encopresis – encopresis


Encopresis

Primary Disciplinary Field(s): Pediatría, Psiquiatría Infantil, Gastroenterología.

1. Definición Central y Clasificación Diagnóstica

La encopresis, también conocida formalmente como incontinencia fecal no orgánica, constituye un trastorno pediátrico caracterizado por la deposición repetida e involuntaria (o, menos frecuentemente, voluntaria) de heces en lugares inapropiados, como la ropa interior o el suelo, después de la edad en la que se espera que el control intestinal haya sido adquirido. Generalmente, este diagnóstico no se aplica a niños menores de cuatro años de edad cronológica o mental equivalente, ya que la madurez fisiológica y conductual para el control de esfínteres se establece típicamente alrededor de esta edad. Es crucial diferenciar la encopresis de la incontinencia fecal causada por afecciones médicas orgánicas, como anomalías anatómicas o enfermedades neurológicas, aunque la encopresis funcional es, con mucho, la presentación más común y la que aborda primariamente este concepto académico.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), para establecer un diagnóstico de encopresis, los episodios de incontinencia deben ocurrir al menos una vez al mes durante un mínimo de tres meses consecutivos. Además, el criterio diagnóstico exige que la conducta no sea atribuible exclusivamente a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (como laxantes) o a otra afección médica, excepto a través de un mecanismo que implique estreñimiento. La persistencia de este comportamiento, que a menudo se percibe como intencional por los padres, pero que raramente lo es, requiere una intervención multidisciplinaria debido a sus complejas raíces fisiológicas, conductuales y psicológicas. La comprensión de este trastorno ha evolucionado significativamente, pasando de ser visto primariamente como un problema conductual a reconocer su fuerte base en el manejo crónico del estreñimiento y la impactación fecal.

La encopresis funcional se divide primariamente en dos subtipos basados en la presencia o ausencia de estreñimiento y retención: la encopresis retentiva (asociada a estreñimiento) y la encopresis no retentiva. La distinción es fundamental porque determina el enfoque terapéutico. La forma retentiva es, con diferencia, la más frecuente, representando más del 80% de todos los casos diagnosticados. Este subtipo implica un ciclo vicioso donde la retención de heces provoca dilatación rectal, pérdida de sensibilidad y, finalmente, el escape involuntario de heces líquidas (rebasamiento) alrededor del bolo fecal impactado. La encopresis no retentiva, menos común, suele estar más vinculada a factores conductuales o psicológicos primarios, aunque siempre requiere una exclusión rigurosa de causas orgánicas subyacentes.

2. Etiología y Factores de Riesgo

La etiología de la encopresis retentiva es multifactorial, pero el factor desencadenante principal es el estreñimiento crónico. Cuando el niño experimenta dolor al defecar debido a heces duras o voluminosas, desarrolla un miedo al dolor (disquecia) y comienza a retener voluntariamente las heces. Esta retención inicial, que puede ser consciente, conduce a la acumulación de un gran bolo fecal en el recto. Con el tiempo, la distensión crónica del recto provoca que las paredes rectales se estiren, reduciendo la sensibilidad a la presencia de heces. La sensación de urgencia defecatoria disminuye o desaparece, y el niño pierde la capacidad de reconocer cuándo el recto está lleno, perpetuando el ciclo de retención y megarecto.

Existen diversos factores de riesgo que contribuyen al desarrollo del estreñimiento inicial y, consecuentemente, a la encopresis. Entre los factores dietéticos se incluye una ingesta inadecuada de fibra y líquidos, que endurece las heces y dificulta su paso. Los factores conductuales y ambientales son igualmente importantes; por ejemplo, la evitación de utilizar baños escolares o públicos, o la interrupción abrupta o coercitiva del entrenamiento de control de esfínteres, lo que puede generar ansiedad asociada al acto de defecar. El estrés psicosocial, como el nacimiento de un hermano, el divorcio de los padres o cambios escolares, también puede exacerbar la tendencia a la retención al aumentar la tensión muscular general y la evitación de las rutinas de baño. En el subtipo no retentivo, los factores psicológicos y conductuales, como el desafío o el trastorno negativista desafiante, pueden jugar un papel más prominente, aunque esto es raro y requiere una evaluación psiquiátrica exhaustiva para descartar comorbilidades.

