sodomía – buggery


Sodomía (Delito de Buggery)

Primary Disciplinary Field(s): Historia del Derecho, Criminología, Estudios de Género

El término buggery, que en el contexto legal anglosajón histórico se utilizaba para designar un amplio espectro de actos sexuales considerados “contra natura” o sodomía, representa uno de los conceptos más persistentes y punitivos dentro de la historia penal occidental. Si bien su interpretación ha variado drásticamente a lo largo de los siglos, su núcleo legal se centró históricamente en la prohibición del coito anal y, en muchas jurisdicciones, de la bestialidad y, en ocasiones, de la cópula oral. Esta amplitud intencional permitió a las autoridades aplicar la ley de manera flexible y a menudo discriminatoria. La definición legal de buggery era notoriamente vaga en sus primeras formulaciones, lo que facilitaba su uso como herramienta de control social y moral. En la mayoría de los códigos penales influenciados por el derecho canónico y la legislación inglesa temprana, la sodomía era catalogada como un crimen inter Christianos non nominandum (un crimen que no debe ser nombrado entre cristianos), reflejando el profundo tabú religioso y moral asociado.

A diferencia de otros delitos sexuales que se enfocaban en la falta de consentimiento o el daño físico, el delito de buggery se fundamentaba principalmente en la ofensa a la moralidad religiosa y el orden natural percibido. La jurisprudencia británica clásica, por ejemplo, definía el delito no solo por el acto físico en sí, sino por la intención de realizar un acto sexual que no podía resultar en procreación, independientemente del sexo de los participantes, aunque históricamente se asoció de forma abrumadora con las relaciones homosexuales masculinas. Esta distinción es crucial: el delito no era inherentemente sobre la homosexualidad, sino sobre la desviación de la función reproductiva del sexo, aunque su aplicación práctica tuvo un impacto devastador en las comunidades homosexuales. La pena asociada a este delito, especialmente en la Inglaterra premoderna, era la muerte, reflejando su estatus como uno de los crímenes capitales más graves, equiparable a la traición o el asesinato.

Es fundamental entender que el alcance de la ley de buggery trascendía la simple regulación sexual. Funcionó como un mecanismo para imponer una estricta ortodoxia religiosa y social, castigando cualquier forma de sexualidad que desafiara las normas patriarcales de la familia y la procreación. La ambigüedad legal permitió que, en ciertos periodos de intensa puritanismo o persecución política, la acusación de sodomía fuera utilizada para desacreditar o eliminar a oponentes, independientemente de la veracidad de los cargos. Este uso político y social del término subraya que su importancia académica reside tanto en su análisis legal como en su función como marcador de intolerancia histórica y control estatal sobre la vida privada de los ciudadanos.

2. Etimología y Raíces Históricas

El término buggery proviene del francés antiguo bougre, que a su vez deriva del latín medieval Bulgarus (búlgaro). Esta conexión etimológica es altamente reveladora del contexto histórico y religioso en el que surgió la acusación. Durante la Edad Media, el término “búlgaro” se asoció peyorativamente con la herejía de los bogomilos, un grupo religioso que floreció en los Balcanes y que fue acusado por la Iglesia Católica de prácticas sexuales desviadas y no ortodoxas. Así, la palabra se transformó en un insulto que implicaba tanto herejía religiosa como desviación sexual, fusionando pecado teológico con crimen sexual. Esta fusión de herejía y sexualidad “contra natura” estableció un precedente duradero en la legislación europea.

Antes de la consolidación del término buggery en la ley secular, la prohibición de la sodomía se encontraba firmemente arraigada en las tradiciones judeocristianas, principalmente a través de la narrativa bíblica de Sodoma y Gomorra (Génesis 19). La interpretación teológica de este pasaje, aunque debatida por los exégetas modernos, fue utilizada históricamente para condenar severamente los actos homosexuales y otros comportamientos no procreativos, considerándolos ofensas directas a Dios. Los códigos legales medievales, influenciados profundamente por el derecho canónico, adoptaron estas proscripciones, convirtiendo lo que era un pecado mortal en un delito punible por el Estado. La influencia de figuras como Tomás de Aquino, quien clasificó el pecado “contra natura” como el más grave de los pecados sexuales por ir en contra del propósito divino de la naturaleza, cimentó la base filosófica para las leyes penales posteriores.

El tránsito de la condena religiosa a la legislación estatal se completó en el siglo XVI. Mientras que en la Europa continental la sodomía se castigaba bajo la ley romana revisada o las ordenanzas locales, en Inglaterra la formalización de buggery como un delito secular distinto ocurrió con la Ley de Buggery de 1533. Este momento marcó un cambio crucial: el castigo dejó de ser exclusivamente una jurisdicción eclesiástica para convertirse en una herramienta del poder real y estatal. A pesar de la secularización legal, la justificación moral y el horror asociado al delito siguieron siendo profundamente teológicos, manteniendo la severidad de la pena capital durante siglos.

