Charles Scott Sherrington – 1857 1952

Sir Charles Scott Sherrington

  • 27 de noviembre de 1857, Islington, Londres – 1952
  • Británica
  • Fisiología experimental
Revisado científicamente · Dr. Marwa Abd-Alazim · octubre 24, 2026
Revisado médica y científicamente Verificado el: octubre 24, 2026
Dr. Marwa Abd-Alazim PhD in Psychology
Faculty Member • University of Kerbala
Criterios de revisión y normas clínicas

Este contenido se somete a una rigurosa revisión científica y estándares editoriales médicos para garantizar la precisión clínica y el cumplimiento de las pautas basadas en evidencia (APA / OMS).

Contribuciones clave

  • Introducción del concepto de sinapsis
  • Concepto de propiocepción
  • Concepto de nocicepción
  • Concepto de vía final común
  • Inhibición recíproca
  • Paradigma integrador del sistema nervioso
  • Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1932

Biografía

La historia de la ciencia biomédica registra pocas transiciones de paradigma tan profundas como la que transformó la concepción del sistema nervioso a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Durante generaciones, el cerebro y las vías espinales habían sido interpretados a través de analogías hidráulicas, conductos continuos de sustancia blanca o redes sincitiales indiferenciadas donde el movimiento y la sensación se disipaban sin leyes claras de dirección ni cómputo. En ese escenario de encrucijada teórica, la figura del fisiólogo británico Sir Charles Scott Sherrington (1857-1952) emergió como la mente ordenadora que dotó al tejido nervioso de una arquitectura funcional sistemática, cuantitativa y rigurosamente biológica.

Lejos de limitar su labor a la mera confirmación empírica de datos anatómicos dispersos, Sherrington acometió la titánica tarea de concebir el sistema nervioso como un órgano holístico cuya función primordial no estriba en la pasividad de transmitir impulsos aislados, sino en la integración activa y coordinada de todas las partes del organismo. Al introducir conceptos hoy universales e insustituibles —tales como la sinapsis, la propiocepción, la nocicepción, la vía final común y la inhibición recíproca—, sentó los cimientos conceptuales sobre los cuales descansa la neurobiología contemporánea, la neurología clínica, la neurofisiología experimental e incluso las modernas ciencias del movimiento y la robótica bioinspirada.

Su trayectoria intelectual, que abarcó desde las crisis epidémicas de cólera en la Europa de finales del siglo XIX hasta la titularidad de las cátedras más prestigiosas de Liverpool y Oxford, representa el cenit del método experimental victoriano unido a una inusual sensibilidad humanística y filosófica. Galardonado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1932 junto a Edgar Douglas Adrian, el legado de Sherrington supera con creces el catálogo de sus descubrimientos fácticos: instauró un lenguaje universal para dialogar con la complejidad del sistema nervioso, resolviendo la brecha ontológica que separaba la estructura microscópica de la conducta viva. El presente estudio examina exhaustivamente su vida, su obra científica fundamental y la perdurable vigencia de su pensamiento integrador.

1. Introducción y contexto histórico del nacimiento de la neurofisiología moderna

1.1 La neurobiología a finales del siglo XIX y el estado de la medicina británica

Hacia las últimas décadas del siglo XIX, las ciencias biológicas en Europa experimentaban una profunda transformación epistemológica. La transición del mecanicismo cartesiano —que concebía los cuerpos animales como autómatas movidos por fluidos sutiles o «espíritus animales» a través de canalizaciones huecas— hacia una fisiología experimental rigurosa se hallaba en pleno apogeo. En el Reino Unido, esta mudanza teórica no se produjo de manera espontánea, sino al abrigo de una progresiva institucionalización de la ciencia médica en la época victoriana tardía. Los viejos hospitales docentes londinenses, tradicionalmente enfocados hacia la anatomía descriptiva y la práctica quirúrgica empírica, comenzaron a asimilar el modelo de los laboratorios universitarios alemanes y franceses, donde la observación cualitativa era sustituida de forma paulatina por registros físicos objetivos, mediciones cronométricas y estimulaciones eléctricas calibradas.

A pesar de estos avances técnicos, persistía una brecha infranqueable entre dos mundos aparentemente irreconciliables: la anatomía microscópica descriptiva y la fisiología funcional directa del tejido vivo. Mientras los histólogos desvelaban una diversidad asombrosa de morfologías celulares gracias al perfeccionamiento del microscopio acromático y las técnicas de tinción sintética, los fisiólogos que intentaban medir la velocidad del impulso nervioso —siguiendo la estela iniciada por Hermann von Helmholtz a mediados de siglo— eran incapaces de explicar cómo esas intrincadas redes anatómicas producían movimientos coordinados, respuestas reflejas predecibles o ajustes posturales automáticos. Los registros galvánicos y miográficos primitivos mostraban que el nervio conducía una perturbación eléctrica medible, pero la naturaleza de la transmisión a través de los centros nerviosos profundos de la médula espinal permanecía en la más absoluta opacidad.

La institucionalización formal de la investigación fisiológica en el Reino Unido tomó un impulso decisivo con figuras como Michael Foster en la Universidad de Cambridge. Foster comprendió que el avance de la medicina británica requería formar investigadores dedicados a tiempo completo a la ciencia básica, liberados de la urgencia del ejercicio clínico cotidiano. Paralelamente, la penetración de los métodos físico-químicos en el estudio del protoplasma vivo promovió la idea de que los fenómenos nerviosos no debían adjudicarse a fuerzas vitales inescrutables, sino a propiedades biofísicas de las membranas, a desequilibrios iónicos y a interacciones moleculares dinámicas. En esta atmósfera de renovación intelectual, el joven Charles Scott Sherrington inició su andadura científica, asumiendo la misión histórica de tender un puente empírico entre la estática de las preparaciones histológicas y la dinámica temporal de las funciones corporales complejas.

1.2 El debate entre la teoría reticular y la doctrina neuronal emergente

En el centro de las controversias neurológicas de la época se libraba una batalla doctrinaria fundamental en torno a la naturaleza íntima del tejido nervioso. La corriente predominante durante gran parte de la segunda mitad del siglo XIX fue el reticularismo, vigorosamente defendido por el anatomista italiano Camillo Golgi y secundado por numerosos patólogos centroeuropeos. Según la teoría reticular, el sistema nervioso constituía una red continua y sincitial de fibrillas anastomizadas; el protoplasma de una célula nerviosa se fundía sin solución de continuidad con el de las células adyacentes, formando un entramado difuso a través del cual los impulsos fluían en todas direcciones como una onda líquida en un sistema capilar cerrado. Esta visión negaba la individualidad funcional y anatómica de los elementos celulares y relegaba al cuerpo neuronal a un papel secundario, meramente nutritivo o trófico.

El panorama dio un vuelco radical cuando el histólogo español Santiago Ramón y Cajal, aplicando y perfeccionando el método de impregnación argéntica (la reazione nera de Golgi), demostró de manera incontrovertible en embriones de aves y mamíferos que las células nerviosas son unidades morfológicas genéticamente independientes. Cajal observó que las prolongaciones axónicas y dendríticas terminan de forma libre, mediante expansiones varicosas o botones terminales, apoyándose estrechamente sobre la superficie de otros somas o dendritas sin fusionarse jamás con ellos. La formulación formal de la doctrina neuronal —respaldada y bautizada como tal por el anatomista Wilhelm von Waldeyer en 1891— postulaba que la contigüidad, y no la continuidad, era el principio rector de la arquitectura nerviosa.

Sin embargo, para los fisiólogos de la época, la doctrina morfológica de Cajal planteaba un enigma monumental. Si las neuronas estaban separadas por intersticios físicos microscópicos, ¿cómo cruzaba el impulso nervioso esa hendidura sin disiparse ni perder su carácter eléctrico? ¿Por qué la conducción a través de los centros reflejos era significativamente más lenta que a lo largo de un tronco nervioso aislado? ¿Qué impedía que la excitación rebotara o retrocediera en sentido inverso dentro de la cadena neuronal? Los laboratorios británicos observaban esta disputa histológica con cautela metodológica. Para investigadores formados en la rigurosa tradición físico-química, la simple visualización de cortes teñidos con sales metálicas en tejidos muertos y deshidratados no constituía una prueba concluyente del comportamiento en vivo. Se requería con urgencia un marco conceptual y fisiológico que sometiera a prueba las consecuencias dinámicas de la contigüidad celular propuesta por Cajal, demostrando cómo una discontinuidad estructural condicionaba la función refleja y la direccionalidad del flujo de información.

1.3 Relevancia y alcance del paradigma integrador de Sherrington

La intervención científica de Sherrington en este debate no consistió en tomar partido dogmático por una técnica histológica, sino en construir un paradigma funcional integrador capaz de superar tanto el reduccionismo mecanicista del arco reflejo aislado como el difusionismo caótico del reticularismo. Antes de sus trabajos, la fisiología refleja —heredera directa de Marshall Hall y Johannes Müller— solía concebir el reflejo como una unidad aislada e invariable: un estímulo periférico que activaba un canal aferente predeterminado, se reflejaba en la médula y producía mecánicamente una respuesta motora idéntica. Esta óptica desmenuzaba el organismo en un mosaico inconexo de arcos mecánicos independientes, resultando incapaz de dilucidar cómo el animal vivo logra caminar, conservar el equilibrio, orientar la mirada o huir armónicamente de un peligro.

Sherrington transformó este enfoque al postular que el reflejo simple, aislado en el laboratorio mediante transecciones quirúrgicas, es en realidad una abstracción metodológica ficticia. En el organismo intacto, los reflejos no operan jamás de manera insular, sino que se hallan interconectados, subordinados y fusionados en una orquesta biológica constante. El sistema nervioso, según la visión sherringtoniana, tiene como propósito fundamental unificar al organismo pluricelular complejo, convirtiendo una vasta multiplicidad de receptores sensitivos y efectores musculares en un individuo biológico dotado de coherencia comportamental y adaptativa. Esta concepción superó el reduccionismo elemental y sentó las bases de la neurofisiología holística y cuantitativa moderna.

Para materializar este programa de investigación, Sherrington introdujo técnicas de registro mecánico de alta precisión, dinamómetros miográficos, dispositivos de estimulación temporal rigurosa y preparaciones quirúrgicas de aislamiento funcional (como la preparación espinal y la de descerebración) que permitieron medir fuerzas, latencias y períodos refractarios con exactitud matemática. El impacto de su paradigma redefinió la comprensión de los circuitos motores y sensoriales: las rutas eferentes ya no eran simples conductores pasivos, sino campos de competencia interactiva donde la excitación y la inhibición libraban una batalla coordinada. Con ello, la neurobiología abandonó para siempre la especulación doctrinaria y se consolidó como una disciplina analítica, integradora y predictiva.

2. Primeros años, formación académica e influencias formativas (1857-1887)

2.1 Orígenes familiares, infancia e inclinaciones intelectuales tempranas

Charles Scott Sherrington nació el 27 de noviembre de 1857 en Islington, al norte de Londres. Los primeros años de su biografía estuvieron marcados por complejas circunstancias familiares sobre las cuales el propio fisiólogo mantuvo siempre una discreta reserva. Aunque los registros oficiales iniciales inscribían la filiación familiar con ciertas lagunas y ambigüedades biográficas vinculadas a James Norton Sherrington, la figura que ejerció una influencia formativa determinante durante su infancia y primera juventud fue el doctor Caleb Rose Jr. Tras el fallecimiento o separación del entorno paterno original, su madre, Anne Brookes Sherrington, contrajo matrimonio con Caleb Rose, un culto y distinguido médico general afincado en la ciudad de Ipswich, en el condado de Suffolk.

