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Teoría del Actor-Red – Bruno Latour & Michel Callon


Teoría del Actor-Red (TAR) – Bruno Latour y Michel Callon

Introducción y Definición Central

La Teoría del Actor-Red (TAR), conocida también por sus siglas en inglés ANT (Actor-Network Theory), constituye un enfoque sociológico y filosófico radical que desafía las dicotomías tradicionales de las ciencias sociales, especialmente la separación entre lo social y lo técnico, o entre lo humano y lo no humano. Su definición central establece que la realidad social no es una esfera preexistente de interacciones humanas, sino el efecto continuamente producido por la asociación heterogénea de elementos diversos. En esencia, la TAR es una metodología y una ontología que rastrea cómo se forman y se mantienen las redes socio-materiales. Este marco teórico obliga al analista a tratar a los objetos, las tecnologías, las ideas y los seres vivos con el mismo rigor analítico que a las personas, eliminando cualquier jerarquía inherente entre ellos.

El principio fundamental que subyace a la TAR es la noción de que la acción nunca es atribuible a un único agente, ya sea un individuo o una estructura social. En cambio, la acción es distribuida y emerge de una compleja red de relaciones. Un avión vuela, por ejemplo, no solo gracias a la pericia del piloto, sino también a la física del aire, la resistencia de los materiales, la programación del software de navegación y la infraestructura aeroportuaria. Estos elementos, tanto humanos como materiales, son considerados “actantes” que contribuyen de manera activa a la realización de la acción. La fuerza de la red, y por ende la estabilidad de cualquier fenómeno social, depende de la capacidad de estos actantes para mantenerse mutuamente conectados y coordinados.

La TAR se distingue por su enfoque en el proceso, rechazando la idea de que los grupos sociales, las instituciones o las tecnologías poseen una esencia estable. En su lugar, estos son vistos como resultados temporales y precarios de un trabajo constante de “traducción” y “enrolamiento”. Si una red se estabiliza y se vuelve duradera, es porque los intereses de sus múltiples componentes han sido alineados exitosamente, creando un efecto de solidez que oculta la fragilidad subyacente de las conexiones. Por lo tanto, la tarea del investigador de la TAR no es explicar la sociedad a través de causas subyacentes, sino describir meticulosamente el ensamblaje de los componentes que hacen que esa sociedad se manifieste en un momento dado.

Fundamentos Filosóficos y Mecanismos Clave

Uno de los pilares metodológicos más importantes de la Teoría del Actor-Red es el principio de la simetría generalizada. Introducido inicialmente para abordar la Sociología de la Ciencia y la Tecnología (STS), este principio exige que el analista utilice el mismo vocabulario y las mismas categorías explicativas al describir tanto las acciones de los actores humanos como las propiedades de los objetos no humanos. La simetría no implica que humanos y objetos sean idénticos, sino que ambos son tratados como mediadores que transforman y redefinen la acción, en lugar de meros transmisores pasivos de fuerzas externas. Este enfoque evita las explicaciones sociológicas que recurren a estructuras sociales abstractas o las explicaciones técnicas que se limitan a la funcionalidad intrínseca del objeto.

El término central de este enfoque es el actante. Un actante es cualquier entidad, humana o no humana, que modifica el estado de las cosas al interactuar con otros. Para Bruno Latour y Michel Callon, los actantes no son simplemente herramientas o escenarios; son participantes activos que poseen la capacidad de delegar, prescribir o autorizar acciones. Por ejemplo, un tope de velocidad en una carretera no solo limita la velocidad de los conductores (humanos), sino que inscribe en la infraestructura la política de seguridad vial del gobierno (no humano). El actante, por lo tanto, es una figura relacional cuya identidad y capacidad de acción se definen únicamente por su posición y sus conexiones dentro de la red.

Otro mecanismo crucial es la distinción entre mediadores y portavoces. Los portavoces son elementos que transmiten una fuerza o información sin alterarla (por ejemplo, un cable de cobre que transmite electricidad). Los mediadores, en cambio, transforman, traducen, distorsionan o modifican el significado o la fuerza que se les confía. La TAR sostiene que la mayoría de las entidades en una red actúan como mediadores, lo que explica por qué la acción colectiva es siempre impredecible y por qué la intención inicial de un actor (humano) rara vez se corresponde con el resultado final de la red. La sociología de la TAR se centra en seguir estas transformaciones, prestando atención a cómo los mediadores añaden su propia “agencia” al proceso.

Contexto Histórico y Orígenes

La Teoría del Actor-Red se consolidó durante la década de 1980, emergiendo principalmente de los estudios empíricos realizados en el campo de la Sociología de la Ciencia y la Tecnología (STS). Sus principales arquitectos, el sociólogo francés Michel Callon y el filósofo y sociólogo Bruno Latour, junto con el sociólogo británico John Law, buscaron una alternativa a los enfoques sociológicos tradicionales que veían a la ciencia y la tecnología como productos pasivos de fuerzas sociales externas (como la economía o la política).