La fisiopatología del rebasamiento es clave para entender la encopresis retentiva. A medida que el bolo fecal impactado se vuelve masivo y seco, las heces más líquidas producidas más arriba en el colon logran filtrarse alrededor de la masa retenida. Este material líquido desborda el bolo y pasa involuntariamente a través del esfínter anal, el cual está crónicamente relajado debido a la distensión. Este escape no es una deposición completa, sino un “manchado” o “fuga” que el niño no puede controlar porque el mecanismo de sensibilidad y contracción voluntaria del esfínter ha sido comprometido por la retención prolongada. Este proceso explica por qué los niños con encopresis retentiva a menudo tienen heces duras y voluminosas retenidas, mientras que el escape es líquido o semilíquido, lo que a menudo lleva a diagnósticos erróneos de diarrea.

3. Desarrollo Histórico y Terminología

El reconocimiento de la incontinencia fecal en la infancia como una entidad clínica distinta tiene raíces que se remontan al siglo XIX, aunque la terminología específica y la comprensión de su fisiopatología se consolidaron en el siglo XX. Inicialmente, muchos casos de incontinencia fecal en niños eran clasificados simplemente como “malos hábitos”, asociados con negligencia parental o directamente con trastornos psiquiátricos severos, sin reconocer la base fisiológica del estreñimiento crónico que subyace a la mayoría de los casos. Esta perspectiva histórica a menudo llevaba a tratamientos punitivos o exclusivamente psicológicos que resultaban ineficaces o perjudiciales para el bienestar emocional del niño.

El término “encopresis” (del griego en, dentro, y kopros, heces) fue acuñado en 1926 por el pediatra alemán Theodor H. Scharwz. Su introducción ayudó a diferenciar la incontinencia fecal de la enuresis (incontinencia urinaria), proporcionando una etiqueta médica específica. Sin embargo, durante las décadas siguientes, la escuela psicoanalítica, influenciada por las teorías freudianas sobre la fase anal, tendió a interpretar la encopresis como una manifestación de conflicto psicológico, agresión reprimida o resistencia al control parental, especialmente si era de inicio secundario (después de un periodo de control adquirido). Esta visión dominó la literatura psiquiátrica durante mucho tiempo, minimizando la importancia de los factores gastrointestinales y centrando la intervención en el conflicto emocional.

El cambio paradigmático crucial ocurrió a finales del siglo XX, cuando la investigación pediátrica, particularmente en gastroenterología, demostró de manera concluyente que la vasta mayoría de los casos de encopresis (la forma retentiva) eran una consecuencia directa del estreñimiento funcional crónico y la impactación fecal. Esta evidencia llevó a una reorientación del tratamiento, priorizando la desimpactación y el mantenimiento intestinal antes que la intervención psicológica. Hoy en día, la terminología más precisa utilizada en contextos médicos es a menudo “incontinencia fecal funcional asociada a estreñimiento”, aunque “encopresis” sigue siendo el término diagnóstico estándar en el DSM-5 y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), reconociendo la necesidad de una etiqueta que abarque tanto los aspectos fisiológicos como los conductuales asociados.

4. Manifestaciones Clínicas y Tipos

Las manifestaciones clínicas de la encopresis varían según el subtipo. En la encopresis retentiva, el síntoma más evidente es el manchado de la ropa interior, que a menudo se describe como un olor persistente o heces líquidas que parecen diarrea. Paradójicamente, el niño puede pasar días sin defecar o pasar heces extremadamente grandes y dolorosas (megacolon adquirido), lo que refuerza su comportamiento de retención. Otros síntomas asociados a la impactación fecal incluyen dolor abdominal crónico o recurrente, distensión abdominal, disminución del apetito (debido a la presión de la masa fecal sobre otros órganos abdominales) y, en ocasiones, infecciones del tracto urinario secundarias debido a la presión que el bolo fecal ejerce sobre la vejiga.

La encopresis no retentiva se caracteriza por la ausencia de estreñimiento crónico y megarecto. En este subtipo, los episodios de deposición inapropiada son menos frecuentes, no suelen implicar el rebasamiento de heces impactadas, y a menudo son heces de consistencia normal. Este tipo es mucho más raro y se asocia típicamente con problemas conductuales, como la falta de motivación para ir al baño, la negligencia o, en casos muy limitados, una respuesta desafiante. La evaluación de este subtipo debe ser extremadamente cuidadosa para asegurarse de que no se ha pasado por alto un estreñimiento subclínico o una causa orgánica leve, y a menudo requiere una evaluación psiquiátrica más profunda para descartar trastornos conductuales comórbidos o trauma.