El hogar de Caleb Rose en Ipswich constituyó un santuario de erudición clásica, humanismo y pasión por las ciencias naturales. Rose no era únicamente un clínico victoriano respetado, sino un notable arqueólogo aficionado, geólogo consumado y apasionado coleccionista de arte clásico y pintura flamenca y británica, con predilección por los maestros de la Norwich School. En este ambiente impregnado de conversaciones sobre historia del Renacimiento, botánica y fósiles, el joven Charles desarrolló una doble vocación que jamás lo abandonaría: la fascinación por la observación minuciosa de la naturaleza viva y un amor reverencial hacia las humanidades clásicas, la literatura grecolatina y los textos médicos de los pioneros del Renacimiento europeo.

La vasta biblioteca de Caleb Rose se convirtió en el laboratorio intelectual temprano de Sherrington. Allí aprendió a leer latín y griego clásico con notable soltura, una habilidad filológica que resultaría crucial décadas después a la hora de bautizar con exactitud etimológica los fenómenos fisiológicos que descubría en sus animales de experimentación. Su paso por la prestigiosa Queen Elizabeth’s School de Ipswich reforzó esta base académica clásica y consolidó en él una devoción por la poesía lírica, la arquitectura gótica y los métodos descriptivos de la historia natural. Esta particular simbiosis entre sensibilidad artística y curiosidad biológica confirió al pensamiento de Sherrington una amplitud de criterio, una paciencia observacional y un rigor analítico poco comunes entre los experimentalistas puramente mecanicistas de su generación.

2.2 Instrucción médica en St Thomas’ Hospital y la Universidad de Cambridge

Guiado por el ejemplo tutelar de Caleb Rose, Sherrington decidió encauzar sus inclinaciones intelectuales hacia la carrera médica. En 1876 ingresó formalmente como estudiante clínico en el St Thomas’ Hospital Medical School de Londres, una de las instituciones hospitalarias con mayor tradición asistencial y formativa de la capital británica. Durante su estancia en las salas de hospitalización, el joven aprendiz tomó contacto directo con las devastadoras patologías de la época: traumatismos de la médula espinal derivados de accidentes fabriles, desórdenes neurológicos paralíticos, tabes dorsal y neuropatías infecciosas. La observación de pacientes hemipléjicos y parapléjicos agudizó su interés por desentrañar la organización anatómica y funcional oculta tras la motilidad voluntaria y la pérdida de reflejos osteotendinosos.

Ansioso por profundizar en las bases científicas experimentales de la medicina, Sherrington se matriculó en 1879 en el Gonville and Caius College de la Universidad de Cambridge. En Cambridge, la enseñanza de la fisiología se hallaba en plena ebullición bajo el liderazgo indiscutible de Michael Foster, fundador indiscutible de la denominada «Escuela de Fisiología de Cambridge». Foster había transformado los antiguos laboratorios de la universidad en una factoría de talento científico donde los estudiantes aprendían ciencia no mediante lecciones magistrales memorísticas, sino manipulando preparaciones neuromusculares vivas, calibrando quimógrafos y discutiendo críticamente las publicaciones más recientes aparecidas en Francia y Alemania.

En el vibrante laboratorio de Foster, Sherrington entabló una estrecha y duradera relación con dos investigadores que estaban redefiniendo el conocimiento del sistema nervioso vegetativo: John Newport Langley y Walter Holbrook Gaskell. Gaskell se encontraba desentrañando la anatomía funcional del sistema nervioso simpático y parasimpático, mientras que Langley investigaba las acciones selectivas de alcaloides como la nicotina sobre los ganglios autonómicos. La inmersión en este grupo de élite enseñó a Sherrington a desconfiar de las suposiciones teóricas a priori y a exigir a sus experimentos un nivel de reproducibilidad y control cuantitativo extraordinario. Graduado en Cambridge con las más altas distinciones en el Natural Sciences Tripos en 1883, Sherrington se convirtió en el discípulo más prometedor del círculo de Foster, orientando definitivamente su porvenir profesional hacia la fisiología experimental pura.

2.3 Estancias formativas en la Europa continental: Virchow, Koch y Goltz

Consciente de que la vanguardia de la patología y la microscopía se localizaba en las universidades del continente europeo, Sherrington complementó su formación británica mediante sucesivas estancias de trabajo en los más renombrados centros de Alemania y Francia entre 1884 y 1887. En Berlín, ingresó en el Instituto de Patología del célebre Rudolf Virchow, el padre de la patología celular. Bajo la supervisión estricta de Virchow, asimiló la técnica histológica más depurada de la época: la microtomía de precisión, la conservación tisular mediante agentes químicos selectivos y la correlación microscópica sistemática entre la alteración lesional tisular y el cuadro nosológico clínico manifestado en vida por el enfermo.

Simultáneamente, Sherrington se adiestró en las novedosas metodologías de la bacteriología en el laboratorio de Robert Koch, descubridor de los agentes causales de la tuberculosis y el cólera. En los laboratorios de Koch en Berlín, aprendió las reglas estrictas de la asepsia quirúrgica, el aislamiento de cultivos bacterianos puros en placas de agar y el diseño de tinciones diferenciales con anilinas. Esta pericia microbiológica no sólo le otorgó un prestigio inmediato a su regreso al Reino Unido, sino que le inculcó una cultura operatoria de asepsia rigurosa que más tarde aplicaría con éxito rotundo en las intervenciones neurofisiológicas de supervivencia crónica en animales, un procedimiento que exigía evitar a toda costa infecciones postoperatorias que distorsionasen los registros reflejos.

Una de las experiencias continentales más influyentes para su posterior carrera como neurofisiólogo se produjo durante su estancia en la Universidad de Estrasburgo con Friedrich Goltz. Goltz se encontraba entonces enfrascado en una célebre disputa internacional contra David Ferrier acerca de la localización precisa de las funciones motoras en la corteza cerebral. Goltz sostenía que la ablación de amplias zonas de los hemisferios cerebrales en perros no provocaba parálisis motoras permanentes y circunscritas, sino una merma global de la iniciativa conductual y un embotamiento general del sensorio. Al observar en el laboratorio de Goltz a perros privados de extensas regiones corticales que, no obstante, conservaban respuestas posturales vigorosas y complejos reflejos locomotores espinales, Sherrington comprendió que el tronco encefálico y la médula espinal albergaban una maquinaria de coordinación intrínseca mucho más autónoma y sofisticada de lo que la doctrina clásica de la corteza motora admitía. Esa constatación despertó en su mente la determinación de dedicar sus esfuerzos a desentrañar la mecánica funcional profunda de los centros nerviosos subcorticales y medulares.

3. Investigaciones patológicas iniciales y transición a la fisiología experimental

3.1 Misiones epidemiológicas y el estudio de las epidemias de cólera

Antes de consagrarse por entero a la fisiología medular, las sólidas competencias de Sherrington en histopatología y bacteriología lo llevaron a participar en misiones médicas de alto riesgo epidemiológico en la Europa meridional. A mediados de la década de 1880, el continente se vio sacudido por una devastadora pandemia de cólera asiático. En 1885, la prestigiosa Royal Society de Londres, junto a la Association for Research in Medicine, comisionó al joven Sherrington, acompañado por el patólogo Charles Smart Roy y el médico J. Graham Brown, para desplazarse a España con el propósito de evaluar la naturaleza del brote colérico que asolaba las provincias orientales del país y examinar críticamente las polémicas vacunas preventivas que estaba administrando el bacteriólogo catalán Jaime Ferrán.

El trabajo en la península ibérica se desarrolló en condiciones materiales extremas y en medio de un clima de pánico social generalizado. Sherrington y sus colegas instalaron laboratorios de campaña improvisados, practicaron autopsias inmediatas en cadáveres de víctimas coléricas en hospitales de beneficencia y recolectaron muestras de heces y tejidos intestinales para aislar el bacilo coma descrito pocos años antes por Koch. El informe final redactado por la comisión británica para la Royal Society adoptó una postura notablemente escéptica respecto a la eficacia metodológica de las inoculaciones masivas de Ferrán, argumentando una falta de homogeneidad en los cultivos bacterianos atenuados empleados y la ausencia de controles cuantitativos concluyentes, aunque reconoció la valentía del médico español al intentar una profilaxis biológica activa.

Al año siguiente, en 1886, una nueva oleada de cólera azotó el norte de Italia, y Sherrington fue enviado urgentemente a Venecia para continuar las investigaciones sobre la patogénesis de la enterotoxina bacteriana. En los hospitales venecianos, mientras la ciudad permanecía aislada y sometida a cordones sanitarios navales, Sherrington analizó las alteraciones vasculares agudas, la transudación masiva de fluidos hacia el lumen gastrointestinal y el colapso hemodinámico terminal de los pacientes. Estas misiones epidemiológicas consolidaron su prestigio científico en Gran Bretaña, ganándole el respeto unánime de las sociedades médicas de Londres y familiarizándolo con el análisis anatomopatológico riguroso, pero afianzaron en él la certidumbre de que su verdadera pasión intelectual residía en el estudio de las funciones fisiológicas continuas del organismo vivo, y no en la patología descriptiva post mórtem.

3.2 La dirección de la Brown Animal Sanatory Institution

El punto de inflexión definitivo en la carrera científica de Sherrington aconteció en 1891, cuando fue nombrado superintendente médico de la Brown Animal Sanatory Institution en el distrito londinense de Wandsworth. Creada gracias al legado testamentario de Thomas Brown, esta singular institución operaba simultáneamente como un hospital benéfico veterinario dedicado al cuidado y tratamiento de animales domésticos pertenecientes a ciudadanos con escasos recursos económicos, y como un avanzado centro de patología y fisiología experimental adscrito administrativamente a la Universidad de Londres. En el pasado, fisiólogos y bacteriólogos de la talla de Sir Victor Horsley y Sir John Burdon-Sanderson habían ocupado su dirección.

Para Sherrington, la Brown Institution supuso la obtención de un espacio de investigación independiente dotado de un suministro constante de modelos animales, instalaciones quirúrgicas de vanguardia y una completa libertad académica para diseñar sus propios programas de experimentación continuada. Fue en este enclave londinense donde decidió volcar todos sus esfuerzos y recursos en el esclarecimiento minucioso de la anatomía funcional de las raíces nerviosas espinales y en la determinación de las leyes que rigen la inervación muscular y cutánea segmentaria. Las instalaciones le permitieron alojar especies mamíferas superiores —incluyendo gatos, perros y primates no humanos— bajo condiciones de cuidado veterinario riguroso, posibilitando la realización de intervenciones quirúrgicas de supervivencia a largo plazo.

Durante su mandato en la Brown Institution (1891-1895), Sherrington desarrolló instrumental quirúrgico microquirúrgico pionero, tijeras y pinzas curvas específicas para operar sin comprimir la médula, y refinó las técnicas de anestesia profunda con cloroformo y éter para asegurar que ningún animal sufriera estrés fisiológico o dolor durante las operaciones ni en los períodos de registro funcional. Delimitó las bases de la moderna neurocirugía experimental: la incisión cuidadosa de las meninges espinales, el control escrupuloso de la hemostasia para evitar hematomas compresivos en el tejido medular y el aislamiento de raíces radiculares individuales sin comprometer el aporte vascular de las arterias espinales anterior y posterior. Esta maestría técnica le permitió abordar con éxito problemas que habían desafiado a los más ilustres histólogos y cirujanos de su época.

