides sintéticos. Al introducir halógenos (como el flúor) o modificar el anillo A, los científicos han logrado crear fármacos con mayor potencia antiinflamatoria, menor actividad mineralocorticoide (reduciendo la retención de sodio y agua) y una vida media más prolongada. A pesar de estos avances, la cortisona y el cortisol siguen siendo los estándares de referencia para la terapia de reemplazo en la insuficiencia adrenal, ya que replican mejor el perfil hormonal natural del cuerpo.

3. Etimología e Historia del Descubrimiento

El camino hacia el descubrimiento y aislamiento de la cortisona fue un hito monumental en la bioquímica y la medicina del siglo XX. El trabajo se centró inicialmente en identificar las sustancias activas producidas por la corteza suprarrenal. En la década de 1930, múltiples equipos de investigación, trabajando de forma independiente, lograron aislar varios compuestos esteroideos de extractos suprarrenales. Los pioneros en este campo fueron Edward Calvin Kendall de la Clínica Mayo, Tadeus Reichstein en Suiza y Philip Showalter Hench, también de la Clínica Mayo, quienes se dedicaron a identificar y nombrar estas moléculas, designándolas con letras (Compuesto A, B, E, F). La cortisona fue originalmente identificada como el “Compuesto E” de Kendall.

El verdadero impacto de la cortisona se materializó con la demostración de sus propiedades terapéuticas. Philip Showalter Hench, un reumatólogo, teorizó que los factores del estrés o el embarazo que a menudo aliviaban los síntomas de la artritis reumatoide podrían estar relacionados con hormonas suprarrenales. En 1948, Hench administró el Compuesto E (cortisona) a un paciente gravemente afectado por artritis reumatoide, observando una mejoría dramática y casi instantánea. Este ensayo clínico marcó el inicio de la era de los esteroides. Este descubrimiento no solo proporcionó un tratamiento eficaz para una enfermedad debilitante, sino que también validó la comprensión del papel de los glucocorticoides en la inflamación y la inmunidad.

El desafío principal tras el descubrimiento fue la síntesis a gran escala. Inicialmente, la cortisona se obtenía de extractos animales, un proceso extremadamente costoso e ineficiente. La escasez de cortisona se convirtió en un problema internacional debido a la alta demanda. El químico Russell Marker, y posteriormente la compañía Upjohn, desarrollaron métodos para sintetizar cortisona a partir de precursores vegetales, como la diosgenina obtenida de la raíz de ñame mexicano. Este avance en la síntesis química hizo que el fármaco fuera accesible, transformando su estatus de curiosidad de laboratorio a medicamento esencial. Por su trabajo en la identificación de las hormonas de la corteza suprarrenal y su función, Kendall, Reichstein y Hench compartieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1950.

4. Mecanismo de Acción Farmacológico

El mecanismo de acción de la cortisona es indirecto y complejo, dependiente de su conversión a cortisol, la molécula activa que media la mayoría de los efectos biológicos. Una vez que la cortisona se convierte en cortisol en el hígado y otros tejidos, el cortisol penetra la membrana celular lipídica y se une a los receptores intracelulares de glucocorticoides (GR). La unión del cortisol al GR provoca un cambio conformacional en el receptor, liberándolo de las proteínas chaperonas (como la hsp90). El complejo cortisol-receptor se transloca entonces al núcleo celular, donde actúa como un factor de transcripción.

Dentro del núcleo, el complejo cortisol-receptor influye en la expresión génica a través de dos mecanismos principales: transactivación y transrepresión. La transactivación implica la unión del complejo a secuencias específicas del ADN conocidas como elementos de respuesta a glucocorticoides (GRE), lo que aumenta la transcripción de genes antiinflamatorios, como los que codifican la lipocortina-1 (anexina A1), que inhibe la actividad de la fosfolipasa A2, un paso clave en la producción de mediadores inflamatorios como las prostaglandinas y los leucotrienos. Este mecanismo es crucial para los efectos metabólicos y la regulación de la homeostasis.

Más importante para su efecto terapéutico antiinflamatorio e inmunosupresor es la transrepresión. Este mecanismo implica la interacción del complejo receptor de glucocorticoide activado con otros factores de transcripción proinflamatorios, como el Factor Nuclear kappa B (NF-κB) y AP-1. Al inhibir la actividad de estos factores, el cortisol suprime la expresión de genes que codifican citoquinas proinflamatorias (como IL-1, IL-6 y TNF-α), quimiocinas y moléculas de adhesión. Esta supresión generalizada de la maquinaria inflamatoria es lo que confiere a la cortisona su potente capacidad para mitigar los síntomas de las enfermedades autoinmunes y alérgicas.