Independientemente del tipo, la presentación clínica incluye síntomas conductuales y emocionales significativos. Los niños afectados a menudo experimentan vergüenza, baja autoestima y retraimiento social. Pueden evitar actividades fuera de casa, como pijamadas o campamentos escolares, por miedo al accidente. Los padres, por su parte, pueden experimentar frustración, rabia o sentimientos de culpa, lo que deteriora la dinámica familiar y exacerba la tensión en el hogar. Es fundamental reconocer que el niño con encopresis retentiva, que constituye la mayoría de los casos, no está actuando intencionalmente, sino que ha perdido el control fisiológico debido a la cronicidad del estreñimiento y la subsiguiente desensibilización rectal.

5. Evaluación y Diagnóstico Diferencial

El diagnóstico de encopresis es fundamentalmente clínico y requiere una historia detallada obtenida tanto del niño como de los cuidadores. La evaluación debe comenzar con una historia médica exhaustiva que determine la edad de inicio de los síntomas, la frecuencia de los episodios, la consistencia de las heces (utilizando la escala de Bristol), los hábitos dietéticos y la historia del entrenamiento de control de esfínteres. Es crucial preguntar sobre la presencia de dolor durante la defecación (un indicador primario de retención) y la frecuencia de defecación exitosa. La historia debe diferenciar claramente si el manchado es de heces líquidas y malolientes (sugiriendo rebasamiento) o de heces formadas (sugiriendo encopresis no retentiva o causas orgánicas).

El examen físico es esencial para confirmar la presencia de retención. Un examen abdominal puede revelar una masa fecal palpable en el cuadrante inferior izquierdo o a lo largo del colon, lo que indica impactación significativa. El examen rectal digital, aunque a veces incómodo para el niño, es fundamental para evaluar el tono del esfínter y la presencia de impactación fecal en la ampolla rectal. Un recto dilatado y lleno de heces, incluso después de que el niño haya “defecado” recientemente, es altamente indicativo de encopresis retentiva. La inspección de la región perianal también permite descartar fisuras anales o hemorroides que podrían haber iniciado el ciclo de retención por dolor. En la mayoría de los casos de encopresis funcional retentiva, no se requieren estudios de imagen o laboratorios, pero pueden ser útiles en casos atípicos.

El diagnóstico diferencial es amplio y debe excluir causas orgánicas de incontinencia fecal, aunque estas son raras. Las afecciones que deben considerarse incluyen la enfermedad de Hirschsprung (aunque generalmente se presenta en la infancia temprana con estreñimiento intratable y ausencia de células ganglionares), mielomeningocele u otras lesiones de la médula espinal que afectan la inervación intestinal, parálisis cerebral, y anomalías anatómicas del ano y recto. Si la historia clínica o el examen físico sugieren una causa orgánica, pueden ser necesarias pruebas complementarias, como radiografías abdominales (para confirmar la carga fecal y el megarecto), manometría anorrectal (para evaluar la función muscular y la sensibilidad) o estudios de tránsito colónico. Es vital asegurarse de que la incontinencia no sea secundaria a un trastorno neurológico o estructural antes de confirmar el diagnóstico de encopresis funcional.

6. Abordaje Terapéutico

El tratamiento de la encopresis funcional es típicamente largo (a menudo de 6 a 12 meses o más) y requiere un enfoque escalonado y multidisciplinario que involucra a la familia, el pediatra, y, en muchos casos, a un gastroenterólogo o un psicólogo infantil. El tratamiento se centra en tres fases principales: desimpactación, terapia de mantenimiento y modificación conductual, y debe comenzar con una educación exhaustiva de la familia sobre la fisiología del trastorno para reducir la culpa y la frustración.