3.3 Cartografía meticulosa de las raíces nerviosas y los dermatomas

Sherrington centró su atención inicial en un problema de trascendencia crítica tanto para la ciencia pura como para el diagnóstico clínico: ¿cómo se proyectan las fibras sensitivas y motoras contenidas en las raíces espinales en la periferia del cuerpo? Para responder a esta incógnita, adoptó de manera sistemática el método de la degeneración retrógrada y anterógrada descrito décadas atrás por el fisiólogo británico Augustus Volney Waller (la célebre degeneración walleriana). Seccionando asépticamente una raíz espinal dorsal (sensitiva) o ventral (motora) particular a nivel extradural o intradural en monos y gatos, y esperando el tiempo necesario para que las fibras nerviosas seccionales degenerasen por falta de continuidad con su soma trofico, Sherrington teñía meticulosamente los nervios periféricos con ácido ósmico para rastrear con microscopio la trayectoria exacta y la distribución terminal de cada raíz motora o sensitiva.

Para delimitar la inervación cutánea sensorial, inventó el ingenioso método del «aislamiento por eliminación» (o método del dermatoma residual). Dado que la sección de una sola raíz dorsal provocaba una pérdida de sensibilidad apenas perceptible en la piel debido a la supuesta compensación vecina, Sherrington procedió a seccionar quirúrgicamente dos o tres raíces sensoriales dorsales continuas inmediatamente por encima y por debajo de una raíz diana que se dejaba intacta. Al despertar el primate y esperar la cicatrización, cartografiaba con estiletes térmicos, mecánicos y eléctricos la franja aislada de piel que conservaba la sensibilidad táctil y álgica en medio de un vasto territorio periférico denervado y anestesiado.

Este paciente abordaje le condujo a un descubrimiento trascendental: el solapamiento o superposición funcional de los dermatomas adyacentes. Sherrington demostró que cada punto singular de la superficie cutánea no está inervado por una única raíz dorsal, sino por fibras convergentes procedentes de al menos dos o tres niveles medulares segmentarios sucesivos. Esta cartografía dermatómica meticulosa, plasmada en dos voluminosas y monumentales memorias publicadas en las Philosophical Transactions of the Royal Society of London en 1893 y 1898, modificó de raíz la neurología diagnóstica. Permitió a los clínicos comprender por qué una lesión compresiva de una única raíz dorsal no genera anestesia total en la piel, sino una hipoestesia leve, y dotó a los neurocirujanos de mapas topográficos fidedignos para localizar el nivel medular exacto de tumores intradurales, compresiones vertebrales y estenosis traumáticas del canal raquídeo en seres humanos.

4. El concepto de la sinapsis y la formulación de la unión interneuronal

4.1 Génesis terminológica y contextualización teórica de la ‘sinapsis’

Hacia finales del siglo XIX, la acumulación abrumadora de evidencias anatómicas aportadas por Santiago Ramón y Cajal exigía una reformulación urgente de la fisiología del contacto intercelular. Sherrington advirtió que la contigüidad histológica implicaba de manera inevitable que la transmisión del impulso entre una neurona y otra debía efectuarse a través de una superficie o zona interfacial con características biológicas radicalmente diferentes a las del axón desnudo. En 1897, Michael Foster se encontraba preparando la séptima edición de su clásico e influyente manual A Text-Book of Physiology, y confió a Sherrington la redacción íntegra de la sección dedicada al sistema nervioso central.

En el borrador preliminar de dicho texto, Sherrington se percató de la imperiosa necesidad de introducir un término preciso y conciso para designar ese punto nodal de comunicación funcional entre neuritas terminales y cuerpos neuronales receptores. En un principio, el fisiólogo barajó utilizar el vocablo syndesm (del griego σύνδεσμος, ligamento o conexión), pero insatisfecho con la sonoridad y las resonancias puramente anatómicas del término, decidió consultar al eminente filólogo clásico de Cambridge, Arthur Woollgar Verrall. Verrall propuso recurrir al término griego σύναψις (synapsis), derivado de la unión de σύν (syn-, juntos) y ἅπτειν (haptein, abrochar, unir, estrechar fuertemente). Fascinado por la fuerza y precisión etimológica de la propuesta, Sherrington adoptó el término, que vio la luz pública por primera vez en las páginas de Foster en 1897:

«Una conexión tal de una célula con otra solo puede ser de una clase: un contacto entre la superficie arborizada de una neurita y el cuerpo o las dendritas de la otra célula… A esta conexión interfacial entre dos células nerviosas podemos llamarla sinapsis».

La introducción de la noción de sinapsis supuso mucho más que una afortunada innovación léxica; constituyó un golpe demoledor contra las últimas resistencias del reticularismo protoplasmático. Al postular la existencia de una «superficie de separación funcional», Sherrington transformó una hendidura microscópica en un enclave biológico activo dotado de propiedades biofísicas propias, un umbral regulador que controlaba, seleccionaba y distribuía el tráfico de las señales nerviosas en el organismo.

4.2 Propiedades funcionales deducidas de la unión sináptica

La genialidad metodológica de Sherrington residió en deducir las propiedades intrínsecas de la unión sináptica sin necesidad de verla directamente bajo el microscopio electrónico —instrumento que tardaría más de medio siglo en ser inventado—. Su razonamiento fue puramente fisiológico y deductivo: comparó cuantitativamente el comportamiento de un impulso eléctrico al recorrer un tronco nervioso periférico aislado con el comportamiento de ese mismo impulso al tener que atravesar los centros medulares a lo largo de un arco reflejo.

A partir de esta comparación sistemática, Sherrington enumeró una serie de diferencias fisiológicas irreconciliables entre el axón y el arco reflejo, deduciendo que todas ellas debían residir forzosamente en la naturaleza física y química de la superficie sináptica:

  • Polarización unidireccional (conducción ortodrómica): Mientras que un nervio periférico artificialmente estimulado en su centro conduce el potencial de acción con igual facilidad en ambas direcciones (hacia el soma y hacia el terminal), el arco reflejo central exhibe una estricta direccionalidad irreversible: la señal viaja exclusivamente desde las fibras aferentes hacia las eferentes, jamás en sentido retrógrado. La sinapsis funciona como una válvula biológica de paso unidireccional.
  • Retraso reflejo (retardo sináptico): Al medir con cronómetros mecánicos de precisión el tiempo total transcurrido entre el estímulo y la respuesta motora, y restar el tiempo imputable a la velocidad de conducción física por los nervios periféricos, descubrió que persistía una fracción temporal inexplicable: un retraso central significativo en la médula. Este retardo fue atribuido al tiempo requerido por la unión sináptica para procesar y transferir la perturbación excitatoria de una célula a la siguiente.
  • Susceptibilidad a la fatiga, anoxia y drogas: Mientras que un axón es extraordinariamente resistente al agotamiento funcional y puede conducir impulsos a frecuencias elevadas durante horas si se oxigena, los arcos reflejos sufren fatiga precoz tras estimulaciones repetidas breves. Asimismo, los anestésicos volátiles como el cloroformo o el éter y los bloqueos isquémicos transitorios paralizan la transmisión refleja central mucho antes de afectar la excitabilidad de los troncos axónicos periféricos.
  • Ritmo de descarga y falta de correspondencia 1:1: La frecuencia de disparo de la motoneurona eferente rara vez copia la frecuencia de estimulación del axón sensitivo aferente; la sinapsis ejerce una transformación del patrón rítmico, introduciendo fenómenos de postdescarga y períodos refractarios centrales prolongados.

4.3 Convergencia epistemológica con la doctrina neuronal de Ramón y Cajal

La postulación formal de la sinapsis actuó como el catalizador definitivo que selló el triunfo internacional de la doctrina neuronal. Santiago Ramón y Cajal había proporcionado los planos anatómicos inapelables de la individualidad celular; Sherrington aportó la formulación matemática y funcional que demostraba que esa individualidad morfológica era indispensable para explicar el comportamiento fisiológico del sistema nervioso. Ambas posturas se complementaron con una coherencia epistemológica perfecta: sin la contigüidad histológica demostrada por Cajal, las propiedades deducidas por Sherrington (la polarización irreversible, el retardo y la fatiga) no habrían tenido anclaje estructural; y sin las deducciones de Sherrington, los dibujos argénticos de Cajal habrían sido descalificados por los anatomistas alemanes como meros artefactos técnicos de fijación química.

Entre ambos científicos surgió una profunda admiración profesional mutua, consolidada mediante una nutrida correspondencia epistolar y encuentros académicos de primer nivel, en particular durante la entrega conjunta de los Premios Nobel en Estocolmo en 1906 (cuando Cajal compartió el galardón con Golgi) y las conferencias que el maestro español pronunció en Londres. Cajal citaba con frecuencia las deducciones de Sherrington como la prueba biológica viva de su ley de polarización dinámica, mientras que Sherrington siempre reconoció públicamente que sus conceptos funcionales no habrían nacido sin la deslumbrante precisión de las láminas histológicas de Madrid.

La convergencia entre ambos liquidó de forma irreversible las teorías neurofibrilares de Albrecht Bethe, István Apáthy y Max Schultze, quienes pretendían demostrar que diminutas neurofibrillas intracelulares atravesaban sin interrupción los límites celulares pasando libremente de un soma a otro a través de un retículo pericelular difuso. Frente a los neurofibrilaristas, Sherrington y Cajal alzaron el baluarte de la neurona como una unidad trófica, genética, morfológica y, sobre todo, una unidad polarizada de procesamiento de información, inaugurando la era dorada de la neurociencia biológica.

5. La acción integradora del sistema nervioso: Obra cumbre de 1906

5.1 Las Conferencias Silliman en la Universidad de Yale y su publicación

En la primavera de 1904, Sherrington fue invitado a cruzar el océano Atlántico para dictar una serie de lecciones magistrales en la Universidad de Yale, en New Haven (Connecticut), dentro del prestigioso ciclo de conferencias conmemorativas fundadas en honor a Benjamin Silliman (las célebres Silliman Memorial Lectures). Esta tribuna de honor exigía a los científicos más sobresalientes del mundo la exposición unificada y sistemática de sus trabajos de investigación más profundos. Consciente de la magnitud del encargo, el fisiólogo aprovechó la oportunidad para articular quince años ininterrumpidos de investigaciones analíticas realizadas en la Brown Animal Sanatory Institution y en sus nuevos laboratorios universitarios de Liverpool.

Las diez lecciones pronunciadas en Yale fueron reorganizadas, ampliadas y publicadas formalmente en 1906 en forma de tratado monumental bajo el título: The Integrative Action of the Nervous System. La publicación de este volumen de apenas cuatrocientas páginas supuso un terremoto en el panorama científico global, equiparable a lo que los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica de Newton representaron para la física clásica o el Origin of Species de Darwin para la biología evolutiva. Por primera vez en la historia de la medicina, el funcionamiento de la médula espinal y el tronco del encéfalo dejaba de ser un catálogo inconexo de observaciones curiosas sobre espasmos reflejos para erigirse en un sistema deductivo impecable articulado en torno a principios dinámicos universales.

La recepción crítica de la obra fue unánime y abrumadora tanto en Europa como en América del Norte. Fisiólogos de la escuela alemana, clínica médica francesa e investigadores británicos coincidieron en que el libro de 1906 refundaba la neurofisiología. Con una prosa densa, precisa y a menudo imbuida de resonancias literarias clásicas, Sherrington desgranaba la transición que experimenta el organismo desde la recepción del estímulo físico más elemental hasta la síntesis final del movimiento teleológico armónico, consagrándolo de forma indiscutible como la autoridad mundial indiscutida de la neurofisiología contemporánea.

