testículo no descendido – arrested testis


Criptorquidia (Testículo No Descendido)

Primary Disciplinary Field(s): Urología Pediátrica, Endocrinología, Anatomía

1. Definición Central

La criptorquidia, derivada del griego kryptos (oculto) y orchis (testículo), es una condición médica definida por la falla de uno o ambos testículos para descender completamente desde su posición intraabdominal o inguinal hasta el escroto antes del nacimiento o durante los primeros meses de vida posnatal. Este fenómeno representa la anomalía congénita más común del tracto genitourinario masculino, afectando aproximadamente al 3% de los varones nacidos a término y hasta al 30% de los prematuros. La importancia clínica de la criptorquidia radica no solo en su prevalencia, sino fundamentalmente en las graves secuelas a largo plazo que implica si no es corregida, incluyendo la potencial afectación de la fertilidad y un riesgo incrementado de neoplasias testiculares. El término testículo no descendido o arrested testis (como se conoce en la literatura anglosajona) abarca un espectro amplio de localizaciones patológicas, que pueden variar desde la retención abdominal, pasando por el canal inguinal, hasta la posición ectópica, donde el testículo se sitúa fuera de la ruta normal de descenso. Es crucial diferenciar la criptorquidia verdadera de condiciones como el testículo retráctil, que es una variación fisiológica donde el testículo puede ser manipulado fácilmente al escroto debido a un reflejo cremastérico hiperactivo, y que generalmente no requiere intervención quirúrgica, aunque su seguimiento periódico es indispensable para asegurar que no se desarrolle atrofia o permanezca consistentemente fuera de la bolsa escrotal.

Históricamente, el reconocimiento de la criptorquidia como una patología que requiere intervención es relativamente reciente, aunque las descripciones de testículos ausentes o mal posicionados se remontan a la antigüedad. Sin embargo, fue el entendimiento moderno de la embriología y la endocrinología lo que permitió establecer la relación directa entre la localización anómala del testículo y la disfunción celular, especialmente debido a las diferencias de temperatura. La temperatura ideal para la espermatogénesis funcional es varios grados inferior a la temperatura corporal central, y el escroto actúa como un mecanismo termorregulador esencial. Cuando el testículo permanece en la cavidad abdominal o en el canal inguinal, la exposición a temperaturas elevadas provoca un daño progresivo e irreversible a las células germinales, lo que subraya la urgencia de la corrección. Este daño térmico es el principal motor de la patología a largo plazo y justifica el enfoque terapéutico agresivo y cronometrado que caracteriza el manejo actual de esta condición, basado en la evidencia de que la corrección temprana mejora el pronóstico. La definición precisa de la criptorquidia implica, por lo tanto, que el testículo no puede ser manipulado o llevado manualmente al fondo del escroto, incluso bajo relajación muscular, distinguiéndolo claramente de otras variantes de posición testicular que no conllevan el mismo riesgo de morbilidad futura.

La clasificación de la criptorquidia es esencial para el manejo clínico, dividiéndose generalmente en unilateral o bilateral, y en palpable o no palpable. La mayoría de los casos son unilaterales y palpables, lo que facilita el diagnóstico y la planificación de la orquiopexia. El diagnóstico diferencial debe ser riguroso, ya que el testículo retráctil, aunque común, no debe ser sobretratado, mientras que el testículo ausente (anorquia) requiere una evaluación endocrina y genética distinta. La comprensión de que el descenso testicular es un proceso complejo regulado por intrincados mecanismos hormonales y mecánicos (incluyendo la acción del gubernáculo y la presión intraabdominal) ha permitido refinar tanto las hipótesis etiológicas como las estrategias de intervención, haciendo hincapié en la ventana crítica de oportunidad terapéutica que finaliza antes del segundo año de vida para mitigar el deterioro irreversible de las gónadas.

