disosmia – dysosmia


Disosmia

Primary Disciplinary Field(s): Otorrinolaringología, Neurología, Fisiología Sensorial

1. Definición Central

La disosmia se define como una alteración cualitativa de la función olfativa, un trastorno en el que la percepción de los olores se encuentra distorsionada, aberrante o equivocada. A diferencia de las disfunciones olfativas cuantitativas, como la anosmia (pérdida total del olfato) o la hiposmia (reducción parcial), la disosmia implica que el paciente percibe un olor, pero este se interpreta de manera incorrecta o se evoca en ausencia de un estímulo externo real. Este concepto abarca principalmente dos categorías clínicas distintas, aunque relacionadas: la parosmia y la fantosmia, ambas indicativas de una disfunción en el procesamiento neural de la información quimiosensorial, ya sea a nivel periférico (epitelio olfatorio) o central (bulbo y corteza olfatoria). La comprensión de la disosmia es fundamental en la medicina moderna, especialmente tras el auge de las infecciones virales respiratorias que la han manifestado como secuela.

Este trastorno sensorial no solo afecta la capacidad de disfrutar los alimentos o identificar aromas agradables, sino que a menudo transforma olores cotidianos, como el café, el perfume o el gas natural, en sensaciones persistentemente desagradables, frecuentemente descritas como putrefactas, químicas o a quemado. Esta transformación negativa, conocida como cacosmia cuando la percepción es inherentemente desagradable, tiene un impacto significativo en la calidad de vida del paciente, afectando su nutrición, seguridad y bienestar psicológico. Es importante destacar que, aunque la disosmia es un síntoma, su presencia a menudo señala un daño subyacente o una reorganización anómala dentro del sistema olfatorio, lo que requiere una evaluación neurológica y otorrinolaringológica exhaustiva para descartar patologías graves.

Desde una perspectiva fisiológica, la disosmia representa un error en el código neural que traduce la señal química en una percepción consciente. En condiciones normales, las moléculas odorantes se unen a receptores específicos, generando patrones de actividad eléctrica que son interpretados por el bulbo olfatorio y, finalmente, por la corteza. En el caso de la disosmia, este proceso se ve comprometido; el estímulo correcto (o la ausencia de estímulo en la fantosmia) genera una señal errónea o caótica. El estudio de este fenómeno ha proporcionado valiosa información sobre la plasticidad del sistema olfatorio y cómo los axones de las neuronas sensoriales olfativas pueden regenerarse de manera aberrante después de una lesión, resultando en una sinapsis incorrecta o en una activación cruzada de circuitos neuronales.

2. Tipos y Manifestaciones Clínicas

La disosmia se clasifica primariamente en dos subgrupos basados en la presencia o ausencia de un estímulo odorante externo. La parosmia (o troposmia) se manifiesta cuando un olor real y presente en el ambiente es percibido como un olor diferente, generalmente desagradable. Esta es la forma más común de disosmia observada después de infecciones virales o traumatismos craneales leves. Los pacientes con parosmia a menudo reportan que olores previamente agradables o neutros, como el chocolate, la carne asada o los productos de limpieza, ahora huelen a humo, combustible, aguas residuales o cuerpos en descomposición. Esta distorsión es consistente y reproducible ante la presencia del mismo estímulo, lo que sugiere una reorganización defectuosa en el procesamiento neural periférico o central.

El segundo subtipo es la fantosmia, también conocida como alucinación olfativa. En este caso, el paciente percibe un olor en ausencia de cualquier estímulo odorante físico. Estos olores fantasma son frecuentemente unilaterales y suelen ser de naturaleza desagradable (cacosmia), aunque pueden ser neutros o incluso placenteros en raras ocasiones. A diferencia de la parosmia, la fantosmia a menudo tiene implicaciones neurológicas más profundas, ya que puede ser un síntoma de trastornos psiquiátricos, migrañas, o, más preocupantemente, un aura epiléptica focal que se origina en la corteza olfativa (lóbulo temporal). La persistencia y la intensidad de la fantosmia son factores cruciales para diferenciarla de las alucinaciones olfativas transitorias que pueden acompañar a la sinusitis severa o a ciertos medicamentos.

Clínicamente, la disosmia puede presentarse de forma leve o grave, y su curso temporal varía considerablemente. En el contexto post-infeccioso, la disosmia suele aparecer semanas o meses después de la recuperación de la hiposmia inicial, lo que se interpreta como un signo de que el sistema olfatorio está en proceso de regeneración. La intensidad de la distorsión puede fluctuar a lo largo del día y verse exacerbada por el estrés o la fatiga. La distinción precisa entre parosmia y fantosmia es vital para el diagnóstico, ya que la parosmia se relaciona más comúnmente con la regeneración periférica del epitelio, mientras que la fantosmia obliga al médico a investigar posibles patologías intracraneales que pudieran estar activando directamente los centros corticales olfativos sin entrada periférica.