Además de la modulación génica, los glucocorticoides tienen efectos no genómicos más rápidos, aunque menos comprendidos. A nivel celular, la cortisona (vía cortisol) reduce la migración y la actividad de los leucocitos, inhibe la proliferación de linfocitos T y causa la apoptosis de ciertas células inmunitarias. Estos efectos combinados resultan en una reducción de la permeabilidad vascular, una disminución del edema y una supresión global de la respuesta inmunitaria y la inflamación, lo que explica su eficacia en el tratamiento agudo de crisis inflamatorias.

5. Aplicaciones Terapéuticas

La cortisona, y más comúnmente su forma activa, el cortisol, se utiliza en medicina para dos propósitos principales: terapia de reemplazo hormonal y supresión farmacológica de la inflamación y la inmunidad. En la terapia de reemplazo, la cortisona se administra para sustituir la producción insuficiente de glucocorticoides en pacientes con insuficiencia suprarrenal (Enfermedad de Addison) o después de una adrenalectomía. Aunque el cortisol es a menudo el agente preferido, la cortisona oral puede utilizarse debido a su perfil de liberación y su necesidad de activación, que puede simular mejor el ritmo circadiano natural.

Como agente inmunosupresor y antiinflamatorio, la cortisona se prescribe para una vasta gama de condiciones. Su uso más conocido históricamente fue en el tratamiento de la artritis reumatoide. Otras indicaciones importantes incluyen enfermedades autoinmunes sistémicas como el lupus eritematoso sistémico, la polimialgia reumática y la vasculitis. También es crucial en el manejo de enfermedades inflamatorias crónicas del intestino (como la Enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa), trastornos pulmonares obstructivos (asma y EPOC), y ciertas afecciones dermatológicas graves.

En situaciones de emergencia, la administración de glucocorticoides es vital. Por ejemplo, en el shock anafiláctico o las reacciones de hipersensibilidad graves, los corticosteroides ayudan a estabilizar los mastocitos y reducir la respuesta inflamatoria sistémica. En oncología, los glucocorticoides se utilizan a menudo para reducir el edema cerebral asociado a tumores y para mitigar los efectos secundarios de la quimioterapia. Sin embargo, en la práctica clínica moderna, los análogos sintéticos de la cortisona (como la prednisona o la metilprednisolona) suelen ser preferidos debido a su mayor potencia, menor actividad mineralocorticoide y farmacocinética más predecible.

6. Efectos Secundarios y Riesgos

A pesar de su eficacia salvadora de vidas, el uso crónico de la cortisona y otros glucocorticoides está asociado con una amplia y significativa gama de efectos adversos, derivados de la amplificación de sus efectos fisiológicos normales. Los efectos secundarios se dividen generalmente en aquellos que resultan del exceso de glucocorticoides (síndrome de Cushing iatrogénico) y aquellos relacionados con la supresión del eje HPA. Los efectos a corto plazo incluyen el aumento del apetito, la retención de líquidos (edema), cambios de humor (euforia o depresión), insomnio e hiperglucemia (lo que puede precipitar o empeorar la diabetes).

El uso prolongado conlleva riesgos sistémicos graves. Uno de los más preocupantes es la osteoporosis inducida por esteroides, donde los glucocorticoides promueven la resorción ósea y disminuyen la formación de hueso, incrementando drásticamente el riesgo de fracturas. A nivel cardiovascular, pueden contribuir a la hipertensión, dislipidemia y aterosclerosis. A nivel muscular, provocan miopatía esteroidea, caracterizada por debilidad muscular proximal. La piel se vuelve más delgada y frágil, propensa a hematomas y cicatrización deficiente, mientras que a nivel ocular, existe el riesgo de desarrollar cataratas subcapsulares posteriores y glaucoma.

La supresión del eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA) es un riesgo inherente al tratamiento. La administración exógena de cortisona suprime la producción endógena de ACTH y, consecuentemente, la atrofia de la corteza suprarrenal. Si el fármaco se suspende abruptamente después de un uso prolongado, el cuerpo no puede producir suficiente cortisol para responder al estrés, lo que lleva a una crisis suprarrenal potencialmente mortal. Por esta razón, la retirada de la terapia con cortisona debe hacerse siempre de forma gradual y bajo estricta supervisión médica para permitir que el eje HPA recupere su función.