2. Etiología y Factores de Riesgo

La etiología de la criptorquidia es multifactorial y compleja, involucrando una interacción delicada entre factores genéticos, hormonales, mecánicos y ambientales que perturban la secuencia normal del descenso testicular. Este proceso, que ocurre en dos fases principales (la fase transabdominal, guiada principalmente por la hormona antimülleriana, y la fase inguinoescrotal, dependiente de andrógenos y del péptido parecido a la insulina 3 o INSL3), puede fallar en cualquier punto. Los defectos en la producción o la sensibilidad a los andrógenos, como la testosterona, constituyen una de las causas hormonales primarias. Cualquier alteración en el eje hipotálamo-hipófisis-gonadal (HHG) del feto, incluyendo deficiencias de gonadotropinas o enzimas esteroidogénicas, puede resultar en un estímulo insuficiente para la migración testicular. Esta deficiencia hormonal es particularmente relevante en la fase inguinoescrotal, que es crítica para el paso final del testículo a través del canal inguinal hacia el escroto. La insuficiencia placentaria o la exposición a terapias hormonales durante el embarazo también pueden contribuir a desequilibrios endocrinos que afectan el desarrollo testicular fetal y su descenso oportuno.

Además de las causas endógenas, existen evidencias crecientes que sugieren que las disrupciones endocrinas ambientales, particularmente la exposición materna a ciertos compuestos químicos denominados disruptores endocrinos, como pesticidas, bisfenol A (BPA) o ftalatos, pueden interferir con la señalización hormonal fetal y aumentar significativamente la incidencia de la criptorquidia. Estos compuestos exógenos pueden actuar como antiandrógenos o estrógenos débiles, perturbando la acción de la testosterona y el INSL3, esenciales para el descenso. Aunque la magnitud precisa de la contribución ambiental sigue siendo objeto de intensa investigación epidemiológica, la correlación geográfica y temporal con el uso de ciertos químicos industriales sugiere un vínculo preocupante. Los factores maternos, como la edad avanzada, el tabaquismo durante el embarazo, la diabetes gestacional y la obesidad, también se han identificado como factores de riesgo independientes, probablemente debido a su impacto en el entorno hormonal y metabólico fetal.

Los factores genéticos desempeñan un papel significativo, con una mayor prevalencia de criptorquidia en familias donde ya existen antecedentes de esta condición, sugiriendo la participación de múltiples genes con penetrancia incompleta. Se han identificado asociaciones con síndromes genéticos específicos, como el síndrome de Klinefelter (47, XXY) o el síndrome de Prader-Willi, y se ha investigado la implicación de genes relacionados con la formación del gubernáculo o la respuesta a los andrógenos. No obstante, la mayoría de los casos son esporádicos y no sindrómicos, lo que dificulta la identificación de un único marcador genético responsable. Desde una perspectiva mecánica, cualquier obstrucción física a lo largo del trayecto de descenso puede impedir que el testículo alcance el escroto, incluyendo adherencias peritoneales, vasos sanguíneos anormalmente cortos o la presencia de una hernia inguinal asociada que distorsiona la anatomía del canal. La prematuridad es, quizás, el factor de riesgo más importante y mejor documentado, ya que el descenso testicular se completa en el último trimestre del embarazo. Los bebés prematuros simplemente no han tenido tiempo suficiente para completar el proceso fisiológico, aunque en muchos de estos casos, el descenso espontáneo ocurre durante los primeros seis meses de vida, lo que requiere un seguimiento estricto para determinar la necesidad de intervención.

3. Clasificación y Presentación Clínica

La clasificación de la criptorquidia es fundamental para guiar tanto el diagnóstico como el plan terapéutico. Se clasifica primariamente según la palpabilidad del testículo y su localización. En términos de palpabilidad, los casos se dividen en testículos palpables y testículos no palpables, siendo esta distinción crucial para la selección de la técnica quirúrgica y el uso de estudios de imagen. Los testículos palpables (aproximadamente el 80% de los casos) se encuentran generalmente en el canal inguinal (el sitio más común), en la región preescrotal o, en raras ocasiones, en una ubicación ectópica fuera de la ruta normal de descenso, como el área femoral, perineal o suprapúbica. La exploración física meticulosa por un urólogo pediátrico es la herramienta diagnóstica de elección para identificar su posición exacta y determinar si es verdaderamente criptorquídico o simplemente retráctil, lo cual requiere una técnica de examen específica con el niño relajado, en posición supina, y con las manos calientes para inhibir el reflejo cremastérico, permitiendo así la movilización del testículo.

