enfermedad de Borna – borna disease
- Enfermedad de Borna (EB)
- 1. Definición Central
- 2. Etiología: El Virus de la Enfermedad de Borna (Bornaviridae)
- 3. Etimología e Historia
- 4. Epidemiología y Transmisión
- 5. Patogénesis y Manifestaciones Clínicas
- 6. Diagnóstico y Detección
- 7. Tratamiento y Prevención
- 8. Relevancia Humana y Zoonosis
- Lecturas Adicionales
Enfermedad de Borna (EB)
Primary Disciplinary Field(s): Virología, Neurología Veterinaria, Medicina Infecciosa
1. Definición Central
La Enfermedad de Borna (EB) es una encefalomielitis progresiva, grave y a menudo mortal, que afecta principalmente a mamíferos, siendo los équidos (caballos) y los óvidos (ovejas) las especies más comúnmente diagnosticadas. Esta patología neurológica es causada por el Virus de la Enfermedad de Borna 1 (BDV-1), un agente infeccioso neurotrópico perteneciente a la familia Bornaviridae. La EB se distingue por su mecanismo patogénico único, que implica una infección persistente y no citolítica de las neuronas del sistema nervioso central (SNC), lo que desencadena una respuesta inmunitaria mediada por células T del huésped. Es esta inflamación inmunomediada, más que el daño viral directo, la responsable de las manifestaciones clínicas características, que incluyen trastornos graves del comportamiento, ataxia y disfunción motora progresiva. La enfermedad representa un desafío significativo en la medicina veterinaria debido a su alta letalidad y la dificultad en el diagnóstico temprano, ya que su presentación clínica puede simular otras encefalopatías.
El BDV-1, y la enfermedad que provoca, han sido objeto de intensa investigación, no solo por su impacto en la salud animal, sino también por una histórica y controvertida asociación con trastornos neuropsiquiátricos en humanos, como la depresión y la esquizofrenia, aunque esta conexión directa ha sido mayormente desacreditada en estudios moleculares recientes. No obstante, el descubrimiento de otros bornavirus zoonóticos dentro de la misma familia ha mantenido la relevancia de la EB como un modelo crucial para el estudio de las infecciones virales persistentes del SNC y la interacción virus-huésped en el contexto de la neuroinflamación. La infección por BDV-1 se caracteriza por una distribución geográfica tradicionalmente restringida a ciertas regiones de Europa central, aunque la identificación de nuevos bornavirus en otras especies y continentes sugiere una diversidad y un alcance epidemiológico mucho más amplios de la familia Bornaviridae en general.
2. Etiología: El Virus de la Enfermedad de Borna (Bornaviridae)
El agente causal prototípico de la EB es el BDV-1, un virus de ARN monocatenario, de sentido negativo y no segmentado, que constituye el género tipo de la familia Bornaviridae. Una característica molecular notable y distintiva del BDV-1, que lo diferencia de la mayoría de los virus de ARN de sentido negativo (como los rhabdovirus o filovirus), es su capacidad para replicar su genoma y transcribir sus genes exclusivamente dentro del núcleo celular del huésped. Para lograr esto, el BDV-1 requiere la maquinaria de empalme del huésped, un mecanismo altamente inusual para este grupo viral. El genoma del BDV-1 codifica al menos seis proteínas estructurales y no estructurales, designadas N (nucleoproteína), P (fosfoproteína), M (proteína de matriz), G (glicoproteína de envoltura), L (polimerasa) y X (una proteína accesoria).
La nucleoproteína (N) es particularmente importante, ya que se asocia estrechamente con el ARN genómico para formar el complejo ribonucleoproteico (RNP), el cual es el sustrato para la replicación y transcripción viral en el núcleo. La proteína G es esencial para la entrada viral, mediando la unión a un receptor celular aún no completamente caracterizado en todas las especies. La familia Bornaviridae ha crecido significativamente en las últimas décadas con el descubrimiento de géneros y especies adicionales, como el Virus de la Enfermedad de Borna de aves (ABDV), que causa la enfermedad de los temblores en psitácidas, y diversos bornavirus de musarañas (p. ej., VSBV), confirmando que la familia es mucho más diversa de lo que se creía originalmente y que sus miembros tienen la capacidad de causar encefalitis fatales en una amplia gama de huéspedes, incluyendo primates y humanos.