El tratamiento legal de la sodomía en Occidente refleja una compleja interacción entre el derecho romano, el derecho canónico y las tradiciones legales germánicas. En la Edad Media, la mayoría de los castigos eran administrados por tribunales eclesiásticos, que imponían penitencias rigurosas. Sin embargo, a medida que los estados nación centralizaron el poder, el castigo por actos sexuales “contra natura” pasó a ser competencia de las cortes seculares, a menudo con penas mucho más brutales. La influencia del Código de Justiniano, aunque no siempre directamente aplicada, proporcionó un marco para la criminalización de actos que se consideraban destructivos para el orden social.

Un punto de inflexión fundamental fue la promulgación de la Ley de Buggery (Buggery Act) de 1533 en el Reino de Inglaterra durante el reinado de Enrique VIII. Esta ley es histórica por dos razones principales: primero, porque secularizó el delito, quitándolo de la jurisdicción del Papa y poniéndolo bajo la autoridad del Rey; y segundo, porque estableció la pena de muerte por ahorcamiento para el delito, sin distinción de clase social. Este estatuto definió el delito de manera amplia, incluyendo el coito anal de un hombre con otro hombre, de un hombre con una mujer, y la bestialidad. La ley de 1533, y sus sucesivas reencarnaciones, se convirtió en el modelo para la legislación penal en las colonias británicas, asegurando que el concepto de buggery y su severo castigo se exportaran y arraigaran en vastas áreas del mundo, incluyendo América del Norte, el Caribe y Oceanía.

Durante los siglos XVII y XVIII, la aplicación de estas leyes varió. Hubo periodos de relativa laxitud seguidos de oleadas de persecución intensa, a menudo impulsadas por pánicos morales o la necesidad de reafirmar la autoridad estatal. El jurista inglés William Blackstone, en sus Commentaries on the Laws of England (1765), formalizó la visión legal del delito, describiéndolo como un “crimen abominable” y una ofensa que “la naturaleza aborrece”. Esta codificación reforzó la idea de que el delito de buggery no era simplemente una violación de la ley humana, sino de la ley natural y divina, legitimando su castigo capital hasta bien entrado el siglo XIX, cuando reformas penales comenzaron lentamente a mitigar las penas de muerte por delitos no violentos.

4. La Ley de Buggery de 1533 y su Legado Imperial

La Ley de Buggery de 1533 (25 Hen. 8 c. 6) fue un instrumento clave en la consolidación del poder real tras la ruptura de Enrique VIII con Roma. Al trasladar la jurisdicción de la Iglesia al Estado, el Rey no solo afirmó su supremacía eclesiástica, sino que también ganó un poderoso medio para castigar a sus súbditos por crímenes que anteriormente solo podían ser sancionados espiritualmente. La pena de muerte para el delito de buggery se mantuvo inalterada durante casi 300 años, un testimonio de la seriedad con la que la sociedad consideraba esta ofensa.

El verdadero legado de esta legislación se encuentra en su difusión global a través del Imperio Británico. A medida que Gran Bretaña expandía su dominio, sus códigos penales, basados en el derecho común y estatutario, se impusieron en las colonias. Las leyes contra la sodomía, a menudo denominadas “delitos contra el orden de la naturaleza” o simplemente buggery, se incorporaron a los códigos penales de la India, África, Australia y el Caribe. El famoso Artículo 377 del Código Penal de la India, introducido en 1860, que criminalizaba el “coito carnal contra el orden de la naturaleza”, es un ejemplo directo y duradero de la influencia de la Ley de Buggery de 1533.

Esta exportación legal significó que incluso después de que muchos países occidentales comenzaran el proceso de despenalización en el siglo XX, muchas naciones postcoloniales mantuvieron estas leyes punitivas. En consecuencia, el concepto de buggery, en su forma codificada imperial, continuó siendo utilizado para criminalizar la homosexualidad en docenas de países mucho después de que el Reino Unido mismo comenzara a relajar su propia legislación. Esto ha generado un intenso debate académico y político sobre la responsabilidad histórica del Reino Unido en la perpetuación de la intolerancia legal hacia las minorías sexuales en sus antiguas colonias.

5. Implicaciones Sociales y Morales

Las leyes contra el buggery tuvieron profundas implicaciones sociales, actuando como un poderoso disuasivo contra cualquier forma de sexualidad no conforme. El castigo no solo era la muerte o, posteriormente, la prisión, sino la vergüenza pública extrema y la exclusión social. La mera acusación de sodomía, incluso si no resultaba en condena, podía destruir la reputación y la vida de un individuo. Este miedo omnipresente a la exposición forzó a las personas que participaban en actos considerados buggery, especialmente hombres homosexuales, a vivir vidas de extremo secreto y doblez, creando una subcultura criminalizada y perseguida.

Moralmente, la criminalización de la sodomía se utilizó para definir y reforzar la identidad nacional y la pureza religiosa. En los periodos de conflicto o crisis social, la persecución de la sodomía a menudo se intensificaba, utilizando a los “sodomitas” como chivos expiatorios para los males de la sociedad. Esta narrativa se basaba en la idea de que la sodomía era una corrupción que amenazaba el pacto divino o el orden natural de la comunidad, justificando así la severidad del castigo. El discurso moralista que rodeó el concepto de buggery ayudó a cimentar una homofobia institucionalizada que permeó todas las capas de la sociedad.