Los testículos no palpables (el 20% restante) representan un desafío diagnóstico mayor, ya que pueden ser intraabdominales (retenidos en la cavidad peritoneal), atróficos (hipoplásicos o disgenéticos) o completamente ausentes (anorquia). Cuando un testículo no es palpable, la preocupación principal es la posibilidad de un testículo intraabdominal viable que debe ser localizado y descendido debido al riesgo elevado de malignidad y al deterioro rápido de las células germinales a temperaturas centrales. En estos casos, la laparoscopia diagnóstica se ha establecido como el estándar de oro, ya que no solo permite la localización precisa del testículo y la identificación de estructuras vasculares (que determinan la viabilidad), sino que también puede convertirse inmediatamente en una intervención terapéutica (laparoscopia y orquiopexia en uno o dos tiempos). La laparoscopia es superior a la resonancia magnética o la tomografía computarizada en términos de sensibilidad y especificidad para la localización del testículo intraabdominal, minimizando la necesidad de exploraciones quirúrgicas innecesarias.

Si el testículo resulta ser atrófico o evanescente (síndrome del testículo desvanecido), la laparoscopia permite confirmar la presencia de estructuras vasculares o conductos deferentes que terminan ciegamente en el anillo inguinal interno o en la cavidad abdominal, lo que confirma el diagnóstico de anorquia o atrofia severa. En la presentación clínica, la criptorquidia bilateral, aunque menos común, es de particular preocupación, ya que a menudo se asocia con síndromes de disgenesia gonadal o alteraciones endocrinas más profundas. En estos casos, la evaluación hormonal mediante la prueba de estimulación con hCG es indispensable para determinar si existe tejido testicular funcional, lo cual impacta directamente en la necesidad de terapia de reemplazo hormonal futura y en la asignación de género en casos ambiguos. La clasificación precisa del tipo de criptorquidia (verdadera, ectópica, o retráctil) es el primer paso crucial para determinar el pronóstico funcional y oncológico del paciente.

4. Fisiopatología

La fisiopatología de la criptorquidia se centra en el daño celular progresivo inducido por la temperatura. La espermatogénesis normal requiere una temperatura óptima de aproximadamente 32-35°C, que es típicamente 2 a 3 grados Celsius por debajo de la temperatura corporal central. El testículo retenido, ya sea en el abdomen o en el canal inguinal, está expuesto crónicamente a una temperatura de 37°C. Esta exposición térmica elevada induce estrés oxidativo, apoptosis y disfunción mitocondrial en las células germinales, que son las más sensibles al calor. El daño comienza a ser evidente histológicamente a partir de los seis meses de edad y se vuelve progresivamente más severo con el tiempo, afectando la diferenciación de las células germinales primordiales y su capacidad para madurar en espermatogonias. La consecuencia más inmediata es una reducción marcada en el número de células germinales por túbulo seminífero, que es el correlato histológico directo de la futura infertilidad o subfertilidad masculina, comprometiendo la calidad seminal en la edad adulta.

Aunque las células de Leydig, responsables de la producción de testosterona, son generalmente más resistentes al daño térmico que las células de Sertoli y germinales, su función también puede verse comprometida en casos de retención abdominal prolongada o disgenesia testicular subyacente. La disfunción de las células de Sertoli, que actúan como células de soporte para las células germinales, también contribuye a la patología, ya que estas células son cruciales para la formación de la barrera hemato-testicular y la nutrición de los espermatozoides en desarrollo. La alteración en la proporción de células germinales/células de Sertoli es un hallazgo histopatológico característico en la criptorquidia no corregida, y esta alteración se considera un predictor directo del potencial reproductivo futuro del individuo. La persistencia de un testículo en una posición suprascrotal inhibe la maduración de las células germinales, lo que justifica la ventana terapéutica temprana para la orquiopexia, buscando revertir o al menos detener este proceso degenerativo antes de que el daño sea irreversible.