3. Etiología y Factores de Riesgo

La etiología de la disosmia es multifactorial, aunque la causa más frecuente y reconocida es el daño a las neuronas sensoriales olfativas, a menudo resultado de una infección viral del tracto respiratorio superior. El virus SARS-CoV-2 ha emergido como un factor etiológico predominante en los últimos años, donde la inflamación y el daño secundario a las células de soporte del epitelio olfatorio desencadenan un proceso de regeneración que, al ser imperfecto, conduce a la disfunción cualitativa. Sin embargo, otros virus, como los rinovirus o los virus de la gripe, también son causas bien documentadas de disosmia post-viral.

Otra causa importante es el traumatismo craneoencefálico. Un golpe en la cabeza, incluso si es leve, puede provocar una cizalladura o desgarro de los filamentos del nervio olfatorio a medida que atraviesan la lámina cribosa del etmoides. Aunque el trauma inicialmente causa anosmia, la posterior regeneración axonal puede llevar a una conexión desorganizada con el bulbo olfatorio, donde un solo receptor puede ahora activar múltiples glomérulos o viceversa, resultando en una percepción distorsionada o parosmia. Además, las enfermedades crónicas nasales y sinusales, como la rinosinusitis crónica con pólipos, pueden causar disosmia debido a la inflamación persistente y la obstrucción que afecta el acceso de los odorantes al epitelio.

Finalmente, la disosmia puede ser un marcador de trastornos neurológicos o exposición a neurotoxinas. Condiciones neurodegenerativas como la enfermedad de Parkinson y, en menor medida, la enfermedad de Alzheimer, a menudo presentan disfunciones olfativas, aunque estas se manifiestan más frecuentemente como hiposmia. No obstante, la aparición de fantosmias requiere una investigación neurológica rigurosa, ya que pueden ser secundarias a tumores cerebrales (especialmente en el lóbulo temporal), abscesos, o lesiones vasculares que irritan directamente la corteza olfativa primaria. La exposición ocupacional a ciertos productos químicos volátiles o metales pesados también ha sido identificada como un factor de riesgo para el desarrollo de disosmia crónica.

4. Mecanismos Fisiopatológicos

El mecanismo fisiopatológico subyacente a la disosmia se centra en la regeneración aberrante del epitelio olfatorio. Después de un daño (ya sea viral, tóxico o traumático), las neuronas sensoriales olfativas (NSO) tienen la capacidad única de regenerarse a partir de células madre basales. En el proceso de regeneración, los axones de las nuevas NSO deben volver a encontrar y conectarse con el glomérulo correcto dentro del bulbo olfatorio. La hipótesis predominante de la parosmia sostiene que, durante esta regeneración, los axones se “malencaminan”, es decir, se conectan a un glomérulo diferente al que deberían, o que un solo glomérulo recibe entradas de múltiples tipos de receptores. Este “cableado incorrecto” provoca que un único odorante active un patrón de glomérulos que normalmente codificaría un olor completamente diferente, resultando en la distorsión perceptiva.

En el caso de la fantosmia, los mecanismos son más complejos y a menudo se centran en la hiperexcitabilidad neural. Una teoría sugiere que las neuronas sensoriales olfativas o las neuronas del bulbo olfatorio se vuelven espontáneamente activas o hipersensibles después de una denervación parcial, generando una señal de olor en ausencia de un estímulo. A nivel central, la fantosmia puede ser causada por una activación ectópica de las neuronas en la corteza olfativa primaria o secundaria. Cuando la fantosmia es un fenómeno epiléptico, la descarga eléctrica anormal en el lóbulo temporal provoca la activación directa de los circuitos de percepción del olor. Esta activación no sigue la vía normal de transducción periférica, sino que se origina en el cerebro, lo que explica la percepción unilateral y a menudo breve pero intensa del olor fantasma.

Existe también evidencia que apunta a un desequilibrio entre los sistemas de excitación e inhibición dentro del bulbo olfatorio como contribuyente a la disosmia. La pérdida de neuronas interneuronales inhibitorias, como las células periglomerulares o granulares, podría desinhibir los circuitos, permitiendo que señales débiles o aberrantes se amplifiquen y se traduzcan en una percepción distorsionada. La investigación actual también explora el papel de la inflamación crónica y la neuroinflamación en el mantenimiento de la disosmia, sugiriendo que las citocinas y las respuestas inmunitarias pueden alterar la función normal de las sinapsis y la capacidad de modulación del sistema olfatorio central, lo que dificulta la recuperación funcional completa.

5. Diagnóstico y Evaluación

El diagnóstico de la disosmia comienza con una historia clínica detallada, enfocándose en la naturaleza de la distorsión (parosmia o fantosmia), su inicio (post-viral, post-traumático, o espontáneo), y la presencia de síntomas neurológicos concomitantes. Es crucial determinar si la percepción es constante o intermitente y si existe algún factor desencadenante conocido. La evaluación otorrinolaringológica incluye una endoscopia nasal para descartar enfermedades sinonasales activas, como pólipos o sinusitis, que puedan estar contribuyendo a la disfunción.