El trabajo fundacional de Latour, como en su estudio de laboratorio La vida en el laboratorio (escrito con Steve Woolgar), y el análisis de Callon sobre la controversia de los moluscos marinos, demostraron que los hechos científicos y las innovaciones tecnológicas no surgen de manera lineal o puramente racional. Más bien, son el resultado de intrincadas luchas políticas y negociaciones que involucran a científicos, financistas, equipos de laboratorio, y los propios objetos de estudio (los “actantes” no humanos). Estos estudios revelaron que para que un hecho científico sea aceptado, se requiere la movilización de una vasta red de aliados, tanto humanos como materiales, que deben ser “enrolados” en el proyecto.

El origen de la TAR fue una respuesta directa al relativismo sociológico extremo que prevalecía en algunas corrientes de la STS de la época. Mientras que el constructivismo social tradicional tendía a explicar el éxito científico solo por factores sociales (ignorando la realidad material), la TAR insistió en que el mundo material debe ser incorporado en el análisis sociológico. Al otorgar agencia a los no humanos, Latour y Callon pudieron ofrecer un enfoque que era tanto constructivista (en el sentido de que las redes son construidas) como rigurosamente empírico (en el sentido de que la resistencia del mundo material debe ser respetada). Este enfoque marcó una ruptura decisiva con la sociología clásica, que había reservado históricamente la capacidad de acción y la intencionalidad exclusivamente para los seres humanos.

El Concepto de Traducción y Enrolamiento

El mecanismo central mediante el cual se forman y estabilizan las redes es la traducción. En el contexto de la TAR, la traducción no se refiere a la conversión lingüística, sino al proceso mediante el cual un actor (el traductor o iniciador de la red) logra que otros actantes, cuyos intereses son inicialmente divergentes o indiferentes, se alineen con sus propios objetivos. Este proceso implica la redefinición de identidades, intereses y objetivos de los actores para hacerlos compatibles con la visión del traductor. Es a través de la traducción que un problema complejo se simplifica en una solución única, y los intereses dispersos se concentran en un único punto focal.

La traducción se descompone típicamente en cuatro “momentos” analíticos, aunque en la práctica estos a menudo se superponen. El primer momento es la problematización, donde el actor iniciador define un problema y se posiciona como el único pasaje necesario para su solución. El segundo es la interesamiento (o interés), donde el iniciador aísla a los otros actantes y les interrumpe sus conexiones previas, ofreciéndoles una nueva identidad o rol dentro de la red propuesta. El tercer momento es el enrolamiento, que es el conjunto de estrategias (como la coerción, la seducción o la negociación) utilizadas para asegurar la participación de los actantes cruciales.

Finalmente, el cuarto momento es la movilización o traición de los aliados. Este paso implica asegurar que los actantes enrolados realmente representen a los grupos o fuerzas que se supone que deben representar, y que se mantengan leales a la red. Si la movilización es exitosa, la red se estabiliza y el actor iniciador se convierte en el portavoz legítimo de todos los demás elementos. Si, por el contrario, los actantes se resisten o se desvían de los objetivos prescritos, se produce una “traición” y la red se desestabiliza, obligando al iniciador a comenzar el ciclo de traducción nuevamente. La estabilidad de una red es, por lo tanto, el resultado de una traducción exitosa y continua.

Ejemplo Práctico: Un Caso de la Vida Real

Para ilustrar la aplicación de la Teoría del Actor-Red, consideremos el caso del desarrollo e implementación de un nuevo sistema de pago electrónico de peajes en una autopista urbana. El objetivo del actor iniciador (una empresa de infraestructura) es reemplazar las casetas de cobro manual por dispositivos automáticos (tags) que permitan el flujo continuo del tráfico.

El proceso comienza con la problematización: la empresa define el problema como la congestión vehicular y el costo laboral de los cobradores, posicionando el sistema de tags como la única solución inevitable. Luego sigue el interesamiento: la empresa debe alinear los intereses de diversos actantes. A los conductores se les ofrece la promesa de rapidez (un nuevo interés: tiempo ahorrado); a los bancos se les ofrece una nueva plataforma de gestión de pagos (un nuevo interés: comisiones); y a los dispositivos electrónicos (los tags) se les asigna la función de “mini-cobradores” que registran automáticamente la transacción (un nuevo rol no humano).

El enrolamiento requiere estrategias específicas. Para enrolar a los conductores, se ofrecen descuentos iniciales o se limita el acceso a carriles rápidos solo a quienes tienen el tag. Para enrolar a los bancos, se establecen contratos de exclusividad y se garantiza la seguridad de la transferencia de datos. Las barreras físicas de la autopista se enrolan a través de la instalación de cámaras y antenas que detectan la ausencia del tag, castigando a los infractores. Este conjunto de negociaciones y prescripciones asegura que todos los actantes se mantengan en su lugar.