Además del impacto en la espermatogénesis, el ambiente térmico adverso y la disgenesia testicular asociada contribuyen al riesgo elevado de malignidad. Se postula que las células germinales que no han completado su migración y están expuestas a condiciones subóptimas son más propensas a la transformación neoplásica. La criptorquidia es un factor de riesgo bien establecido para el desarrollo de tumores de células germinales testiculares, siendo el seminoma el tipo histológico más común, con un riesgo que puede ser hasta 40 veces mayor que en la población general. Es fundamental destacar que, si bien la orquiopexia reduce significativamente el riesgo de infertilidad al optimizar la temperatura, no elimina completamente el riesgo de cáncer, ya que la predisposición maligna probablemente se origina en la disgenesia testicular fetal subyacente (un trastorno intrínseco de la gónada). Sin embargo, la corrección quirúrgica facilita enormemente la detección temprana de masas malignas al colocar el testículo en una posición fácilmente accesible para la autoexploración y el examen clínico periódico, mejorando así el pronóstico en caso de desarrollo tumoral.

5. Diagnóstico

El diagnóstico de la criptorquidia es primordialmente clínico y debe realizarse mediante una exploración física exhaustiva. Idealmente, esta evaluación debe llevarse a cabo alrededor de los seis meses de edad, ya que la mayoría de los testículos que descenderán espontáneamente lo hacen dentro de este periodo. La técnica de exploración incluye la inspección y palpación cuidadosa de la región inguinal, el escroto, y el perineo, buscando identificar la ubicación del testículo. Es esencial que el examinador utilice maniobras para relajar al paciente y empujar suavemente el contenido desde el área inguinal hacia el escroto para diferenciar un testículo retráctil de uno verdaderamente no descendido. La palpación debe realizarse desde la espina ilíaca anterosuperior hacia el escroto, utilizando lubricante o talco para facilitar el deslizamiento de la piel y minimizar el reflejo cremastérico. Si el testículo puede ser llevado al escroto sin tensión y permanece allí por un momento, es retráctil; si no puede ser llevado o sube inmediatamente al soltarlo, es criptorquídico y requiere tratamiento.

Los estudios de imagen, como la ecografía, tienen un papel limitado y controvertido en el diagnóstico de la criptorquidia palpable, ya que a menudo no añaden información significativa a la exploración clínica y pueden ser inexactos en la localización precisa, especialmente si el testículo es pequeño o está en el canal inguinal superior. Su utilidad se restringe a la evaluación de la morfología testicular y la presencia de estructuras asociadas, como hernias. Sin embargo, su valor aumenta en casos de testículos no palpables, aunque incluso en estos escenarios, la ecografía tiene baja sensibilidad (alrededor del 45%) para localizar testículos intraabdominales pequeños. Por esta razón, la laparoscopia diagnóstica se prefiere en el manejo del testículo no palpable, dado su valor tanto diagnóstico como terapéutico, evitando la exposición a radiación de estudios más complejos y costosos, y proporcionando información anatómica definitiva.

Los análisis hormonales son cruciales en el diagnóstico de la criptorquidia bilateral no palpable. La medición de gonadotropinas (LH y FSH), testosterona y hormona antimülleriana (AMH) ayuda a diferenciar la anorquia bilateral (ausencia completa de tejido testicular) de la criptorquidia bilateral verdadera. Un nivel bajo de testosterona basal que no aumenta tras la estimulación con hCG (prueba de hCG) sugiere anorquia bilateral, lo que implica la necesidad de suplementación hormonal en la pubertad y la ausencia de riesgo oncológico. Por el contrario, una respuesta positiva a la estimulación con hCG, con un aumento en los niveles de testosterona, sugiere la presencia de tejido testicular funcional, aunque mal posicionado, confirmando la criptorquidia verdadera y la necesidad de intervención quirúrgica para su descenso y fijación.