5.2 El principio fisiológico de la ‘vía final común’

Uno de los ejes teóricos estructurantes más brillantes de The Integrative Action of the Nervous System es la formulación del principio de la «vía final común» (the final common path). Sherrington observó que mientras los canales aferentes receptores son extraordinariamente numerosos y diversos —con millones de fibras sensoriales táctiles, propioceptivas, térmicas, visuales, vestibulares y acústicas que penetran incesantemente en el neuroeje—, el sistema locomotor no dispone más que de un número estrictamente limitado de elementos ejecutores: las motoneuronas del asta anterior de la médula y los núcleos motores craneales que inervan mecánicamente las fibras del músculo estriado esquelético.

En consecuencia, la motoneurona actúa como un gigantesco embudo funcional convergente donde multitud de vías divergentes, tanto reflejos segmentarios locales de la médula como complejas rutas descendentes procedentes del haz corticoespinal piramidal, del cerebelo, del tectum y de los núcleos vestibulares, deben confluir obligatoriamente para influir sobre el músculo. La motoneurona del asta anterior y sus axones eferentes constituyen la última esclusa, la vía final común de la que dependen todas las manifestaciones corporales externas:

«La neurona motora que inerva un músculo escleral es el canal a través del cual fluyen todas las influencias que ese músculo es capaz de ejecutar. Es el instrumento final sobre el que tocan todos los centros superiores y reflejos. Es, por antonomasia, la vía final común».

Este concepto conllevó una comprensión trascendental sobre la naturaleza de la coordinación motora: los distintos impulsos aferentes compiten activamente entre sí por adueñarse transitoriamente del control de la vía final común. Si dos arcos reflejos antagónicos reclaman el mismo grupo muscular —por ejemplo, un reflejo nociceptivo protector que ordena la flexión de una extremidad para apartarla del dolor y un reflejo postural tónico que solicita su extensión para sostener el peso corporal—, la vía final común no ejecuta una media aritmética torpe o una contracción caótica; el sistema neuronal decide con precisión jerárquica cuál de los estímulos prevalece, suprimiendo activamente el reflejo subordinado y otorgando el control pleno del efector al comando más imperativo para la preservación inmediata del organismo.

5.3 Mecanismos de sumación temporal y sumación espacial

Para explicar cómo estímulos que en sí mismos resultan insuficientes para activar una motoneurona logran finalmente disparar una respuesta refleja, Sherrington formalizó con rigor experimental los conceptos de sumación temporal y sumación espacial. A través de ingeniosos montajes de electrodos estimuladores y registros miográficos calibrados, demostró cuantitativamente que un estímulo aferente único de intensidad subliminal es incapaz de provocar el disparo de la vía final común. Sin embargo, si ese mismo estímulo subliminal se repite a intervalos de tiempo extremadamente breves (un bombardeo rítmico repetido a través del mismo canal de entrada), la excitación acumulada logra despolarizar el centro y generar una contracción muscular enérgica: este fenómeno fue bautizado como sumación temporal.

Por otro lado, si se aplican simultáneamente dos o más estímulos subliminares independientes procedentes de regiones anatómicas contiguas o de nervios aferentes distintos que convergen sobre el mismo grupo de motoneuronas, la combinación de estas corrientes excitatorias locales dispersas alcanza el umbral motor crítico y dispara la respuesta refleja: este fenómeno recibió el nombre de sumación espacial. Sherrington dedujo que la sinapsis no actúa simplemente como un cable de relevo, sino como un integrador analógico capaz de computar algebraicamente la cantidad neta de excitación aferente que converge sobre ella en una ventana temporal finita.

Para dotar de soporte teórico a este comportamiento biofísico, postuló la existencia del central excitatory state o estado central de excitación (c.e.s.). Concibió el c.e.s. como una alteración de membrana acumulativa y gradual que no se rige por la ley del «todo o nada» propia del impulso axonal viajero, sino que aumenta progresivamente con la llegada sucesiva de estímulos y decae exponencialmente con el tiempo. El estado central de excitación operaba conceptualmente como el sustrato celular precursor que, al superar un valor umbral determinado, provocaba la descarga del potencial de acción propagado. Décadas después, el registro microeléctrico intracelular corroboraría la deslumbrante precisión de esta deducción sherringtoniana, rebautizando el c.e.s. como el potencial postsináptico excitador (EPSP).

6. El arco reflejo, la propiocepción y la nocicepción

6.1 Deconstrucción crítica del concepto tradicional del arco reflejo

La visión simplista dominante en la medicina decimonónica trataba el arco reflejo como si fuese un autómata rígido de relojería: un hilo conductor aislado que respondía como una campana al tirar de una cuerda, completamente inmune a las contingencias del resto del cuerpo. Sherrington demolió sistemáticamente esta concepción mecanicista reduccionista. Demostró que el «reflejo aislado» es exclusivamente un artificio de disección analítica, útil para el estudio metódico en el laboratorio, pero inexistente en el animal biológicamente integrado.

En el organismo real, cualquier arco reflejo se halla inmerso en una densa matriz de influencias concurrentes. Un reflejo segmentario lumbar no actúa en el vacío; su latencia, amplitud y duración están siendo constantemente moduladas por la actividad de los segmentos medulares torácicos y cervicales (reflejos intersegmentarios propriospinales) y por el tono descendente que emana de los núcleos del tronco del encéfalo, el cerebelo y la corteza cerebral (influencias supraespinales). El estado fisiológico basal del sistema nervioso central —el grado de vigilia, el estado nutricional, la temperatura interna, la presencia de fármacos o la concurrencia de otros estímulos sensitivos simultáneos— altera radicalmente la respuesta del arco.

Esta deconstrucción crítica reveló la extraordinaria plasticidad funcional del sistema nervioso. Sherrington probó que un mismo estímulo periférico uniforme puede provocar respuestas motoras diametralmente opuestas en función de la postura previa en la que se halle la extremidad o del grado de estiramiento al que estén sometidos los músculos implicados. El reflejo dejó de ser visto como una servidumbre mecánica ciega y pasó a ser conceptualizado como una respuesta flexible y contingentemente calibrada, diseñada para garantizar el equilibrio dinámico y la integridad biológica global del sujeto en movimiento.

6.2 Descubrimiento y teorización del sistema propioceptivo

Uno de los logros científicos más deslumbrantes y duraderos de Sherrington fue la unificación taxonómica de los sistemas sensoriales y la acuñación pionera del concepto de propiocepción en 1906. Con anterioridad a sus publicaciones, la fisiología sensorial se estructuraba torpemente en torno a los «cinco sentidos» aristotélicos tradicionales orientados hacia el exterior, dejando en la más absoluta ambigüedad el origen de la percepción del movimiento y la orientación espacial de las articulaciones, que se agrupaban vagamente bajo el rótulo de «sentido muscular» (muscular sense).

Sherrington reordenó magistralmente la fisiología sensitiva dividiéndola en tres grandes dominios funcionales bien diferenciados:

  • Exterocepción: Encargada de recoger las excitaciones del mundo externo que impactan sobre la superficie externa del cuerpo (visión, audición, tacto superficial cutáneo, temperatura ambiental).
  • Interocepción: Dedicada a censar el medio interno visceral, monitorizando parámetros autónomos en el lecho vascular, tracto gastrointestinal y órganos toracoabdominales.
  • Propiocepción: Un sistema sensorial profundo y especializado cuyos receptores se localizan en el espesor íntimo de los tejidos somáticos móviles: vientres musculares, vainas tendinosas, cápsulas articulares, ligamentos y los canales semicirculares del laberinto vestibular del oído interno.

Sherrington demostró experimentalmente que el huso neuromuscular —cuya naturaleza histológica como mero elemento trófico o muscular atrófico era intensamente debatida— no es otra cosa que un exquisito órgano mecanoceptor sensorial en paralelo, sensible al estiramiento tónico y fásico del músculo. Junto con el órgano tendinoso descrito por Golgi dispuesto en serie en los extremos tendinosos, el sistema propioceptivo remite una retroalimentación sensorial ininterrumpida y milimétrica hacia la médula espinal y el encéfalo. Esta información profunda permite al organismo construir de forma automática un esquema cinético subconsciente de su propia masa física en el espacio tridimensional. Su comprensión de este sistema fue tan profunda que en 1900, en un célebre artículo de revisión, proclamó al cerebelo como «el ganglio cefálico del sistema propioceptivo» (the head ganglion of the proprioceptive system), reconociendo de manera genial que el cerebelo centraliza, coordina y orquesta los billones de señales mecánicas procedentes de los husos y tendones para calibrar la suavidad y el tono del movimiento voluntario y automático.

6.3 La nocicepción como respuesta biológica de protección

Del mismo modo que desentrañó el sentido propioceptivo, Sherrington acometió la tarea de deslindar conceptualmente los aspectos mecánicos y neurofisiológicos de la lesión tisular de la experiencia psicológica íntima del dolor. En 1906 acuñó formalmente el término nocicepción (del latín nocere, dañar o lesionar), introduciendo en la ciencia una distinción ontológica fundamental que sigue vigente en la neurociencia del siglo XXI: la nocicepción es la respuesta neurobiológica objetiva, la activación de receptores especializados y el tránsito de impulsos que advierten de un daño mecánico, químico o térmico real o potencial sobre los tejidos; el dolor, en cambio, es la percepción psicológica subjetiva, consciente y con carga afectiva que se elabora ulteriormente en las estructuras prosencefálicas superiores.

Sherrington centró su análisis experimental en el paradigma del reflejo de flexión (o reflejo nociceptivo de retirada). Demostró que la aplicación de un estímulo nocivo en el pulpejo de una pata animal —como un pellizco mecánico aplastante, una descarga galvánica o la inmersión en agua caliente— desencadena invariablemente y de modo estereotipado la contracción simultánea de todos los músculos flexores de esa misma extremidad (cadera, rodilla y tobillo), apartando de forma fulminante el miembro del foco de peligro. Este reflejo de flexión, a diferencia de los delicados reflejos propioceptivos posturales, se caracteriza por poseer una prepotencia biológica absoluta:

«El estímulo nociceptivo domina la vía final común de manera inmediata. Es el reflejo de la supervivencia biológica urgente y derriba cualquier otra actividad motora que esté teniendo lugar en ese momento. Ninguna orden postural o rítmica puede oponerse al imperativo salvador de retirar el cuerpo del agente que destruye la materia viva».

A través de estos experimentos, Sherrington cartografió los tractos espinales ascendentes que transportan estas señales lesivas a lo largo de los cordones anterolaterales de la sustancia blanca medular, demostrando que la nocicepción cuenta con circuitos neuronales dedicados y altamente protegidos filogenéticamente, cuyo encauzamiento hacia las motoneuronas eferentes está programado de manera innata para preservar la vida del individuo frente al desgaste del entorno.

7. Inervación recíproca y la Ley de Sherrington

7.1 Fundamentos y demostración empírica de la Ley de Sherrington

Uno de los descubrimientos más elegantes y trascendentales de la fisiología clásica es el principio de la inervación recíproca muscular, conocido universalmente en los tratados de medicina como la Ley de Sherrington. La experiencia cotidiana indicaba que para doblar una articulación —como la rodilla o el codo— no basta con tensar mecánicamente el músculo agonista encargado de la flexión; es estrictamente necesario que el músculo antagonista opuesto (el extensor) ceda, afloje su tensión y se estire coordinadamente sin ofrecer resistencia. Antes de los trabajos de Sherrington, reinaba la creencia común de que esta relajación muscular era un mero suceso pasivo: se pensaba simplemente que al activarse el músculo flexor, el flujo de sangre o de energía hacia el extensor cesaba mecánicamente, dejando que este se estirara por pura tracción física.