3. Etimología e Historia
El nombre de la enfermedad de Borna se deriva de la pequeña ciudad de Borna, ubicada en el estado de Sajonia, Alemania, cerca de Leipzig. Fue en esta región donde se registró en 1894 un brote devastador que afectó a la caballería militar prusiana. Cientos de caballos murieron con síntomas neurológicos agudos, lo que obligó a una investigación exhaustiva por parte de las autoridades veterinarias. Aunque el brote de 1894 fue el que fijó el nombre, informes retrospectivos indican que la enfermedad ya había sido reconocida de forma esporádica en Europa Central desde al menos el siglo XVIII, donde era conocida localmente como “enfermedad del tambaleo” o “fiebre cerebral”.
Los esfuerzos iniciales para identificar la causa fueron infructuosos, pero en las décadas siguientes se demostró que el agente etiológico era filtrable, lo que confirmaba su naturaleza subcelular (viral). No fue hasta 1926 que se logró la transmisión experimental exitosa del agente a conejos y otros animales de laboratorio, sentando las bases para el estudio virológico. Sin embargo, la caracterización molecular completa del BDV-1 y su clasificación dentro de un nuevo orden viral (Mononegavirales) no se completó hasta finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, coincidiendo con avances significativos en la biología molecular que permitieron secuenciar el genoma viral. Este proceso histórico subraya la naturaleza elusiva del virus y su capacidad para evadir la detección y caracterización durante casi un siglo.
4. Epidemiología y Transmisión
La epidemiología clásica de la Enfermedad de Borna se centra en su carácter enzoótico en regiones específicas de Europa Central, particularmente Alemania, Austria y Suiza. La enfermedad muestra una marcada estacionalidad, con la mayoría de los casos clínicos en équidos y óvidos observados durante la primavera y el verano. Este patrón estacional sugiere una fuerte dependencia de un reservorio animal o de un vector ambiental que está más activo durante los meses cálidos.
Aunque el BDV-1 puede infectar a una amplia gama de especies (incluyendo conejos, gatos y primates en condiciones experimentales), los huéspedes naturales de la enfermedad clínica son principalmente los caballos y las ovejas. El reservorio natural del BDV-1 ha sido históricamente difícil de identificar, pero la evidencia molecular y serológica reciente ha señalado a la musaraña báltica (Crocidura russula) y otras especies de musarañas como los reservorios más probables en Europa. Se cree que la transmisión a los huéspedes terminales (caballos y ovejas) ocurre a través del contacto con las excreciones (saliva, orina o heces) de las musarañas portadoras. Una vez que el virus ingresa al huésped terminal, se propaga por las vías nerviosas periféricas (posiblemente a través del nervio olfatorio o los nervios craneales) hasta alcanzar el SNC, donde establece su infección persistente. La EB no se considera generalmente transmisible de caballo a caballo, lo que refuerza el papel crucial del reservorio silvestre en el ciclo de infección.
5. Patogénesis y Manifestaciones Clínicas
La patogénesis del BDV-1 es única y compleja. Tras la entrada al SNC, el virus se replica en el núcleo de las neuronas, pero no induce una lisis celular significativa (es decir, es una infección no citolítica). La clave de la enfermedad radica en la respuesta inmunitaria del huésped. La persistencia de los antígenos virales en las neuronas del SNC activa una potente respuesta inflamatoria mediada por linfocitos T citotóxicos (CD8+). Estos linfocitos T atacan las células infectadas, resultando en una meningoencefalomielitis no supurativa, caracterizada por infiltrados perivasculares de células mononucleares y la presencia de cuerpos de inclusión intranucleares (cuerpos de Joest-Degen) en las neuronas del hipocampo y la corteza.
Las manifestaciones clínicas en los équidos suelen comenzar de forma insidiosa y progresan rápidamente. Los síntomas se dividen típicamente en tres fases. La fase inicial incluye fiebre, anorexia y letargo. La fase intermedia está dominada por los signos neurológicos y de comportamiento: cambios drásticos de temperamento (desde depresión profunda hasta hiperexcitabilidad o agresividad), marcha incoordinada (ataxia), movimientos masticatorios anormales y deglución dificultosa. En la fase terminal, se observan parálisis, postración, ceguera aparente y convulsiones, culminando en la muerte en la mayoría de los casos no tratados en un plazo de una a tres semanas. En las ovejas, los síntomas son similares, aunque a menudo más caracterizados por movimientos de presión de la cabeza contra objetos y parálisis flácida.