6. Tratamiento Médico y Quirúrgico

El manejo de la criptorquidia es predominantemente quirúrgico y debe ser programado en un plazo definido para maximizar la preservación de la función testicular. Las guías internacionales de urología pediátrica recomiendan que la corrección quirúrgica, conocida como orquiopexia, se realice preferentemente entre los 6 y los 18 meses de edad. El objetivo principal de la orquiopexia es descender el testículo al escroto sin tensión y fijarlo allí, previniendo así el daño inducido por la temperatura y facilitando el seguimiento oncológico futuro. La precocidad de la intervención se justifica por la evidencia histológica de que el deterioro de las células germinales comienza poco después de los seis meses. La técnica quirúrgica varía según la localización del testículo. Para los testículos inguinales o preescrotales, se realiza típicamente un abordaje inguinal estándar, que implica la liberación de las adherencias circundantes, la ligadura del saco herniario (si está presente) y la fijación del testículo en una bolsa escrotal creada quirúrgicamente (escropeda).

En el contexto del testículo intraabdominal, la complejidad es mayor, requiriendo un abordaje laparoscópico. Si el cordón espermático es demasiado corto para permitir un descenso seguro en un solo tiempo, se puede optar por el procedimiento de Fowler-Stephens, que implica la ligadura de los vasos espermáticos principales (arteria y vena). Este procedimiento se basa en el principio de que la vascularización del testículo puede ser mantenida por la circulación colateral a través de los vasos del conducto deferente. El Fowler-Stephens en dos tiempos es preferido por muchos cirujanos, realizando la ligadura vascular en la primera etapa para promover el desarrollo de circulación colateral durante varios meses y, posteriormente, el descenso final del testículo en una segunda etapa. Este enfoque, aunque requiere dos procedimientos, minimiza drásticamente el riesgo de atrofia testicular postoperatoria, que es la complicación más temida en los casos de testículo intraabdominal alto.

En cuanto al tratamiento médico, el uso de terapia hormonal (como la administración de gonadotropina coriónica humana o hCG) ha sido históricamente utilizado para intentar inducir el descenso. Sin embargo, su eficacia es limitada, principalmente efectiva solo para testículos bajos o retráctiles, y ha caído en desuso como tratamiento primario debido a su baja tasa de éxito en criptorquidia verdadera y los posibles efectos secundarios, como la pubertad precoz transitoria o la irritabilidad. Actualmente, las principales guías clínicas (American Urological Association) no recomiendan el uso rutinario de hCG para la criptorquidia. La cirugía sigue siendo el pilar terapéutico, reservándose la terapia hormonal en la actualidad para casos muy seleccionados de hipogonadismo asociado o para complementar la evaluación endocrina en casos bilaterales, pero nunca como sustituto de la orquiopexia oportuna.

7. Complicaciones y Pronóstico a Largo Plazo

Las complicaciones a largo plazo de la criptorquidia no tratada o tratada tardíamente son significativas y definen la morbilidad de esta condición. La principal secuela es la infertilidad o la subfertilidad. Si bien la orquiopexia temprana mejora sustancialmente el potencial de fertilidad, especialmente en casos unilaterales, los hombres con antecedentes de criptorquidia unilateral aún tienen tasas de fertilidad inferiores a la población general, aunque la paternidad es alcanzable en la mayoría de los casos. En casos de criptorquidia bilateral, el riesgo de azoospermia o severa oligozoospermia es mucho mayor, incluso después de la corrección quirúrgica oportuna, debido al daño germinal precoz y la posible disgenesia testicular subyacente que afecta a ambos testículos. Es fundamental el seguimiento de estos pacientes durante la pubertad para evaluar el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios y la producción de hormonas, con una evaluación definitiva de la espermatogénesis funcional reservada para la edad adulta mediante análisis de semen.