Además, el delito de buggery ilustra la histórica subordinación de las mujeres en el derecho penal sexual. Aunque la ley técnicamente incluía el coito anal con una mujer, la mayoría de los procesamientos se centraron en hombres que tenían sexo con otros hombres. Cuando las mujeres eran acusadas de sodomía o lesbianismo (a menudo bajo términos como “actos de indecencia grave” en la legislación posterior), el sistema legal tendía a minimizar la ofensa o a tratarla con incredulidad, ya que su sexualidad no reproductiva se consideraba menos amenazante para el orden patriarcal fundamental que la actividad homosexual masculina. Sin embargo, en el contexto de la bestialidad, que también caía bajo la rúbrica de buggery, la crueldad del castigo se aplicaba de manera uniforme.

El movimiento para reformar las leyes de buggery comenzó seriamente en el siglo XIX, impulsado por reformas humanitarias que buscaban reducir el número de delitos capitales. En el Reino Unido, la pena de muerte por buggery fue abolida en 1861, reemplazada por penas de prisión de por vida o de larga duración. Sin embargo, la ley se hizo más intrusiva con la aprobación de la Ley de Enmienda del Derecho Penal de 1885 (Criminal Law Amendment Act). Esta ley, irónicamente, no solo aumentó la edad de consentimiento para las niñas, sino que, a través de la infame Sección 11 (la “Cláusula Labouchère”), criminalizó cualquier “acto de indecencia grave” entre hombres, incluso en privado, donde antes solo el coito anal era punible.

Este endurecimiento de la ley en 1885 llevó a algunos de los procesamientos más notorios de la historia, siendo el más famoso el de Oscar Wilde en 1895, cuya condena por “indecencia grave” resaltó la crueldad y el carácter público de la persecución. A mediados del siglo XX, la creciente comprensión de la psicología y la sexualidad, junto con el activismo, llevó a una reevaluación fundamental. El Informe Wolfenden de 1957, en el Reino Unido, argumentó que la ley penal no debería intervenir en la vida privada de los ciudadanos adultos a menos que se trate de proteger a los jóvenes o de mantener el orden público.

La despenalización del buggery (o sodomía) entre adultos que consienten en privado se implementó en Inglaterra y Gales en 1967 (Sexual Offences Act 1967), un hito que marcó el inicio de una ola de reformas similares en otras naciones occidentales. Este proceso, sin embargo, fue gradual y desigual. En Estados Unidos, las leyes de sodomía se mantuvieron vigentes en varios estados hasta la decisión histórica de la Corte Suprema en el caso Lawrence contra Texas (2003), que finalmente declaró inconstitucionales todas las leyes estatales que criminalizaban el sexo homosexual consensuado. A pesar de estos avances en el mundo occidental, la persistencia de las leyes derivadas de la antigua legislación de buggery en muchas naciones postcoloniales sigue siendo un desafío crucial para los derechos humanos globales.

7. Debates Contemporáneos y Legado

El legado del concepto de buggery continúa influyendo en los debates legales y sociales contemporáneos, especialmente en el ámbito de los derechos LGBTQ+. Los académicos de la teoría queer y la historia legal analizan cómo la criminalización histórica ha moldeado la identidad y la marginación social. La lucha por la despenalización no fue solo una batalla por la libertad sexual, sino por el reconocimiento de la plena ciudadanía y la dignidad de las personas no heterosexuales. El recuerdo de las duras penas y la vergüenza asociada al término buggery sirve como un recordatorio de los peligros de la legislación basada en prejuicios morales y religiosos.

En el ámbito internacional, el debate se centra en la erradicación de las leyes penales heredadas del colonialismo. Organizaciones de derechos humanos y juristas abogan por la derogación del Artículo 377 y estatutos similares en África y Asia, argumentando que estas leyes violan los principios fundamentales de igualdad y privacidad garantizados por el derecho internacional. La resistencia a la despenalización a menudo se basa en argumentos de preservación de la cultura o la moralidad religiosa, lo que refleja la misma tensión entre ley secular y moralidad teológica que definió la legislación de buggery hace siglos.

Finalmente, el término buggery, aunque obsoleto en la mayoría de los códigos penales modernos, perdura como un arcaísmo legal que encapsula la historia de la persecución estatal de la sexualidad. Su estudio es esencial para comprender la evolución de los derechos humanos, la separación entre la iglesia y el estado en materia penal, y el proceso mediante el cual los estados han pasado de castigar actos privados a proteger la autonomía individual. La transición de la pena capital por buggery a la protección constitucional de la intimidad sexual es un indicador clave del progreso de la civilización legal moderna.

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memjavad (2025, November 11). sodomía – buggery. Spanish Psychological Databases. https://spanish.arabpsychology.com/trm/sodomia-buggery/
memjavad. “sodomía – buggery.” Spanish Psychological Databases, 11 November 2025, https://spanish.arabpsychology.com/trm/sodomia-buggery/.
memjavad. “sodomía – buggery.” Spanish Psychological Databases. November 11, 2025. https://spanish.arabpsychology.com/trm/sodomia-buggery/.