Sherrington diseñó un formidable dispositivo experimental para desmentir categóricamente esta hipótesis pasiva y demostrar que la relajación del antagonista es un fenómeno fisiológico activo, coordinado y generado por el propio sistema nervioso central. Para ello construyó miógrafos de palanca y espejos de alta sensibilidad capaces de inscribir simultáneamente en un cilindro ahumado móvil (quimógrafo) la tensión mecánica ejercida por dos tendones musculares pertenecientes a grupos antagónicos de una extremidad posterior (por ejemplo, el músculo semitendinoso como flexor y el cuádriceps femoral como extensor).

Los registros demostraron sin sombra de duda que en el milisegundo exacto en que el músculo flexor comenzaba a contraerse activamente en respuesta a un estímulo reflejo, el músculo extensor antagonista manifestaba una caída inmediata y medible de su tono tónico basal, cayendo por debajo de su tensión de reposo. No se trataba de una distensión mecánica pasiva provocada por el tirón del agonista, pues Sherrington aisló quirúrgicamente los tendones de sus inserciones óseas, demostrando que la inhibición muscular del extensor se producía con idéntica fuerza y precisión cronométrica aun cuando el músculo estuviese totalmente libre de cargas mecánicas externas.

Sherrington extendió la verificación de este principio al delicado sistema de los músculos extraoculares en primates no humanos. Al cortar los nervios motores craneales oculomotor (III) y troclear (IV) que inervan la mayoría de los músculos de un ojo, pero dejando intacto el nervio abducens (VI) que inerva exclusivamente el recto lateral (antagonista del recto medial), observó que al solicitar al animal que desviase la mirada hacia la dirección del recto medial paralizado, el ojo se relajaba activamente desde el recto lateral, rotando hacia la línea media por pura inhibición activa central del músculo restante. La Ley de Sherrington quedó establecida como una norma universal de cableado del sistema motor: la activación excitatoria de una población motoneuronal que inerva un músculo agonista va indefectiblemente acoplada en el neuroeje a la inhibición central concomitante de la población motoneuronal que inerva su músculo antagonista.

7.2 El descubrimiento de la inhibición central activa

Para la epistemología científica de la época, la postulación de la relajación muscular activa encerraba un desafío conceptual enorme: ¿cómo podía el sistema nervioso «hacer nada» o frenar activamente un tejido efector? Sherrington comprendió que la inhibición no es la simple ausencia pasiva de excitación —un mero corte en el suministro de estímulos—, sino un proceso central positivo, enérgico y metabólicamente activo del tejido nervioso. A este proceso lo denominó central inhibitory state o estado central de inhibición (c.i.s.).

A través de series experimentales magistrales, probó que la estimulación de ciertas fibras sensitivas aferentes tiene como destino exclusivo anular, en seco, descargas motoras que ya estaban teniendo lugar en el neuroeje. El estado central de inhibición (c.i.s.) demostró poseer propiedades matemáticas especulares a las del estado central de excitación (c.e.s.): sumación temporal, sumación espacial y una cinética de acumulación y disipación gradual. Un tren de impulsos inhibitorios subliminales converge sobre la motoneurona hiperpolarizándola (término que la biofísica acuñaría años después), volviéndola insensible a los bombardeos excitadores concurrentes.

Sherrington buscó incansablemente el correlato celular profundo de esta inhibición activa. Aunque las limitaciones instrumentales de su tiempo le impidieron insertar microelectrodos en el interior del soma neuronal, intuyó con asombrosa agudeza que la inhibición debía consistir en una alteración electroquímica estabilizadora transitoria en la membrana sináptica de la motoneurona receptora. Comprendió, además, la trascendencia profiláctica del fenómeno: la inhibición central activa es el escudo protector biológico que impide que el sistema nervioso central caiga en el abismo de las contracciones tetánicas paroxísticas descontroladas. Sin una inhibición central activa que sculpte y recorte permanentemente el flujo de excitación, cualquier estímulo sensorial mínimo desencadenaría una tormenta convulsiva generalizada en el organismo.

7.3 Coordinación motora compleja y patrones de locomoción

La inervación recíproca no se limita a regular la relación binaria entre un par de músculos agonista-antagonista en una única articulación; constituye el ladrillo modular con el cual el sistema nervioso teje los patrones más complejos de la locomoción rítmica y la marcha cuadrúpeda y bípeda. Para demostrar este despliegue sistémico, Sherrington analizó exhaustivamente el reflejo extensor cruzado.

Al aplicar un estímulo lesivo nociceptivo en la pata posterior derecha de un animal espinal, observó que mientras esa extremidad ipsilateral ejecutaba un rápido reflejo flexor de retirada (acoplado a la inhibición de sus extensores según la ley recíproca), la pata contralateral opuesta (la pata izquierda) respondía de forma simultánea ejecutando una extensión tónica poderosa (acompañada de la inhibición de sus propios flexores). Esta respuesta cruzada coordinada tiene un sentido biológico evidente: la extremidad contralateral se transforma instantáneamente en una columna de soporte rígida para sostener el peso íntegro del cuerpo mientras la pata dañada se eleva del suelo para escapar del estímulo hostil.

A partir del reflejo extensor cruzado, Sherrington desentrañó los circuitos que generan la alternancia locomotora rítmica. Mostró que la médula espinal aislada del cerebro contiene redes intrínsecas —lo que la neurobiología moderna denomina generadores centrales de patrones (CPGs)— capaces de mantener secuencias alternas de flexión y extensión en las cuatro extremidades durante minutos cuando se suspende al animal en una cincha y se estimula mecánicamente la piel o la médula. La locomoción espinal no requiere la intervención consciente de los hemisferios cerebrales para su ejecución mecánica básica; la médula, gobernada por la inervación recíproca, programa el paso coordinado mediante un juego oscilatorio sinérgico entre la excitación y la inhibición que ajusta la rigidez y distensión articular con la precisión milimétrica de un engranaje biofísico perfecto.

8. Rigidez de descerebración y control postural motor

8.1 Diseño experimental de la sección transteptal del tronco encefálico

En 1898, en una trascendental memoria publicada en el Journal of Physiology, Sherrington dio a conocer una de sus preparaciones quirúrgicas más célebres y fecundas para el análisis de los sistemas motores: la rigidez de descerebración (decerebrate rigidity). El diseño experimental consistía en realizar una transección quirúrgica neta del tronco encefálico a nivel mesencefálico, típicamente en un plano transversal intercolicular, situado con precisión milimétrica entre los colículos anteriores (superiores) y los colículos posteriores (inferiores), extirpando o desconectando completamente los hemisferios cerebrales y el diencéfalo.

Una vez disipada la anestesia inicial y cesado el choque operatorio inmediato, el animal (habitualmente un gato o un perro) manifestaba un cuadro clínico espectacular y profundamente desconcertante para la medicina de la época: lejos de quedar completamente paralizado y flácido en el suelo como consecuencia de la privación de la corteza cerebral motora, el animal se ponía en pie de manera rígida y automática si se le colocaba sobre sus extremidades. El cuerpo adquiría un estado de hipertonía extrema y espástica generalizada: el cuello y la cabeza se arqueaban rígidamente hacia atrás en opistótonos, la cola se elevaba tensa horizontalmente y las cuatro patas se extendían como columnas de madera sólida e inflexibles, con las garras curvadas hacia abajo.

Mediante esta transección experimental, Sherrington aislaba con éxito quirúrgico la médula espinal y el rombencéfalo (bulbo raquídeo y protuberancia) de los influjos moduladores corticales y de los núcleos de la base. El animal descerebrado se transformaba en una preparación biológica pura de reflejos posturales, liberada de cualquier atisbo de espontaneidad consciente o interferencia volitiva superior, permitiendo someter a prueba las leyes físicas del equilibrio y el tono antigravitatorio en un estado de aislamiento instrumental nunca antes alcanzado.

8.2 Análisis fisiológico del tono muscular postural

¿Cuál era la naturaleza íntima de ese misterioso espasmo extensor permanente? Sherrington acometió un análisis mecanicista demoledor y llegó a una conclusión que transformó para siempre la comprensión de la postura esquelética: la rigidez de descerebración no es un espasmo convulsivo patológico ni una contracción tetánica caótica; es una «caricatura refleja de la postura erguida normal» (a reflex caricature of normal standing posture).

Sherrington advirtió que la hipertonía no afectaba a todos los músculos del cuerpo de manera uniforme y desordenada, sino de forma exquisitamente selectiva: castigaba con fuerza colosal únicamente a aquellos grupos musculares cuya misión anatómica en la naturaleza es vencer la gravedad terrestre y sostener el peso del cuerpo frente al colapso hacia el suelo (los músculos extensores de las extremidades inferiores y cuadrúpedas, los retractores de la cabeza y los erectores espinales del tronco). Por el contrario, los músculos flexores de las extremidades permanecían completamente flácidos, estirados y atónicos, obedeciendo con estricta fidelidad al mandato de la ley de inervación recíproca.

Para desentrañar el origen físico de este tono tónico postural ininterrumpido, Sherrington formuló una hipótesis audaz: la rigidez depende fundamentalmente de un circuito sensorial reflejo continuo que nace en los propios músculos afectados. Para poner a prueba esta idea, ejecutó un experimento crucial: en un animal descerebrado con rigidez extensor extrema en una pata, seccionó quirúrgicamente de forma selectiva las raíces dorsales sensoriales (radicotomía posterior) que inervaban exclusivamente esa pata, manteniendo intactas las raíces ventrales motoras. El resultado fue fulminante: en el instante mismo de cortar las raíces sensoriales aferentes, la rigidez espástica de esa pata desapareció instantáneamente por completo, convirtiéndose en un miembro flácido y péndulo, mientras que las otras tres patas no desaferentadas conservaron intacta su hipertonía de hierro.

Con este célebre experimento, Sherrington demostró que el tono postural no emana de una descarga espontánea generada en el interior de las motoneuronas, sino que es un fenómeno de retroalimentación sensorial perpetuo: el reflejo miotático o reflejo de estiramiento propioceptivo. El propio peso del animal deforma mínimamente los husos neuromusculares de los extensores; estos disparan impulsos sensoriales continuos a través de las raíces dorsales que bombardean a las motoneuronas medulares, las cuales responden activando la contracción muscular para compensar la carga. Al cortar la aferencia sensorial, el arco reflejo se rompe y el tono se derrumba. Asimismo, Sherrington describió en esta preparación la propiedad plástica de la musculatura («reacción de acortamiento» y «reacción de alargamiento»), demostrando que el músculo tónico no solo genera fuerza, sino que es capaz de cambiar su longitud basal y «fijar» una nueva posición articular como si fuese cera maleable.

8.3 Interacción con los centros vestibulares y cerebelosos

Sherrington exploró de forma sistemática el origen anatómico de las señales descendentes supraespinales que facilitaban de forma desproporcionada ese reflejo miotático antigravitatorio tras la transección cerebral. Mediante lesiones experimentales selectivas del tronco del encéfalo, identificó que la fuente principal de la facilitación excitatoria tónica reside en la sustancia reticular bulbar y, de forma capital, en los núcleos vestibulares laterales (el célebre núcleo de Deiters).