La segunda complicación más grave es el riesgo oncológico. La criptorquidia aumenta el riesgo de desarrollar cáncer testicular, un riesgo que persiste incluso después de la orquiopexia. Sin embargo, la corrección temprana puede reducir ligeramente este riesgo en comparación con la no corrección, y, crucialmente, facilita la detección temprana del tumor, ya que el testículo descendido es accesible a la palpación. El riesgo de malignidad es mayor en testículos que permanecieron intraabdominales y en aquellos que presentan disgenesia testicular severa. Además del cáncer, la posición anómala del testículo aumenta el riesgo de torsión testicular. Un testículo no descendido o mal fijado en el canal inguinal tiene una mayor movilidad y puede torsionarse más fácilmente, lo que constituye una emergencia urológica que requiere intervención inmediata (orquidopexia o, en casos de necrosis, orquiectomía) para salvar el órgano y prevenir la pérdida de tejido viable. La atrofia testicular postoperatoria es otra complicación potencial, especialmente después de procedimientos complejos como el Fowler-Stephens, y requiere un seguimiento ecográfico para evaluar el tamaño y la vascularización del testículo descendido.

8. Debates y Controversias

A pesar del consenso general sobre la necesidad de la orquiopexia temprana, existen varios debates activos en la urología pediátrica respecto al manejo de la criptorquidia. Uno de los puntos más controversiales es el momento óptimo de la cirugía. Aunque la mayoría de las guías establecen el límite superior en los 18 meses, algunos estudios abogan por una intervención aún más temprana, idealmente alrededor de los 6 meses, argumentando que el daño a las células germinales comienza tan pronto como a los 6 meses de vida y que la espera hasta los 12-18 meses puede comprometer irreversiblemente la espermatogénesis. La implementación de programas de detección temprana y la priorización de listas de espera quirúrgicas para lactantes son temas logísticos y clínicos que buscan adelantar la edad de la corrección, aunque la capacidad del tejido testicular para tolerar el estrés quirúrgico en edades muy tempranas también debe ser considerada.

Otro debate significativo se centra en el papel de la terapia hormonal adyuvante. Aunque la hCG no se recomienda como tratamiento primario, su uso preoperatorio o postoperatorio en un intento de estimular el crecimiento testicular o mejorar el conteo de células germinales sigue siendo investigado. Los resultados son mixtos, y la preocupación por los efectos secundarios (como la maduración precoz) limita su adopción universal. La tendencia actual favorece la intervención quirúrgica directa debido a la baja tasa de éxito del tratamiento hormonal en la criptorquidia verdadera. Finalmente, el manejo del testículo no palpable y la decisión entre una exploración laparoscópica y una exploración abierta (inguinal) cuando los estudios de imagen son equívocos también genera discusión. Si bien la laparoscopia es el estándar para el testículo intraabdominal, la discusión se centra en si debe ser el abordaje inicial en todos los testículos no palpables, o si se debe intentar una exploración inguinal si el urólogo sospecha que el testículo podría estar justo en el anillo interno. La experiencia del cirujano y la disponibilidad de recursos tecnológicos son factores determinantes en la elección del algoritmo diagnóstico y terapéutico.

Further Reading

Cite This Article

memjavad (2025, October 29). testículo no descendido – arrested testis. Spanish Psychological Databases. https://spanish.arabpsychology.com/trm/testiculo-no-descendido-arrested-testis/
memjavad. “testículo no descendido – arrested testis.” Spanish Psychological Databases, 29 October 2025, https://spanish.arabpsychology.com/trm/testiculo-no-descendido-arrested-testis/.
memjavad. “testículo no descendido – arrested testis.” Spanish Psychological Databases. October 29, 2025. https://spanish.arabpsychology.com/trm/testiculo-no-descendido-arrested-testis/.