La evaluación objetiva de la función olfativa se realiza mediante pruebas psicofísicas estandarizadas. Aunque la mayoría de estas pruebas están diseñadas para medir umbrales y capacidades de identificación (disfunciones cuantitativas), son útiles para confirmar la presencia de una disfunción olfativa general. Herramientas como los “Sniffin’ Sticks” o las pruebas de identificación de olores de la Universidad de Pensilvania (UPSIT) pueden ayudar a cuantificar la hiposmia o anosmia subyacente que a menudo precede a la disosmia. Para la parosmia, a veces se utilizan pruebas de “distorsión” donde se presentan olores comunes para que el paciente describa la calidad de la percepción.

Cuando se sospecha una etiología neurológica (especialmente en casos de fantosmia o disosmia sin causa periférica clara), las técnicas de imagen son indispensables. La resonancia magnética (RM) del cerebro y del bulbo olfatorio es la herramienta de elección para visualizar el estado del bulbo olfatorio (atrofia o inflamación) y descartar lesiones intracraneales como tumores, malformaciones vasculares o signos de epilepsia del lóbulo temporal. En algunos casos, se puede requerir un electroencefalograma (EEG) para investigar la actividad convulsiva subyacente que podría estar causando las fantosmias.

6. Tratamiento y Manejo

El tratamiento de la disosmia es un desafío debido a la naturaleza de la lesión neural y la regeneración aberrante. El enfoque principal se centra en la recuperación espontánea y la promoción de una reorganización neuronal más funcional. La estrategia más ampliamente aceptada y respaldada por la evidencia para la disosmia post-viral o post-traumática es el entrenamiento olfatorio. Este método consiste en la exposición diaria y sistemática del paciente a un conjunto de olores intensos y puros (típicamente rosa, eucalipto, limón y clavo) durante varios meses. La repetición busca estimular la neuroplasticidad y facilitar la reconexión correcta de los axones, “recalibrando” el sistema olfatorio central.

El manejo farmacológico es limitado y a menudo empírico. En casos donde la disosmia está asociada con una inflamación persistente del epitelio olfatorio, se pueden prescribir ciclos cortos de corticosteroides orales o tópicos, aunque su eficacia en la disosmia crónica es debatible. Para la fantosmia, especialmente si es grave y persistente, se pueden probar medicamentos neurológicos. Los anticonvulsivos, como la gabapentina o la pregabalina, han mostrado cierto éxito en la reducción de la frecuencia de los episodios de fantosmia al estabilizar la excitabilidad neuronal. Sin embargo, estos tratamientos deben sopesarse cuidadosamente debido a los posibles efectos secundarios sistémicos.

En situaciones donde la disosmia es secundaria a una patología subyacente clara, el tratamiento se dirige a la causa primaria. Por ejemplo, si la disosmia es causada por una rinosinusitis crónica severa, el manejo médico agresivo o la cirugía endoscópica sinusal pueden aliviar la inflamación y mejorar la ventilación, favoreciendo la recuperación olfativa. Para las fantosmias causadas por tumores o focos epilépticos, la resección quirúrgica o el manejo neurológico especializado son esenciales. Es fundamental el apoyo psicológico, ya que la disosmia crónica, especialmente la parosmia cacosmia, puede llevar a la depresión y la ansiedad, requiriendo intervención conductual para manejar la aversión a los alimentos y el aislamiento social.

7. Impacto y Calidad de Vida

El impacto de la disosmia en la calidad de vida es profundo y multifacético, afectando aspectos físicos, psicológicos y sociales. Físicamente, la distorsión del sabor y el olor a menudo conduce a una aversión alimentaria significativa. Los pacientes reportan que la mayoría de los alimentos básicos (carne, café, cebolla) adquieren un sabor repulsivo, lo que puede llevar a dietas restrictivas, pérdida de peso, y en casos extremos, desnutrición. La incapacidad de disfrutar la comida también socava los placeres sociales asociados con la alimentación y la cocina, contribuyendo al aislamiento.

Desde una perspectiva de seguridad, la disosmia representa un riesgo considerable. La incapacidad de percibir correctamente olores de advertencia, como el humo de un incendio, el gas natural o los alimentos en mal estado, pone en peligro la vida del paciente y la de quienes lo rodean. Los pacientes disósmicos a menudo deben depender de detectores de humo y gas y de la inspección visual de los alimentos, lo que añade una carga cognitiva constante a la vida diaria.

Psicológicamente, la disosmia crónica se asocia con altas tasas de ansiedad y depresión. La naturaleza persistente y a menudo intrusiva de los olores desagradables (especialmente en la fantosmia cacosmia) es una fuente constante de estrés y frustración. La falta de comprensión pública y médica sobre la gravedad de la disfunción olfativa a menudo lleva a los pacientes a sentirse invalidados o incomprendidos, exacerbando el deterioro de su bienestar emocional y su capacidad para interactuar socialmente.

8. Lecturas Adicionales

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memjavad (2026, January 2). disosmia – dysosmia. Spanish Psychological Databases. https://spanish.arabpsychology.com/trm/disosmia-dysosmia/
memjavad. “disosmia – dysosmia.” Spanish Psychological Databases, 2 January 2026, https://spanish.arabpsychology.com/trm/disosmia-dysosmia/.
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