Descubrió que la destrucción electrolítica del núcleo de Deiters o la sección de los tractos vestibuloespinales laterales que descienden desde él por la sustancia blanca anterior de la médula espinal abolía fulminantemente la rigidez de descerebración en el lado ipsilateral de la lesión. El núcleo vestibular lateral actúa como un amplificador tónico continuo que mantiene permanentemente sensibilizadas y despolarizadas a las motoneuronas extensoras espinales. En condiciones fisiológicas normales, la corteza cerebral motora y los ganglios de la base ejercen una poderosa inhibición tónica descendente sobre estos centros vestibulares y reticulares; la sección intercolicular desconecta quirúrgicamente ese freno inhibidor superior, desatando una descarga vestibular masiva que satura la médula y causa la rigidez.

Asimismo, Sherrington investigó minuciosamente el papel del cerebelo en esta maquinaria postural. Demostró que la estimulación eléctrica directa con corrientes débiles de la corteza del lóbulo anterior del paleocerebelo era capaz de inhibir de forma inmediata la rigidez de descerebración en el lado estimulado, haciendo caer temporalmente las patas hipertróficas en la flacidez. El cerebelo opera, por consiguiente, como un órgano modulador que refrena activamente el tono vestibular. Finalmente, al estudiar cómo los movimientos de rotación cefálica y la posición espacial de la cabeza en el espacio alteraban la postura de las cuatro patas, integró los receptores otolíticos y los canales semicirculares laberínticos con los propioceptores cervicales de los músculos profundos del cuello, estableciendo de manera definitiva el modelo neurofisiológico moderno del equilibrio estático y dinámico en los mamíferos.

9. El Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1932 y la cátedra en Oxford

9.1 Magisterio en la Universidad de Liverpool (1895-1913)

En 1895, tras su brillante y prolífico ciclo en la Brown Institution de Londres, Sherrington fue elegido para ocupar la prestigiosa Cátedra George Holt de Fisiología en el University College de Liverpool (más tarde refundado formalmente como la Universidad de Liverpool). Su traslado a esta pujante ciudad portuaria y mercantil marcó el comienzo de una etapa dorada de dieciocho años de madurez académica, durante la cual convirtió su departamento en uno de los focos de irradiación científica más vibrantes, prestigiosos y avanzados de Europa.

En Liverpool, Sherrington desplegó una actividad formativa sin precedentes, acogiendo en su laboratorio a una legión de jóvenes médicos e investigadores posdoctorales procedentes de todos los rincones del planeta, atraídos por la precisión milimétrica de sus montajes miográficos y su visión integradora del sistema motor. Fue en esta etapa donde acometió, en estrecha colaboración con el patólogo Albert S. Grünbaum (quien más tarde anglicanizó su apellido como Leyton), sus trascendentales estudios sobre la excitabilidad eléctrica puntual de la corteza cerebral motora en primates superiores antropomorfos, utilizando para ello ejemplares de chimpancés, orangutanes y gorilas.

Sherrington y Grünbaum cartografiaron con una exactitud experimental jamás vista antes el área motora precentral, demostrando de forma incontrovertible que el área motora primaria reside estrictamente en la circunvalación precentral, por delante del surco central (cisura de Rolando), refutando la tesis clásica de Ferrier que sostenía que el área motora se extendía ampliamente por detrás de la cisura hacia la circunvalación poscentral sensorial. En estos complejos experimentos, el empleo meticuloso de la asepsia quirúrgica y de técnicas neuroquirúrgicas de supervivencia crónica permitió demostrar que la extirpación localizada de fragmentos milimétricos del córtex motor en primates generaba déficits motores transitorios y recuperables, demostrando una plasticidad funcional cerebral que contradecía las visiones rígidamente localizacionistas de su época.

9.2 La cátedra Waynflete de Fisiología en la Universidad de Oxford (1913-1936)

El reconocimiento absoluto a su trayectoria llegó en 1913, cuando Sherrington fue convocado por la prestigiosa Universidad de Oxford para ocupar la ilustre Cátedra Waynflete de Fisiología, con adscripción como Fellow al Magdalen College. Su llegada a Oxford supuso una modernización radical y profunda del vetusto departamento fisiológico oxoniense, transformándolo de una cátedra orientada a la docencia clásica elemental en un centro neurálgico de vanguardia en neurofisiología experimental cuantitativa.

Sin embargo, apenas iniciado su magisterio en Oxford, estalló la Primera Guerra Mundial (1914-1918), un cataclismo bélico que interrumpió de forma traumática la vida universitaria y dispersó a la gran mayoría de sus alumnos y ayudantes hacia los frentes de combate en Francia. Demasiado mayor para alistarse formalmente en el servicio de armas activo, Sherrington volcó su inmensa energía científica al servicio del esfuerzo bélico británico. Asumió la presidencia de la Junta de Investigación sobre la Fatiga Industrial (Industrial Fatigue Research Board), dependiente del Ministerio de Municiones.

Para experimentar de manera empírica las condiciones extremas a las que estaban sometidos los obreros fabriles que abastecían de armamento al ejército aliado, Sherrington, que frisaba ya los sesenta años de edad, se empleó voluntariamente de incógnito como peón durante unas vacaciones estivales en una gigantesca factoría de municiones en Vickers, Birmingham. Allí cumplió extenuantes turnos de trabajo manual de trece horas diarias moviendo pesadas piezas de acero. Sus meticulosos informes fisiológicos posteriores demostraron matemáticamente que la reducción de las jornadas laborales excesivas aumentaba la producción neta de municiones y disminuía los accidentes industriales por fallo neurosensorial y fatiga central, transformando la legislación laboral británica en tiempos de guerra.

Tras la firma de la paz en 1918, el laboratorio Waynflete de Oxford renació con un fulgor incomparable. Favorecido por la atracción magnética del programa de becas internacionales Rhodes, Sherrington atrajo hacia Oxford a una generación prodigiosa de talentos biomédicos procedentes de Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos y la Europa continental. Entre sus mesas de trabajo, quimógrafos y registros ópticos se formaron los cerebros que gobernarían la neurología, la neurocirugía y la biofísica de la segunda mitad del siglo XX.

9.3 El Premio Nobel compartido con Edgar Douglas Adrian en 1932

La culminación formal de su trayectoria científica se materializó en el otoño de 1932, cuando el Instituto Karolinska de Estocolmo decidió conceder a Charles Scott Sherrington el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, compartido con el neurofisiólogo de la Universidad de Cambridge Edgar Douglas Adrian. La motivación oficial del galardón sintetizaba décadas de devoción experimental con una brevedad elocuente: «por sus descubrimientos sobre las funciones de las neuronas».

La elección conjunta de Sherrington y Adrian constituyó un acierto epistemológico de extraordinaria resonancia histórica. Mientras que Sherrington había desentrañado las leyes cinéticas y la lógica integradora de las redes de motoneuronas, arcos reflejos y uniones sinápticas a través de registros mecánicos musculares indirectos de una precisión insuperable, Adrian, empleando las modernas válvulas termoiónicas de amplificación de radio y el electrómetro capilar de Lippmann, había logrado registrar por primera vez en directo los potenciales de acción eléctricos viajando por axones sensoriales y motores individuales, demostrando la naturaleza del código neuronal de frecuencia (la codificación en modulación de pulsos y la ley del todo o nada). La sinergia teórica era perfecta: las medidas electrofisiológicas microscópicas de Adrian confirmaban punto por punto las deducciones funcionales que Sherrington había formulado analíticamente a lo largo de cuarenta años de experimentación miográfica.

En su solemne discurso de aceptación en Estocolmo en diciembre de 1932, titulado Inhibition as a Coordinative Factor, Sherrington, con una sobria humildad intelectual, no se dedicó a enumerar sus laureles personales, sino que expuso una brillante síntesis histórica sobre la naturaleza de la inhibición activa en el sistema nervioso. Proclamó que la inhibición no era una servidumbre limitante, sino el instrumento plástico y coordinador indispensable mediante el cual el cerebro pinta la armonía del movimiento sobre el lienzo de la musculatura viva. La recepción del Nobel consagró su figura como el patriarca indiscutible de las ciencias neurales en todo el orbe civilizado.

9.4 Liderazgo en la Royal Society y la comunidad científica británica

Paralelamente a su magisterio en Oxford, Sherrington asumió el liderazgo de las instituciones científicas más preeminentes del Imperio Británico. Entre 1920 y 1925 ocupó la prestigiosa presidencia de la Royal Society de Londres, cargo de máxima distinción que en el pasado habían detentado figuras tutelares de la ciencia universal como Sir Isaac Newton, Sir Humphry Davy y Lord Joseph Lister. Durante su mandato presidencial, acometió una profunda modernización administrativa y financiera de la institución, reestructuró los fondos fiduciarios para la dotación de cátedras y becas de investigación y facilitó la integración formal de investigadores en los programas científicos del Estado.

En el plano diplomático e internacional, Sherrington desempeñó un papel de extraordinaria generosidad y templanza moral tras el final de la Primera Guerra Mundial. Frente al boicot académico implacable y los deseos de exclusión que numerosos comités científicos de las potencias aliadas pretendían imponer contra los investigadores de Alemania y Austria, Sherrington utilizó toda su influencia personal e institucional al frente de la Royal Society para reanudar el diálogo científico, defender la universalidad supranacional de la ciencia e invitar nuevamente a fisiólogos alemanes a congresos internacionales, proclamando que la búsqueda de la verdad biológica no debía subordinarse jamás al rencor geopolítico.

Su lealtad a la ciencia experimental se manifestó asimismo en su enérgica y valiente defensa de la libertad de investigación biomédica frente a las agresivas campañas organizadas por los movimientos antiviviseccionistas británicos de la época victoriana y eduardiana. Compareció en repetidas ocasiones ante comisiones parlamentarias y comisiones reales (Royal Commissions on Vivisection), demostrando con datos contundentes que los avances en el tratamiento de la difteria, el tétanos, el cólera, las lesiones espinales y las técnicas neuroquirúrgicas salvan vidas humanas exclusivamente gracias al empleo ético, anestesiado y aséptico de modelos animales en el laboratorio. Su liderazgo público fue ampliamente recompensado por la Corona británica: fue nombrado Caballero Comendador de la Más Excelsa Orden del Imperio Británico (GBE) en 1922 y condecorado en 1924 con la codiciadísima Orden del Mérito (OM), restringida a veinticuatro personalidades vivas del máximo relieve en las letras, las artes y las ciencias del país.

10. Contribuciones a la filosofía de la mente y reflexiones humanísticas

10.1 Las Gifford Lectures de Edimburgo y ‘Man on His Nature’ (1940)

Tras su jubilación formal de la cátedra de Oxford en 1936, a la venerable edad de setenta y nueve años, el vigor intelectual de Sherrington no decayó; al contrario, sus reflexiones experimentales maduraron hacia los problemas más elevados de la epistemología, la ontología biológica y la filosofía de la mente. Entre 1937 y 1938 tuvo el insigne honor de ser invitado a dictar las prestigiosas Conferencias Gifford en la Universidad de Edimburgo, un ciclo fundado por Lord Gifford con el propósito explícito de promover la reflexión sobre la teología natural y la relación entre la ciencia, el universo y el destino del ser humano.

Estas conferencias dieron origen a su obra filosófica cumbre, publicada formalmente en 1940 bajo el título: Man on His Nature. La publicación del tratado se produjo en un contexto histórico trágico y conmovedor: mientras el manuscrito se imprimía en Cambridge, la aviación de la Alemania nazi bombardeaba incesantemente las ciudades británicas durante el Blitz de la Segunda Guerra Mundial. Frente a la barbarie bélica desatada en los cielos de Inglaterra, el anciano fisiólogo ofrecía al mundo una profunda meditación humanística y biológica sobre el origen del cosmos, la emergencia del pensamiento a partir de la materia inanimada y la soledad moral del ser humano en un universo natural regido por la evolución darwiniana.