6. Diagnóstico y Detección
El diagnóstico definitivo de la Enfermedad de Borna puede ser un desafío en la clínica, especialmente en las etapas tempranas, debido a la inespecificidad de los síntomas iniciales, que pueden confundirse con otras encefalopatías virales o tóxicas (como la rabia o la encefalomielitis equina). El diagnóstico se basa en una combinación de hallazgos clínicos, serología, histopatología y técnicas moleculares.
En animales vivos, el diagnóstico se apoya en la detección de anticuerpos específicos (IgG e IgM) contra el BDV-1 en el suero y, crucialmente, en el líquido cefalorraquídeo (LCR). La detección de anticuerpos intratecales (producidos localmente en el SNC) es altamente indicativa de la infección activa. Sin embargo, la herramienta diagnóstica más sensible y específica es la reacción en cadena de la polimerasa con transcripción inversa (RT-PCR), que permite detectar el ARN viral en muestras de tejido cerebral (post-mortem) o en el LCR. La histopatología post-mortem revela la encefalomielitis no supurativa característica y la presencia de los cuerpos de inclusión de Joest-Degen, aunque estos últimos no son siempre evidentes en todos los casos. La combinación de técnicas serológicas y moleculares es fundamental para diferenciar la EB de otras enfermedades neurológicas endémicas.
7. Tratamiento y Prevención
Actualmente, el tratamiento para la Enfermedad de Borna en animales es predominantemente de soporte, centrado en el manejo sintomático y la minimización del sufrimiento. Una vez que se manifiestan los signos neurológicos graves, el pronóstico es extremadamente reservado y la tasa de mortalidad es alta. En el ámbito experimental, se ha demostrado que el antiviral ribavirina posee actividad inhibitoria contra el BDV-1 al interferir con la polimerasa viral. No obstante, la eficacia clínica de la ribavirina en el tratamiento de casos naturales de EB en équidos o la capacidad de revertir el daño neurológico establecido es limitada y no se utiliza de forma rutinaria.
La prevención se centra en la bioseguridad y la gestión del riesgo de exposición. Dado que el reservorio natural parece ser la musaraña, las medidas preventivas incluyen limitar el acceso de los animales susceptibles a áreas donde las musarañas son prevalentes y gestionar el almacenamiento de alimentos para evitar la contaminación por excreciones de roedores y musarañas. Históricamente, se han desarrollado vacunas inactivadas contra la EB, especialmente en Alemania, que han mostrado cierta eficacia en la reducción de la incidencia en áreas enzoóticas. Sin embargo, la vacunación no está disponible a nivel mundial y su uso es esporádico. La vigilancia epidemiológica activa sigue siendo la herramienta más importante para controlar los brotes en las regiones endémicas.
8. Relevancia Humana y Zoonosis
Durante décadas, la Enfermedad de Borna fue objeto de intensa especulación respecto a su posible papel como zoonosis causante de trastornos psiquiátricos en humanos. A partir de los años 80 y 90, varios estudios serológicos informaron de la presencia de anticuerpos contra BDV-1 en pacientes diagnosticados con depresión mayor, trastorno bipolar y esquizofrenia. Esta correlación sugería que una infección viral persistente y latente podría estar implicada en la etiología de ciertas enfermedades mentales. Sin embargo, la mayoría de los estudios moleculares rigurosos realizados posteriormente, utilizando técnicas de RT-PCR altamente sensibles, no lograron detectar consistentemente ARN de BDV-1 en el tejido cerebral o la sangre de pacientes psiquiátricos o de la población general, lo que llevó a la comunidad científica a cuestionar fuertemente el papel etiológico directo del BDV-1 en las enfermedades neuropsiquiátricas humanas.
A pesar de la desvinculación del BDV-1 de las enfermedades psiquiátricas, la familia Bornaviridae ha demostrado su capacidad zoonótica de manera irrefutable a través del descubrimiento de bornavirus novedosos. En 2015, se identificó el Virus de la Enfermedad de Borna de la musaraña variegada (VSBV) como la causa de una encefalitis fatal en varios pacientes en Alemania, quienes habían estado en contacto con musarañas. De manera similar, se han identificado otros bornavirus de mamíferos (PaBV) que causan encefalitis mortales. Estos hallazgos reafirman que la familia Bornaviridae contiene agentes zoonóticos peligrosos y neurotrópicos. Por lo tanto, aunque el BDV-1 clásico parece restringido a équidos y óvidos, la vigilancia de la familia viral en su conjunto es crucial para la salud pública global, posicionando a la EB como un modelo esencial para comprender la neuroinflamación viral y el riesgo emergente de bornavirus.