Finalmente, la movilización se logra cuando el sistema funciona de manera estable. La congestión se reduce, la mayoría de los conductores adoptan el tag, y los datos fluyen sin interrupción. En este punto, la red de “pago electrónico de peajes” se ha estabilizado. El sistema no es solo una tecnología, sino una red socio-material donde la acción de pagar ha sido delegada desde el humano (el conductor que entrega efectivo) a una serie de actantes no humanos (el tag, la antena, el software bancario), y la infraestructura misma se convierte en un actante que “recuerda” y “ejecuta” la norma de cobro.

Impacto y Relevancia en las Ciencias Sociales

La Teoría del Actor-Red ha tenido un impacto sísmico en las ciencias sociales, principalmente porque ofrece una metodología radicalmente empírica y descriptiva. Su relevancia radica en que ha obligado a los investigadores a abandonar las explicaciones causales basadas en grandes estructuras (como el capitalismo, el patriarcado o la clase social) y, en su lugar, concentrarse en la descripción minuciosa de las conexiones locales y específicas que dan forma a cualquier fenómeno. La TAR insiste en que las estructuras sociales no son el punto de partida del análisis, sino el resultado final, frágil y contingente, de la estabilización temporal de las redes.

Además de su contribución metodológica, la TAR ha sido crucial para el desarrollo de una ontología que reconoce la agencia material. Al insistir en la simetría generalizada, la TAR ha permitido a campos como la geografía, la antropología y los estudios organizacionales integrar plenamente el papel de la infraestructura, el medio ambiente y la tecnología en sus análisis. Esto ha sido particularmente significativo en el estudio de las crisis ambientales y climáticas, donde la interacción entre actantes humanos (gobiernos, consumidores) y actantes no humanos (el clima, los ecosistemas, el dióxido de carbono) es inseparable.

En el ámbito de la filosofía y la sociología, la TAR revitalizó el debate sobre el realismo y el constructivismo. Bruno Latour, en particular, argumentó que la TAR no es ni puramente constructivista (porque la realidad material resiste y responde) ni puramente realista (porque los hechos son siempre ensamblajes). Este enfoque ha llevado a la creación de nuevos marcos de investigación, como la semiótica material, que trata la descripción de las redes como una forma de narración que revela cómo se construyen y se sostienen los mundos.

Conexiones y Relaciones con Otras Teorías

La Teoría del Actor-Red mantiene una relación compleja con el constructivismo social. Aunque comparte la idea de que los hechos y las instituciones son construidos, la TAR critica al constructivismo social tradicional por ser demasiado “social”, es decir, por explicar las cosas solo a través de factores humanos y estructuras sociales preexistentes. La TAR, por el contrario, exige que los no humanos sean partícipes activos en la construcción, lo que la sitúa más cerca de las teorías del materialismo posthumanista o el realismo especulativo, que también buscan desentrar la agencia humana.

Una conexión teórica importante se da con la Semiótica Material, un término a menudo utilizado como sinónimo de la TAR, especialmente en los trabajos de Michel Callon. Esta conexión subraya que las redes pueden ser analizadas como textos o narrativas, donde los actantes son como signos que adquieren significado y capacidad de acción solo a través de sus relaciones mutuas. La Semiótica Material enfatiza que los objetos “hablan” o “prescriben” acciones a los humanos, inscribiendo intenciones y órdenes en su diseño.

En términos de subcampos, la TAR pertenece fundamentalmente a la Sociología de la Ciencia y la Tecnología (STS), pero su influencia se ha extendido profundamente a la Teoría de la Organización, la Geografía Crítica, los Estudios de Medios y Comunicación, y la Antropología. En estos campos, la TAR proporciona herramientas para analizar cómo las infraestructuras, los algoritmos y los objetos cotidianos configuran las prácticas sociales sin recurrir a explicaciones deterministas (donde la tecnología dicta la sociedad) o deterministas sociales (donde la sociedad dicta la tecnología). La TAR ofrece una vía para entender la co-producción mutua de lo social y lo técnico.

Finalmente, la TAR ha sido objeto de críticas sustanciales. Una de las más comunes es su supuesta “planitud” ontológica, que, al tratar a todos los actantes simétricamente, se dice que carece de la capacidad de realizar una crítica social profunda, ignorando las asimetrías de poder preexistentes (como las de clase o género). Los defensores de la TAR, sin embargo, responden que las diferencias de poder no son negadas, sino que deben ser demostradas como el efecto de una red altamente estable y asimétrica, en lugar de ser asumidas como causas iniciales del análisis.

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memjavad (2025, October 13). Teoría del Actor-Red – Bruno Latour & Michel Callon. Spanish Psychological Databases. https://spanish.arabpsychology.com/teoria-del-actor-red-bruno-latour-michel-callon/
memjavad. “Teoría del Actor-Red – Bruno Latour & Michel Callon.” Spanish Psychological Databases, 13 October 2025, https://spanish.arabpsychology.com/teoria-del-actor-red-bruno-latour-michel-callon/.
memjavad. “Teoría del Actor-Red – Bruno Latour & Michel Callon.” Spanish Psychological Databases. October 13, 2025. https://spanish.arabpsychology.com/teoria-del-actor-red-bruno-latour-michel-callon/.

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