Como recurso literario e historiográfico fascinante, Sherrington estructuró su libro a través de un diálogo intertextual continuo con la figura y el pensamiento de Jean Fernel (1497-1558), el insigne médico renacentista francés que acuñó originalmente los términos fisiología y patología. Al contrastar la visión renacentista precientífica de Fernel —impregnada de astrología, sustancias celestes y espíritus vitales incorpóreos— con las revelaciones de la bioquímica y la neurofisiología contemporáneas, Sherrington trazó con una prosa deslumbrante la trayectoria heroica del conocimiento humano, mostrando cómo la ciencia ha rescatado a la humanidad de la superstición mágica para devolverla a su lugar biológico real dentro del orden de la naturaleza.

10.2 El dualismo metodológico sherringtoniano y el enigma cerebro-mente

En el núcleo filosófico de Man on His Nature late una lúcida y honesta toma de postura ante el denominado «problema mente-cuerpo» (mind-brain problem). A pesar de haber sido el arquitecto indispensable que explicó la mecánica del arco reflejo y las sinapsis mediante parámetros físicos y químicos rigurosos, Sherrington rechazó con vehemencia el materialismo reduccionista ingenuo que pretendía liquidar la conciencia afirmando simplistamente que «el cerebro secreta el pensamiento como el hígado secreta la bilis».

Sherrington abrazó un firme dualismo metodológico y epistemológico. Reconoció con meridiana claridad que existe un abismo ontológico cualitativo infranqueable entre un suceso físico mensurable —el flujo de iones a través de una membrana celular, un potencial de acción eléctrico o la liberación de una sustancia química en una hendidura sináptica— y la experiencia fenoménica íntima del sujeto consciente (el dolor, la percepción estética de un color, la tristeza moral o el libre albedrío). Para Sherrington, ambos órdenes de la realidad confluyen y se coordinan en el cerebro vivo, pero no pueden disolverse ni reducirse el uno al otro sin incurrir en una falacia categorial básica.

Fue en este contexto lírico y reflexivo donde concibió una de las metáforas más hermosas, célebres y citadas de toda la historia de la ciencia para describir el despertar del cerebro consciente desde la inconsciencia del sueño profundo:

«Una masa densa de diminutos puntos luminosos parpadea apresurada hacia aquí y allá… Es como si la Vía Láctea hubiera entrado en una danza cósmica. Instantáneamente, la corteza cerebral se transforma en un telar encantado donde millones de lanzaderas relampagueantes tejen un patrón disolvente, siempre un patrón con sentido, aunque jamás un patrón estático; una cambiante armonía de subpatrones. Solo cuando el telar teje de este modo se despierta la mente en el ser vivo».

Esta metáfora del «telar encantado» (the enchanted loom) captura como ninguna otra la naturaleza dinámica, distribuida y coordinada de la actividad cerebral consciente. Para Sherrington, la conciencia no residía anclada en un punto espacial geométrico cartesiano (como la glándula pineal), sino que emergía de la orquestación temporal fugaz y armónica de miles de millones de sinapsis conectadas activamente en un todo holístico.

10.3 Faceta literaria, poesía y bibliofilia histórica

La personalidad de Sir Charles Scott Sherrington no se agotaba en sus experimentos de laboratorio; constituía una de las encarnaciones más puras y perfectas del humanismo clásico del siglo XX. Poseía una sólida sensibilidad poética que cultivó en la intimidad a lo largo de toda su vida. En 1925 reunió una cuidada selección de sus composiciones poéticas líricas y sonetos en un volumen exquisito titulado The Assaying of Brabantius and other Verse, publicado formalmente por la Oxford University Press. Sus poemas, elogiados por críticos literarios contemporáneos por su elegancia formal y precisión métrica, exploraban temas vinculados a la contemplación serena de la naturaleza, el amor conyugal, el dolor de la pérdida humana y los ecos de la antigüedad clásica.

Paralelamente, Sherrington fue un apasionado bibliófilo y un consumado historiador de la medicina. Durante décadas reunió con paciencia erudita una colección privada de valor incalculable constituida por incunables médicos, manuscritos medievales y primeras ediciones de los siglos XV y XVI, dedicando un esfuerzo particular a las obras maestras de la anatomía del Renacimiento: los tratados de Jean Fernel, las planchas anatómicas originales de Andreas Vesalio (su monumental De Humani Corporis Fabrica de 1543) y los textos astronómicos y científicos tempranos de la imprenta europea.

En lugar de retener estos tesoros como un coleccionista privado celoso de su patrimonio, Sherrington donó generosamente centenares de incunables y volúmenes renacentistas rarísimos a la Biblioteca Bodleiana de Oxford, a la biblioteca del Gonville and Caius College de Cambridge y a diversos colegios médicos de Londres. Defendió inquebrantablemente a lo largo de toda su ancianidad que el entrenamiento de un científico de élite es incompleto e indigente si carece de una sólida base en las humanidades clásicas, afirmando que el estudio riguroso del lenguaje, la filosofía y la historia es el único antídoto eficaz contra el dogmatismo tecnocrático y la deshumanización del médico moderno.

11. Influencia pedagógica, legado institucional y discípulos destacados

11.1 La escuela neurofisiológica de Oxford y su método experimental

Durante sus más de dos décadas al frente del Departamento de Fisiología de Oxford, Sherrington creó una auténtica escuela de pensamiento y una cultura de laboratorio singular que redefinió los estándares metodológicos de la investigación biomédica internacional. En una época en que la instrumentación científica comenzaba a tecnificarse de manera creciente, Sherrington inculcó en sus discípulos una combinación inquebrantable de paciencia observacional analítica, destreza quirúrgica milimétrica y desconfianza absoluta hacia los registros apresurados o no reproducibles.

En su laboratorio oxoniense, los reflejos no eran observados a simple vista o estimados de forma cualitativa imprecisa. Sherrington perfeccionó el miógrafo óptico de registro fotográfico: montajes donde un diminuto rayo de luz reflejado por un espejo fijado a la palanca del músculo inscribía la curva exacta de contracción y relajación sobre una película fotográfica de papel continuo en movimiento en una cámara oscura. Este diseño evitaba el rozamiento mecánico de las agujas sobre el papel ahumado tradicional, permitiendo medir aceleraciones, latencias sinápticas y oscilaciones microscópicas de la fuerza muscular con una exactitud biofísica hasta entonces inimaginable. Asimismo, fue uno de los pioneros en emplear primitivas cámaras cinematográficas para filmar a alta velocidad y descomponer cuadro a cuadro las respuestas posturales y vestibulares en monos y gatos.

Junto a sus colaboradores, redactó un manual de prácticas docentes titulado Mammalian Physiology: A Course of Practical Exercises (1919), adoptado de manera unánime como el libro de texto modelo en las principales facultades médicas de Europa y América. En sus laboratorios no reinaba la imposición autoritaria de una doctrina rígida, sino una atmósfera intelectualmente festiva y de libertad creadora donde el maestro paseaba de mesa en mesa, debatiendo con los becarios más jóvenes sobre las anomalías registradas en un trazado y alentando a cada investigador a diseñar sus propios proyectos con independencia crítica.

11.2 Discípulos eminentes y su impacto en la ciencia mundial

El magisterio de Sherrington fue el crisol donde se forjaron varias de las mentes más brillantes de la medicina del siglo XX. El impacto que sus discípulos directos causaron en campos diversos —desde la biofísica de membranas hasta la neurocirugía humana y el descubrimiento de antibióticos— no tiene parangón en la historia contemporánea:

  • John Carew Eccles: Quizás su discípulo intelectual más directo en el terreno de la fisiología medular. El joven investigador australiano Eccles llegó a Oxford como becario Rhodes y completó su tesis doctoral bajo la supervisión directa de Sherrington en los años veinte, colaborando con el maestro en los estudios decisivos sobre las unidades motoras y el estado inhibitorio central. Décadas más tarde, en la famosa controversia científica entre «sopa y chispas» (transmisión química vs. eléctrica de la sinapsis), Eccles, armado con microelectrodos intracelulares de vidrio en Canberra, confirmó de forma deslumbrante las deducciones de Sherrington, demostrando los potenciales postsinápticos excitatorios (EPSP) e inhibitorios (IPSP) y descubriendo las bases biofísicas iónicas de la hiperpolarización celular, hazaña por la cual fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1963.
  • Wilder Penfield: El ilustre neurocirujano canadiense acudió a Oxford para aprender con Sherrington las técnicas asépticas de la cirugía cortical en primates y la cartografía de la circunvalación precentral. Años más tarde, al fundar el legendario Instituto Neurológico de Montreal (MNI), Penfield aplicó literalmente los métodos y conceptos aprendidos con Sherrington a pacientes epilépticos humanos despiertos bajo anestesia local, descubriendo mediante estimulación eléctrica puntual el famoso «homúnculo motor y somatosensorial» de la corteza cerebral, un hito que revolucionó la neurocirugía y la comprensión del cerebro humano.
  • Ragnar Granit: El fisiólogo finlandés se formó en el laboratorio de Sherrington en Oxford a finales de los años veinte, fascinado por los principios de sumación espacial e inhibición recíproca. Granit trasladó estos conceptos integradores desde los circuitos motores espinales hacia la fisiología sensorial de la visión, utilizando microelectrodos para registrar la retina y dilucidando cómo los conos y las células ganglionares procesan el color y el contraste mediante inhibición lateral activa, investigaciones que le valieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1967.
  • Howard Florey: El eminente patólogo australiano se instruyó en el laboratorio de Sherrington en Oxford antes de orientarse hacia la patología experimental. Años después, lideraría el equipo de la Universidad de Oxford que logró aislar, purificar y transformar la penicilina descubierta por Alexander Fleming en un medicamento salvavidas universal, recibiendo el Premio Nobel en 1945.
  • Derek Denny-Brown: Discípulo predilecto de sus últimos años en Oxford y coautor de textos fundamentales sobre el reflejo miotático y el reclutamiento de unidades motoras. Denny-Brown se trasladó a los Estados Unidos para asumir la dirección de la Escuela Neurológica de Harvard en el Boston City Hospital, convirtiéndose en el clínico que tradujo los principios de la inervación recíproca y el tono postural de Sherrington a la cabecera de los pacientes con accidentes cerebrovasculares, enfermedad de Parkinson y lesiones de ganglios basales.

11.3 La transición hacia la neurobiología celular y molecular moderna

El legado metodológico de Sherrington sirvió como la rampa de despegue sobre la cual se asentó la neurobiología celular de la posguerra. Aunque él trabajó fundamentalmente midiendo fuerzas mecánicas en tendones musculares y tiempos de latencia con galvanómetros de espejo, las preguntas fundamentales que dejó planteadas guiaron a la siguiente generación de biofísicos en el uso de la electrónica avanzada. La transición de los registros miográficos indirectos al registro intracelular microeléctrico directo liderada por John Eccles, Alan Hodgkin y Andrew Huxley fue, en esencia, la verificación biofísica directa de las ecuaciones y estados funcionales hipotéticos (c.e.s. y c.i.s.) que Sherrington había inferido de forma deductiva medio siglo antes.