La Fase 1, Desimpactación, es la prioridad inmediata en la encopresis retentiva. El objetivo es eliminar el bolo fecal impactado para permitir que el recto recupere su tamaño y sensibilidad normales. Esto se logra típicamente mediante el uso de altas dosis de laxantes osmóticos, como el polietilenglicol (PEG), administrados oralmente durante varios días, o, en casos severos o cuando la vía oral es insuficiente, mediante enemas o supositorios administrados bajo supervisión médica. Es fundamental que los padres comprendan que el aumento de la incontinencia durante esta fase es normal y temporal, ya que el recto se está vaciando y el control aún no se ha restablecido.

La Fase 2, Terapia de Mantenimiento, comienza inmediatamente después de la desimpactación y es la más crucial para prevenir la recurrencia. Implica el uso diario y a largo plazo de laxantes (generalmente PEG, lactulosa o hidróxido de magnesio) en dosis suficientes para asegurar que las heces sean blandas y fáciles de pasar, evitando así el dolor y la retención. Esta fase debe durar al menos seis meses, y a menudo más de un año, para permitir que el recto se recupere completamente. Paralelamente, se implementa un programa de reentrenamiento intestinal, que incluye sentarse en el inodoro durante 5 a 10 minutos, generalmente después de las comidas (aprovechando el reflejo gastrocólico), en un ambiente de apoyo y sin presión, asegurando que los pies del niño estén bien apoyados.

7. Impacto Psicosocial y Pronóstico

El impacto psicosocial de la encopresis es profundo y afecta tanto al niño como a su entorno familiar y social. Los niños que sufren de esta condición a menudo enfrentan el estigma social y el ridículo por parte de sus compañeros, lo que lleva a un deterioro significativo de la autoestima, vergüenza y al aislamiento social. La ansiedad y la depresión pueden ser comorbilidades comunes, especialmente si el trastorno persiste más allá de la infancia temprana. La vergüenza puede llevar a evitar actividades sociales, como fiestas de cumpleaños o actividades deportivas, limitando el desarrollo social normal del niño.

A nivel familiar, la encopresis puede generar un ciclo de tensión y conflicto. Los padres a menudo se sienten agotados, frustrados y pueden malinterpretar el comportamiento como pereza, rebeldía o malicia, lo que resulta en castigos ineficaces y perjudiciales para la relación. La educación familiar sobre la naturaleza involuntaria y fisiológica de la encopresis retentiva es esencial para romper este ciclo y restablecer una relación de apoyo y colaboración. La intervención psicológica temprana, a menudo a través de la terapia cognitivo-conductual o el biofeedback (en casos resistentes), es vital para mitigar estos efectos secundarios emocionales y conductuales, asegurando que el niño no desarrolle una aversión duradera al uso del baño o problemas de imagen corporal.

En cuanto al pronóstico, la encopresis funcional tiene una tasa de éxito muy alta cuando se sigue rigurosamente el protocolo de desimpactación y mantenimiento. La mayoría de los niños (alrededor del 80% al 90%) logran la continencia fecal completa si se adhieren al tratamiento con laxantes y al reentrenamiento conductual durante el tiempo recomendado. Sin embargo, la recurrencia es común si el tratamiento se interrumpe prematuramente o si los padres reducen la dosis de laxantes tan pronto como cesa el manchado. Un pequeño porcentaje de casos puede persistir en la adolescencia o requerir manejo a largo plazo, especialmente si existen factores psicológicos o comorbilidades no resueltas. El factor pronóstico más importante es la adhesión familiar al régimen de mantenimiento, lo que subraya la necesidad de un enfoque educativo y de apoyo constante por parte del equipo médico.

8. Key Characteristics

  • Incontinencia Fecal Inapropiada: Deposición de heces en lugares inadecuados, como la ropa interior, después de la edad de control intestinal esperada (típicamente 4 años).
  • Cronicidad: Los incidentes deben ocurrir al menos una vez al mes durante un mínimo de tres meses para cumplir los criterios diagnósticos del DSM-5.
  • Asociación Fisiológica: La gran mayoría de los casos son de tipo retentivo, causados por estreñimiento crónico, impactación fecal y subsiguiente rebasamiento involuntario.
  • Ausencia de Causa Orgánica Primaria: Exclusión de enfermedades neurológicas, anatómicas o metabólicas como causa directa de la incontinencia.

9. Lecturas Adicionales

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memjavad. “encopresis – encopresis.” Spanish Psychological Databases, 24 January 2026, https://spanish.arabpsychology.com/trm/encopresis-encopresis/.
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