Finalmente, debido a sus potentes propiedades inmunosupresoras, la terapia con cortisona aumenta la susceptibilidad a las infecciones, tanto bacterianas como fúngicas y virales, y puede enmascarar los síntomas típicos de la inflamación y la fiebre, dificultando el diagnóstico de infecciones graves. El balance entre el beneficio terapéutico y el riesgo de los efectos secundarios requiere una cuidadosa monitorización y una estrategia de dosificación que minimice la exposición al fármaco, utilizando siempre la dosis efectiva más baja durante el menor tiempo posible.

7. Metabolismo y Farmacocinética

La cortisona, al ser un profármaco, exhibe una farmacocinética que depende crucialmente de su biotransformación. Tras la administración oral, la cortisona se absorbe bien en el tracto gastrointestinal. Una vez en la circulación sistémica, se une extensamente a proteínas plasmáticas, principalmente a la globulina transportadora de corticosteroides (CBG) y, en menor medida, a la albúmina. Esta unión es fundamental, ya que solo la fracción libre y no unida es biológicamente activa y capaz de ingresar a los tejidos diana para ser metabolizada.

El metabolismo primario ocurre en el hígado, donde la enzima 11β-HSD1 cataliza la conversión de cortisona inactiva a cortisol activo. Esta enzima es altamente expresada en el hígado, tejido adiposo visceral y el sistema nervioso central. La actividad de esta enzima puede variar entre individuos, afectando la biodisponibilidad y la eficacia terapéutica de la cortisona. Una vez activa, el cortisol es metabolizado posteriormente a metabolitos inactivos, conjugándose con ácido glucurónico o sulfato, lo que aumenta su solubilidad en agua y facilita su excreción.

La vida media de eliminación plasmática de la cortisona es relativamente corta. Sin embargo, lo que es más relevante clínicamente es su vida media biológica o el tiempo que tardan sus efectos en desaparecer. Los glucocorticoides se clasifican en función de su duración de acción biológica. La cortisona se considera un glucocorticoide de acción corta, con una duración de efecto antiinflamatorio que generalmente no supera las 12 a 18 horas. La excreción de los metabolitos inactivos se realiza principalmente a través de la orina. La función hepática y renal comprometida puede, por lo tanto, alterar significativamente la farmacocinética de la cortisona y requerir ajustes de dosis.

8. Importancia y Legado

El descubrimiento y la introducción clínica de la cortisona en 1948 no fue solo un avance médico, sino una revolución que redefinió el tratamiento de las enfermedades inflamatorias crónicas. Antes de la cortisona, afecciones como la artritis reumatoide a menudo llevaban a una discapacidad severa sin opciones terapéuticas efectivas. La capacidad de la cortisona para revertir la inflamación y el dolor de manera rápida y espectacular estableció un nuevo paradigma en la farmacología: el uso de hormonas para modular el sistema inmunológico.

El legado de la cortisona reside en haber sido el precursor de toda la clase de corticosteroides sintéticos. Los químicos farmacéuticos utilizaron la estructura básica de la cortisona y el cortisol como plantilla para crear análogos con propiedades mejoradas. Fármacos como la prednisona, la triamcinolona y la dexametasona ofrecen una mayor potencia, una vida media más larga y una disociación más favorable entre los efectos glucocorticoideos deseados y los efectos mineralocorticoideos no deseados. Estos análogos han superado en gran medida a la cortisona en la terapia antiinflamatoria sistémica, pero la cortisona sigue siendo fundamental para entender la fisiología del estrés y el metabolismo.

Más allá de la farmacología, el estudio de la cortisona y sus mecanismos de acción profundizó la comprensión de la endocrinología y la inmunología. Reveló la intrincada red de señalización que conecta el cerebro, las glándulas suprarrenales y el sistema inmunitario, consolidando el concepto del eje HPA. Aunque su uso ha disminuido en favor de compuestos más específicos, la cortisona permanece como un hito histórico y una herramienta esencial en la terapia de reemplazo hormonal, garantizando que el cuerpo mantenga la homeostasis ante la ausencia de una función suprarrenal adecuada.

Fuentes Adicionales

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memjavad (2025, November 25). cortisona – cortisone. Spanish Psychological Databases. https://spanish.arabpsychology.com/trm/cortisona-cortisone/
memjavad. “cortisona – cortisone.” Spanish Psychological Databases, 25 November 2025, https://spanish.arabpsychology.com/trm/cortisona-cortisone/.
memjavad. “cortisona – cortisone.” Spanish Psychological Databases. November 25, 2025. https://spanish.arabpsychology.com/trm/cortisona-cortisone/.