De igual manera, el concepto abstracto de la sinapsis como superficie interfacial se vio gloriosamente confirmado a nivel molecular y estructural en la década de 1950. Con la introducción del microscopio electrónico de transmisión en los laboratorios de George Palade y Sanford Palay, la unión sináptica ideada por Sherrington se materializó ante los ojos humanos: se visualizó por fin la hendidura sináptica intercelular de apenas veinte a treinta nanómetros de espesor, el denso empaquetamiento de vesículas sinápticas en el botón presináptico y el engrosamiento electrodenso de la membrana postsináptica receptora. La ulterior identificación de los neurotransmisores químicos clásicos —el glutamato como sustrato del c.e.s. y el GABA y la glicina como sustratos directos de la inhibición recíproca espinal mediada por interneuronas— completó el cuadro científico, consolidando a Sherrington como el arquitecto intelectual indiscutido sobre cuyos hombros se erige el edificio entero de la neurociencia contemporánea.

12. Epílogo, valoración historiográfica y relevancia en la neurociencia contemporánea

12.1 Últimos años en Eastbourne y deceso (1936-1952)

Tras abandonar la docencia activa en Oxford en 1936, Sir Charles Scott Sherrington y su esposa Ethel Mary se retiraron a la tranquila localidad costera de Eastbourne, en el condado de Sussex, fijando su residencia en una hermosa casa de campo conocida como Broom Hill. Lejos de entregarse al olvido o a la inactividad, el longevo sabio mantuvo una vida intelectual extraordinariamente fecunda, rodeado de su biblioteca clásica y manteniendo una correspondencia epistolar torrencial con antiguos discípulos, colegas internacionales y jóvenes neurocientíficos de todo el planeta que solicitaban sus consejos o el envío de separatas.

A pesar de sufrir en sus últimos años de una severa y dolorosa artritis reumatoide que deformó sus manos y le impedía sostener con facilidad la pluma, jamás decayó su proverbial lucidez mental ni su interés apasionado por las últimas noticias de los laboratorios de Cambridge y Oxford. Cuando John Eccles o Wilder Penfield viajaban a Inglaterra, el peregrinaje a la casa de Sherrington en Eastbourne para discutir sobre los mecanismos iónicos de la membrana o los últimos mapas corticales constituía una parada inexcusable de devoción filial y rigor intelectual.

En las primeras semanas de 1952, su salud general experimentó un quebranto progresivo, agravado por complicaciones circulatorias propias de su avanzada edad. El 4 de marzo de 1952, a los noventa y cuatro años de edad, Sir Charles Scott Sherrington falleció pacíficamente a causa de una insuficiencia cardíaca aguda en una residencia médica de Eastbourne. La noticia de su deceso provocó homenajes fúnebres de duelo institucional en las principales academias científicas de Londres, París, Estocolmo, Madrid y Washington, unánimemente reflejados en extensos obituarios en los periódicos más prestigiosos del mundo, que despidieron al hombre que había dotado a la medicina del lenguaje funcional del sistema nervioso.

12.2 Análisis historiográfico del cambio de paradigma operado por Sherrington

Desde la perspectiva de la historia y la filosofía de la ciencia contemporáneas, la aportación de Sherrington se evalúa como una de las revoluciones paradigmáticas más perfectas y profundas en el sentido acuñado por Thomas Kuhn. Antes de Sherrington, la neurología operaba en una dicotomía estéril: oscilaba entre una anatomía descriptiva microscópica puramente estática (que catalogaba células muertas) y un funcionalismo especulativo sin anclaje en leyes cuantitativas reproducibles.

La trascendencia epistemológica de Sherrington se sitúa al mismo nivel histórico que la de Claude Bernard en el descubrimiento del medio interno y la homeostasis, o la de Santiago Ramón y Cajal en la formulación de la doctrina neuronal. El fisiólogo británico operó una síntesis dialéctica formidable: tomó la arquitectura celular individual postulada por Cajal y le insufló vida dinámica, transformando un mapa anatómico congelado en un cálculo biológico continuo de corrientes excitatorias e inhibitorias gobernadas por la selección natural. Los historiadores de la medicina subrayan que Sherrington no descubrió simplemente hechos empíricos nuevos; creó un sistema de inteligibilidad funcional. Los conceptos de sinapsis, interocepción, propiocepción, vía final común y sumación espacial no son meras etiquetas taxonómicas, sino operadores cognitivos que permitieron a generaciones de científicos formular preguntas experimentales que antes eran formalmente inconcebibles.

Los ricos archivos documentales que contienen sus cuadernos de laboratorio manuscritos, sus placas de linterna de vidrio, sus dibujos miográficos originales y su correspondencia privada se conservan hoy con veneración en la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford, en los archivos de la Royal Society de Londres y en las colecciones especiales del Magdalen College y de la Universidad de Liverpool. Estos fondos son objeto de continua revisión historiográfica, revelando a un experimentador obsesionado por el rigor y el control de variables que anticipó con décadas de antelación problemas que hoy constituyen la vanguardia de la biología teórica.

12.3 Vigencia en la neurociencia computacional, robótica y conectómica

A comienzos del siglo XXI, a más de un siglo de la publicación de The Integrative Action of the Nervous System, el pensamiento de Sherrington goza de una asombrosa y renovada vigencia teórica y práctica en campos que el propio fisiólogo victoriano jamás pudo vislumbrar:

  • Neurociencia computacional y redes neuronales artificiales: La noción de la neurona como un elemento integrador que suma espacial y temporalmente entradas analógicas para generar una respuesta en su vía de salida constituye el fundamento estructural exacto del «perceptrón» y de las capas de neuronas en los modelos de aprendizaje profundo (deep learning) contemporáneos. Los algoritmos de activación de las inteligencias artificiales modernas replican directamente la computación de umbral, el c.e.s. y el c.i.s. que Sherrington dedujo mecánicamente en la médula espinal.
  • Robótica bioinspirada y mecatrónica del movimiento: Los ingenieros contemporáneos que diseñan robots cuadrúpedos o humanoides capaces de correr sobre terrenos irregulares sin caerse han descubierto que el control puramente algorítmico centralizado en un ordenador superior es demasiado lento e ineficiente. Por ello, han rescatado literalmente los circuitos de inervación recíproca espinal y los generadores de patrones (CPGs) sherringtonianos, programando en las extremidades mecánicas circuitos locales de retroalimentación propioceptiva rápida basados en muelles y sensores de tensión que imitan al huso neuromuscular y a los órganos tendinosos de Golgi, logrando estabilidad dinámica automática.
  • La era de la conectómica: Los macroproyectos contemporáneos diseñados para mapear la totalidad de las conexiones sinápticas del cerebro humano (el Human Connectome Project) no son más que la culminación tecnológica a escala nanométrica del postulado integrador de Sherrington. La conectómica contemporánea reconoce que la clave del comportamiento y de las enfermedades neurológicas y psiquiátricas no reside en el número absoluto de células, sino en la topología funcional de sus uniones sinápticas y en cómo esas conexiones canalizan y modulan la competencia dinámica por la vía final común.
  • Práctica clínica y neurológica diaria: En las salas de exploración de cualquier hospital del mundo, el neurólogo contemporáneo continúa percutiendo los tendones rotuliano o bicipital con el martillo de reflejos para explorar la integridad del reflejo miotático, utiliza los mapas de dermatomas para identificar el nivel radicular exacto de una hernia de disco intervertebral, analiza la rigidez de descerebración en pacientes comatosos graves en las unidades de cuidados intensivos como signo de compresión del tronco encefálico y receta fármacos agonistas gabaérgicos para tratar la espasticidad restableciendo la inhibición central. Todos estos actos diagnósticos y terapéuticos cotidianos se expresan en el vocabulario, las medidas y los principios forjados por el genio de Charles Scott Sherrington.

Conclusión

La trayectoria vital y científica de Sir Charles Scott Sherrington representa uno de los picos más elevados de la historia del conocimiento humano. En su persona convergieron el rigor analítico del método experimental de la época victoriana tardía, la visión integradora de la biología teórica más exigente y la erudición moral y estética del humanismo clásico europeo. Frente al peligro del reduccionismo mecanicista que desintegra al ser vivo en un amasijo inconexo de partículas físicas, Sherrington devolvió a la ciencia el sentido de la totalidad: demostró con belleza empírica inapelable que el sistema nervioso es, por definición ontológica, el instrumento integrador supremo a través del cual la multiplicidad biológica se transforma en la armonía soberana de un individuo unificado.

Desde la acuñación pionera del concepto y término de sinapsis hasta la formulación matemática de la inervación recíproca, el desvelamiento del sentido propioceptivo y la delimitación de la nocicepción, las aportaciones de Sherrington se han fundido tan indisolublemente en el torrente circulatorio de la medicina moderna que a menudo se olvida que brotaron de la mente, la pluma y la destreza quirúrgica de un único hombre. Su legado perdura invicto, guiando con igual lucidez al cirujano que explora un reflejo patológico en la clínica, al biofísico que sondea el poro de un canal iónico en la membrana celular y al ingeniero que programa los reflejos de un autómata en la frontera de la inteligencia artificial. A través de su obra y de su vida, Sherrington nos enseñó que descifrar los senderos de la médula espinal no es sino el primer paso indispensable para asomarnos con humildad y fascinación infinita al mayor misterio de la creación: ese telar encantado donde la materia cósmica despierta a la luz viva de la conciencia humana.

Referencias

  • Eccles, J. C. (1953). The Neurophysiological Basis of Mind: The Principles of Neurophysiology. Clarendon Press.
  • Eccles, J. C., & Gibson, W. C. (1979). Sherrington: His Life and Thought. Springer-Verlag. https://doi.org/10.1007/978-3-642-61864-2
  • Foster, M., & Sherrington, C. S. (1897). A Text-Book of Physiology (7th ed.). Macmillan and Co.
  • Granit, R. (1966). Charles Scott Sherrington: An Appraisal. Thomas Nelson and Sons.
  • Liddell, E. G. T., & Sherrington, C. S. (1925). Recruitment and some other factors of reflex inhibition. Proceedings of the Royal Society of London. Series B, Containing Papers of a Biological Character, 97(686), 488-518. https://doi.org/10.1098/rspb.1925.0014
  • Penfield, W. (1952). Sir Charles Sherrington, O.M., F.R.S. (1857-1952). Nature, 169(4304), 688-690. https://doi.org/10.1038/169688a0
  • Ramón y Cajal, S. (1906). The structure and connexions of neurons. Nobel Lecture. https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/1906/cajal/lecture/
  • Sherrington, C. S. (1893). Notes on the arrangement of some motor fibres in the lumbosacral plexus. The Journal of Physiology, 13(6), 621-772. https://doi.org/10.1113/jphysiol.1892.sp000424
  • Sherrington, C. S. (1898). Decerebrate rigidity, and reflex coordination of movements. The Journal of Physiology, 22(4), 319-332. https://doi.org/10.1113/jphysiol.1898.sp000697
  • Sherrington, C. S. (1900). The nerve-component of the muscle-spindle. The Journal of Physiology, 25(4), 329-351. https://doi.org/10.1113/jphysiol.1900.sp000792
  • Sherrington, C. S. (1906). The Integrative Action of the Nervous System. Yale University Press.
  • Sherrington, C. S. (1925). The Assaying of Brabantius and other Verse. Oxford University Press.
  • Sherrington, C. S. (1932). Inhibition as a coordinative factor. Nobel Lecture. https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/1932/sherrington/lecture/
  • Sherrington, C. S. (1940). Man on His Nature. Cambridge University Press.
  • Swazey, J. P. (1969). Reflexes and Motor Integration: Sherrington’s Concept of Integrative Action. Harvard University Press.
★

Rate This Content

5.0 / 5 • 1 vote